¡Ya basta!

 
 

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Este sábado 2 de mayo se realizará la marcha mundial de la marihuana. Su objetivo central es promover la lucha por la legalización de tal narcótico y del resto de substancias arbitrariamente prohibidas por el gobierno de los Estados Unidos. Cuestión que se puso sobre la mesa al inicio de la administración de Pérez Molina, pero como es costumbre en Guatemala, pasó de moda a las pocas semanas y la situación siguió siendo exactamente la misma.

La guerra contra las drogas se sigue cobrando con exorbitantes cantidades de dólares y de vidas. Pero la culpa no es de la droga ni de los adictos a ella… Es de los adictos al paternalismo del Estado que claman por que viole la libertad del individuo y les imponga a todos un estilo de vida que, a su criterio, es el mejor.

 

Hágase la siguiente pregunta sencilla y directa, respondiéndose únicamente con un sí o no: ¿Es el Estado el dueño del cuerpo del individuo? La respuesta de un hombre racional sería negativa, pues reconoce que solamente el individuo puede tomar decisiones sobre su cuerpo.

Si su respuesta a la pregunta fue afirmativa, usted es parte de los adictos dependientes del Estado, y las soluciones que este ha dado a sus exigencias han llevado a la muerte a miles de personas. Pues si el intercambio voluntario de estas sustancias no fuera ilegal, no habría posibilidad alguna de que se desarrollaran enfrentamientos armados entre los comerciantes de estas y las fuerzas armadas del Estado o entre los mismos comerciantes. El producto se intercambiaría de la misma forma como se hace con el pan, y los comerciantes competirían como lo hacen los diferentes panaderos.

Citando a John Stuart Mill, “la humanidad gana más al dejar a los demás vivir como les parezca bien, que obligando a cada uno a vivir como le parezca bien al resto”. No es deber del Estado proteger al individuo de su propia estupidez. Si un individuo quiere comer en exceso, beber vino desmedidamente, autoflagelarse e inhalar cocaína, tiene el absoluto derecho de hacerlo, ya que es parte de su condición como individuo libre, siempre y cuando no dañe a un tercero en el acto.

El último recurso al que recurren los adictos al Estado para defender la prohibición, es el factor de la mal llamada “salud pública”. Afirman deliberadamente que, si se legaliza la droga, el consumo aumentará y consecuentemente se incrementará la cantidad de enfermos que necesiten ser tratados por el sistema público. La respuesta es simple, el fruto del trabajo ajeno no debe utilizarse para atender a quienes por voluntad adquirieron un vicio.

La celebración de esta marcha nos recuerda que debemos luchar la batalla de las ideas en defensa de la libertad individual, contra los adictos más peligrosos que existen. ¡Ya basta con la perversa adicción al paternalismo estatal!

 

 

La imagen es parte de la campaña de Estudiantes por la Libertad “End The Drug War”. En este enlace podrás encontrar más información, artículos e imágenes sobre ella.

 

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