Votemos por la república

El presente artículo fue publicado el 13 de agosto de 2015 en elPeriódico de Guatemala.

r1ms53Veintitrés días faltan para que los guatemaltecos acudan a las urnas a votar por aquellos que ocuparán los cargos de poder del actual sistema democrático. Un sistema que ha llevado a todos los países que lo han implementado en una línea directa al fracaso.

Es un error suponer que la democracia es solo un sistema para la elección de funcionarios públicos. La democracia es una forma de gobierno despótico cuyo principio rector se basa en los deseos de la mayoría como único estándar para la toma de decisiones. “La democracia es una manifestación totalitaria; no es una forma de libertad” afirma el filósofo Leonard Peikoff.

La democracia promueve la tiranía de la mayoría, la dictadura legitimada en el voto popular. Tal fue la conclusión de pensadores como Aristóteles, Cicerón, Tocqueville y los padres fundadores de los Estados Unidos pues es un sistema en el que el trabajo, la propiedad, la mente, la libertad y la vida del individuo están a merced de cualquier grupo que alcance una mayoría de votos. La democracia pues, es el dominio del hombre sobre el hombre.

Por el contrario, la república es el imperio de la ley y no del hombre, y en ello radica la justificación moral de este sistema político. En una república, el propósito de la ley es proteger los derechos individuales de los ciudadanos y el límite de la ley son los mismos derechos. El fin de la república es el bienestar general de sus ciudadanos y este se logra a través de la aplicación de leyes universales que permiten a cada individuo lograr sus asuntos privados sin ser molestados. Es por ello que se debe al “interés público” (res publica) que este orden se rija por la ley y no por los hombres.

No debemos confundir la democracia con el sufragio universal. Tanto en una democracia como en una república existen procesos de elección. Sin embargo, en una democracia el voto popular justifica la aplicación de cualquier deseo o capricho de la mayoría mientras que en una república se reconoce el principio aristotélico que establece que la mayoría de votos no es la validación epistemológica de una idea. Es decir, en una república la vida, la propiedad y libertad, se encuentran fuera del alcance interventor del Estado y el voto es simplemente un mecanismo para elegir a quienes velarán por el respeto de tales derechos.

Es momento de  tener el valor y la voluntad para cambiar la situación actual. Debemos promover un cambio de sistema en pro de uno en el que las funciones de los ciudadanos en el poder tengan límites claros, establecidos en un marco legal objetivo. Hay solamente una alternativa para terminar con la tradición de ser gobernados por agrupaciones de ladrones y demagogos que viven de la rapiña. Atrevámonos a acabar con la democracia y establezcamos un sistema republicano en el que la prosperidad florecerá.

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