¡Inconsistentes!

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El presente artículo fue publicado en la web de GUATE ACTIVA.

Leo el viernes por la tarde la noticia de la niña secuestrada y asesinada, cuyo cuerpo fue encontrado en su propia escuela…la víctima número cinco mil y pico del año que ya está a meses de terminar, una persona que parece ser solamente un número más. Ese mismo día, horas más tarde, veo con indignación como detienen el tránsito en carretera a El Salvador debido a que, vaya usted a saber quién, viajaba con la compañía de una pequeña caravana de 42 carros de los cuales 30 eran patrullas de la Policía Nacional Civil. “¡Vaya cínicos!” es el pensamiento que atravesó mi mente en ese momento. Es obvio ya que los guatemaltecos no somos ajenos a estas situaciones. Pero lo que es peor, es que vivimos inmersos en ellas.

La incertidumbre actual que se vive en nuestro país es difícil y trágica para muchos. Asesinatos, robos, mutilaciones y secuestros son nuestro pan de cada día que poco a poco ha ido intoxicando al ingenuo y agobiando el espíritu de los optimistas. Día a día, la mayor parte de guatemaltecos se cuestionan si regresarán con vida a su hogar. A esto agreguémosle la indignación que produce el abuso de poder de los gobernantes, los reportes diarios de corrupción y los discursos falaces que nos escupen en la cara creyendo que nos pueden dar “atol con el dedo”.

Según recuerdo yo, la campaña electoral del partido oficial se basó en priorizar la política de mano dura y es lamentable que hasta los burócratas de la comunidad internacional, reconozcan el fracaso del gobierno de turno en la aplicación de la política mencionada. Es de aclarar que los mencionados, no son los primeros ni serán los últimos, en reconocer que el sector que más crece a diario en nuestro país es el de la criminalidad y la violencia. Un sector cuyo incentivo principal es la ineficiencia de la Policía Nacional Civil, la cual en un verdadero Estado de Derecho, tendría que ser el organismo más importante para asegurar que las violaciones a la propiedad, libertad y vida de otros, fuesen las menos posibles.

Novecientos noventa y cuatro días han pasado desde el inicio de este gobierno y la seguridad de nuestro país sigue en pañales. La seguridad que tiene que ser la función que el Estado debería de garantizar de la manera más eficiente posible. Porque, de qué sirve tener una nueva carretera si a la mitad de la ruta se te atraviesa un carro de antisociales y te secuestran, tampoco sirve tener escuelas públicas con profesores de calidad si van a violar o a matar a los niños estando dentro de ellas, es inservible tener salas de maternidad con tecnología de punta si no se va a garantizar a los padres que sus niños no serán robados; para las grandes empresas es un desincentivo la prevalencia de la inseguridad puesto que es lógica la incertidumbre que causa una posible extorción, un robo e incluso el gasto en seguridad privada. Los ejemplos podrían continuar pero al final, insisto en que la prioridad debe ser la seguridad si queremos alcanzar una sociedad civilizada y funcional.

El mismo viernes por la noche, sale en televisión declarando el presidente, con gesto de orgullo descarado, que a pesar de que los homicidios continúan, “estos han disminuido sustancialmente”. ¡Sí claro! Entonces ¿por qué será que algunos funcionarios viajan al interior del país con TREINTA patrullas de la PNC? Y no, los homicidios no han disminuido sustancialmente. Según datos de la empresa Central American Business Intelligence, la tasa de homicidios en 2012 y 2013 fue casi la misma, con 34.2 homicidios por cada 100 mil habitantes contra un 34.0 respectivamente. Un cambio de decimal no es una diferencia substancial.

La función esencial para la que se debe organizar el Estado es para garantizar la seguridad y la justicia. Nada más. Los fondos del erario público deberían destinarse en su mayoría a la mejora del sistema de seguridad y justicia. ¿Qué porcentaje? No lo sé. Lo que sí sé es que debería ser más de ese mísero 12.6 por ciento lo que se destine al organismo encargado de velar por el respeto de los derechos individuales y el orden público.

Al final lo que quiero enfatizar es que no hay en Guatemala una estructura gubernamental con prioridades, no es un problema único de este gobierno, viene de años atrás, en nuestro país y en el resto del continente. La prioridad debe ser la seguridad y la justicia, para lograr su eficaz implementación, no se debe ampliar el irreal presupuesto general de la nación, ni aumentar los impuestos, solamente deshacerse de todas aquellas funciones que no son prioritarias. Está muy claro, la inseguridad representa el impase más grande a la mejora del nivel de vida en nuestro país.

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