“Criminales inocentes”

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“¿Cuáles son los pueblos más felices, más morales y más apacibles? Son aquellos en que menos interviene la ley en la actividad privada, donde menos se hace sentir el gobierno”.

Frèdèric Bastiat

 Toda ley auténtica debe basarse en los derechos individuales a la vida, libertad y propiedad; derechos “negativos” que sancionan la libertad de acción de un hombre en el contexto social; y principios que legitiman el derecho de todo individuo a vivir libre de la iniciación de la fuerza física en su contra.

Bajo esta concepción de la ley, el crimen existe solamente donde hay actor y víctima. Si un actor no ha iniciado la fuerza contra la vida o propiedad de otro, no hay fundamento para considerar lo que ha hecho como una violación de la ley.

En ese caso, un “crimen sin víctimas” es una contradicción de términos. Cuando las personas actúan haciéndose daño a sí mismas, sin duda es una inmoralidad, mas no una ilegalidad. Para vivir y prosperar, el individuo necesita la libertad para tomar decisiones y aceptar las consecuencias de ellas. Muchos individuos rara vez se encuentran en posición de saber mejor que el actor si una acción sería beneficiosa o no en el contexto completo de su vida, pues el actor es, después de todo, el que único que tendrá que vivir con las consecuencias de sus acciones. Desde la drogadicción y alcoholismo hasta la prostitución son ejemplos del día a día, de las actividades que se sancionan sin que existan terceros afectados.

Habrá quienes aleguen que las acciones dentro de los derechos de uno mismo tienen efectos sociales. Vivimos en una sociedad compleja basada en la división del trabajo y la cooperación voluntaria, por lo que prácticamente todo lo que hacemos implica a otros de una manera u otra. Siempre y cuando se respeten los derechos, cada persona está conectada en una cadena que reconoce que otros poseen un derecho moral a existir por su propio bien y que son seres humanos independientes al igual que uno mismo.

Los gobiernos paternalistas violan los derechos de las personas al institucionalizar la prohibición de actos sin víctimas. De esta forma, obstaculizan el proceso del pensamiento humano y la elección que permite a los individuos y las civilizaciones prosperar. En otras palabras, colocar la coerción entre la mente de una persona y sus acciones es prohibir el pensamiento racional, lo que a largo plazo representa socavar y destruir la vida humana en sí misma.

La base moral de un sistema político justo son los derechos individuales. Esto significa que uno tiene el legítimo derecho a obrar mal e inmoralmente dentro de la esfera individual. Pero, más importante aun, que uno tiene el derecho de hacer lo que es correcto, en la medida de la propia capacidad, según el juicio de uno mismo, para beneficio propio y para el bien de las personas y todo aquello que uno ama.

 

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