no LES toca

Vasos con roedores, civiles con bandas presidenciales, bisturís, oportunidades, empleos, auto comparaciones con Gandhi… Aquellos que aspiran a ocupar el trono de la pseudorepública de Guatemala no pasan de repetir frases sensibleras; simple palabrerío que estimula las emociones con el objetivo de inducir al ciudadano a que vote por el partido.

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Tan solo faltan cuatro meses para las elecciones y ningún candidato ha presentado su plan de gobierno. Lo anterior se debe a que, como sucede cada cuatro años, la herramienta más útil y predilecta del político vuelve a ser la demagogia. Uno de los tantos males intrínsecos de la democracia que seduce a la masa a votar por el candidato del mejor discursito.

 Los demagogos que desean llegar a ocupar la presidencia tienen un común denominador: la megalomanía. Son una clase característica de sujetos que, como los describe Emilio Temprano, “apenas pronuncian sus primeras palabras, ya se saben sus intenciones: el mandato, la dominación, a veces el lucimiento; pero, fundamentalmente, la permanencia en el torbellino del éxito”. Pretenden ser enviados del más allá, salvadores de un abstracto al que llaman “pueblo”, buscan adquirir todo tipo de prebendas y nutren su ego con la adulación por parte de personas que en su mayoría no son ignorantes sino oportunistas.

La democracia, por ser el gobierno del hombre sobre el hombre, es el medio idóneo para la fructificación de demagogos. Dictadores en potencia que manipulan la elocuencia a la perfección y enardecen a sus interesados tontos útiles, con el fin de que se impongan por encima de quienes se oponen a ellos. Asimismo, agrega Temprano que poseen “una florida oratoria de naderías cotidianas” que con su verba cálida y atractiva, las hacen parecer actitudes románticas y nobles. Su estrategia propagandística se reduce a la exageración y repetición de frases carentes de razonamiento y tan descaradamente espurias que llegan al punto de afirmar que a su candidato le toca.

A lo anterior, agreguémosle, como guinda que corona el pastel, el impresionante manejo de los medios de comunicación que los demagogos poseen. Por un lado, algunos adquieren consorcios con capital de dudosa procedencia y realizan divulgación propagandística a través de ellos de cuanta forma se les ocurre. Por el otro, hay quienes hacen uso de medios serviles que están a la orden del billete y proceden a publicar campos pagados con los que buscan desinformar a aquellos que lo ven, leen o escuchan.

Como ciudadanos responsables, capaces e incorruptibles, debemos transmitir un mensaje fuerte y claro: no LES toca. A nadie le toca. No le toca a ningún demagogo embustero. No le toca al de la frase más pegajosa o al del mejor discursito. No le toca, ni le va a tocar a nadie que pretenda seguir perpetrando este sistema de reyes y no de leyes.

 

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