Un asesino en tu “t-shirt”

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El presente artículo fue publicado en el matutino elPeriódico el 28 de marzo de 2015.

¡Qué orgulloso has de sentirte por portar a un asesino en tu t-shirt, a un logotipo de la maldad encarnada, cuya lista de seguidores solamente es superada por la de Jesucristo en América Latina!

Si te pregunto la verdadera historia detrás de tu héroe, me dirás que la desconoces o me relatarás el mito que te han repetido y que no te has atrevido a cuestionar.

La determinación del ídolo al que sigues es la de un salvaje misántropo. Él mismo escribió en su texto Mensaje a la Tricontinental que “el odio (…) impulsa más allá de las limitaciones naturales al ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar”.

Aquel al que tú llamas Che, pero que yo prefiero llamarle por su nombre, Ernesto, era igual de intolerante que Adolfo Hitler. Tal vez desconozcas que durante la consolidación de la Revolución cubana, los homosexuales, Testigos de Jehová, campesinos, indígenas y opositores de sus ideales marxistas fueron enviados a campos de concentración.

Sanguinario era Ernesto Guevara. Debes tener una mente perversa para considerar como prototipo de la paz a alguien que, en cartas a su esposa, escribió tener sed de sangre. ¿O es que acaso no sabes que Fidel Castro lo puso a cargo de la prisión de La Cabaña tras el triunfo de la Revolución y en tan solo un mes fusiló a más de 164 prisioneros? Cuenta Javier Arzuaga, un sacerdote teólogo de la liberación que daba consuelo a los convictos en dicha prisión, que a Ernesto le llamaban “el carnicero”, pues disfrutaba ver cómo disparaban contra los cráneos de los condenados.

¡Qué orgulloso has de sentirte por ser una de las ovejas que sigue a uno de los más grandes ejemplos de inclemencia, bestialidad e infamia! A uno de los muchos responsables de que Cuba sea una isla prisión propiedad de los hermanos Castro, donde miles de personas viven bajo un régimen de opresión, miedo, racionamiento y escasez.

¡Qué satisfacción has de sentir por llevar sobre tu torso una prenda con la fotografía de un ser vil que quería “crear dos, tres… muchos Vietnam” en América Latina! En el caso de Guatemala, lo intentó, llegó al país por estos meses en 1954 y se dedicó a incentivar el resentimiento dentro de las tropas del Ejército durante el gobierno de su camarada Jacobo Árbenz. Logró que algunas de ellas formaran parte de la Hermandad del Niño Jesús dentro del Ejército de Guatemala, una agrupación de insurrectos marxistas que pasaría a llamarse MR-13, guerrilla culpable de iniciar los 36 años de conflicto armado interno en nuestro país.

Si eso te hace sentir orgulloso, tú sigue adelante, travistiendo la hipocresía de veracidad y continúa considerando un paladín de justicia a alguien que confesó que realmente disfrutaba al matar.

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