¿Tenemos derecho a sindicalizarnos?

sindicatos

El presente artículo fue publicado el 10 de febrero de 2015 en la WEB de Estudiantes por la Libertad.

Bajo la excusa de buscar la justicia social, evitar la explotación del capitalista salvaje sobre el obrero, aumentar los salarios de los bloques de trabajadores y otro resto de pretextos victimizadores, los sindicatos alrededor del mundo no dejan de incrementarse. Se escudan bajo la ley de libre asociación y con la misma justifican un supuesto derecho a sindicalizarse, que incluye, en letras pequeñas, un derecho a utilizar la violencia y la fuerza para conseguir sus fines. La premisa que ondea en la bandera de todo sindicato es aquella que establece que “el enemigo es la empresa en la que trabajas”. De esta forma, el sindicato justifica su existencia y se presenta como el benevolente y desinteresado salvador que protege del enemigo al trabajador.

El supuesto derecho a sindicalizarse, tal como lo conocemos hoy en día, no es nada más que una demanda ilegítima e inmoral, pues está intrínsecamente ligado con el uso de la fuerza. Sí, así es, aquellos que dicen ser el Robin Hood de la justicia social, son todo menos justos y, además, son violentos. La violencia que utilizan no es precisamente una en la que a fuerza de hierro y pólvora logren su cometido, sino una en la que usan mecanismos de presión para que se aprueben leyes que obliguen a aquellos que les dan empleo a cumplir con sus demandas. Los mecanismos de presión mencionados van desde bloqueos de carreteras y boicots a sesiones del parlamento hasta manifestaciones pacíficas en las que vapulean a individuos inocentes.

Por otro lado, la sindicalización es opuesta a la contractualidad. Mises decía, en el tratado La Acción Humana, que la civilización es el resultado de los logros de personas que cooperaron contractualmente. Entiéndase por contractualmente, el estado de cooperar de manera voluntaria bajo un contrato que los involucrados establecen cumplir para beneficio mutuo. Debemos tener claro que los individuos se relacionan por voluntad y que todo individuo es libre de realizar un contrato o no. Si a un trabajador no le parecen justas las condiciones bajo las que tendrá que laborar o el salario que obtendrá como remuneración por su productividad, él tiene la absoluta libertad de no realizar el convenio. Consecuentemente, la sindicalización representa una violación al derecho del empleador a darle un empleo a aquel con el que él desee realizar un contrato, pues se ve obligado a ceder ante las espurias demandas de los sindicalistas.

El reclamo principal de todo sindicato es el aumento del salario y recurren al Estado para que éste, utilizando la coerción, incremente los salarios por ley. Lo que no entienden o no quieren entender es que los salarios no suben por decreto sino por productividad. Los sindicatos quieren que se paguen mayores salarios por trabajos cada vez más reducidos y menos productivos. Lo paradójico es que los sindicalistas pretenden que se les dé empleo, pero hacen imposible la existencia de trabajos para proveerlos.

Lo único que los sindicatos logran, bajo este concepto de violencia, es la autodestrucción, ya que así como aumenta el salario por decreto, aumenta el desempleo. Cualquiera que utilice la lógica comprenderá que si para el empleador el trabajo de un individuo no vale el salario que le han obligado a pagarle, la acción que tomará será la de despedirlo. Los sindicatos, como los parásitos, atacan a su huésped hasta que le quitan la vida pero, a diferencia de un parásito normal, los sindicatos mueren con su víctima.

Por ello, en un Estado contractual, donde se respete el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad, el maridaje de los sindicatos con el Estado es nulo, pues todos los individuos reconocen que son ellos los responsables de su propia vida y, consecuentemente, de practicar la virtud de la productividad para hacer que su vida sea cada vez mejor y niegan la existencia de un supuesto derecho que les permita utilizar la fuerza colectiva como mecanismo de presión para que se ejecuten sus propuestas. Mismas que básicamente consisten en huir del libre mercado, prohibir el despido, incrementar los salarios, aumentar los impuestos a quienes producen, intensificar el gasto e inflar deuda pública. Una combinación de propuestas que son de gran eficiencia si lo que estamos buscando es lanzarnos a un abismo.

*La imagen fue tomada del diario Peninsular Digital con fines ilustrativos. Representa a un grupo de trabajadores sindicalizados utilizando la fuerza colectiva con el fin de hacer valer demandas ilegítimas.

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