(De)formando mentes

El presente artículo fue publicado el 25 de julio de 2015 en el diario elPeriódico.

 

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Es un hecho, sean públicas o privadas, las escuelas de nivel primario y secundario en Guatemala están sometidas –ilegítimamente– al férreo control estatal. El sistema que ha sido impuesto sobre todos los estudiantes, suprime la creatividad individual, colectiviza las aptitudes y es de carácter puramente primitivo.

 

Fue en el siglo XIX cuando por primera vez se implementaron sistemas educativos en respuesta a las necesidades de la industrialización. En Estados Unidos, el político Horace Mann impulsó una reforma que oficializó la aplicación del método prusiano. Consistía en dividir a los alumnos según la edad y seleccionar un determinado pénsum que cubriese lo básico para que el individuo pudiera adaptarse al ritmo del acelerado desarrollo, en detrimento de las habilidades de cada uno pues debían limitarse a las de un marco mecanizado.

Más de doscientos años han pasado y ese obsoleto sistema se sigue aplicando. El aparato educativo imita el proceso de una maquila en el que la prenda que se está fabricando pasa de estación en estación hasta estar terminada. Así, la creatividad, las destrezas, talentos e intereses del estudiante quedan anulados y se le estandariza al nivel de una masa que obtendrá un grado académico por haber aprendido metódicamente y muchas veces sin criterio, los mismos procedimientos y datos que el resto del grupo de su misma edad.

El objetivo de la educación, es enseñarle a los individuos los métodos correctos para adquirir conocimiento y entender la realidad. Aristóteles escribió que “todos los hombres por naturaleza desean saber” y un buen sistema educativo–voluntariamente escogido por los padres– buscaría desarrollar en los estudiantes facultades cognitivas de observación, razonamiento y pensamiento creativo que les permitirían aprender.

Con tales habilidades, al ser expuestos a problemas relacionados a las distintas materias de estudio, podrían sacar sus propias conclusiones a partir de inferencias, inducciones, deducciones, entre otras. Incentivando así la curiosidad y el deseo de aprender, permitiéndole a cada quién llegar tan lejos como su capacidad se lo permita.

La solución no está en que el Estado cambie de sistema sino en que deje de intervenir en la educación. Los colegios privados tienen el legítimo derecho de manejar el pénsum y el estilo con el que deseen implementar para instruir a sus alumnos.

Entonces reflexionemos, ¿cuál es el medio correcto para educar a los niños y jóvenes? ¿será uno tipo fábrica en el que el aprendizaje es mecanizado y se estandariza la mente individual bajo un clima de control y orden estricto? ¿O un sistema de educación libre, basado en la naturaleza del hombre, que le permite a cada quien avanzar según su curiosidad y su habilidad, dejando que el alumno aprenda a usar su mente, entendiendo que tiene la capacidad de pensar?

 

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