¿Y después qué?

Screen Shot 2015-08-29 at 13.10.36

Nos encontramos en uno de los momentos más turbulentos en la historia reciente de Guatemala. Un General corrupto, con un proceso de antejuicio en su contra, que no acepta su despido; una ex-vicemandataria en prisión y ligada a proceso penal por dirigir, junto al General, una banda criminal; una lista enorme de diputados tránsfugas, corruptos e inescrupulosos que lucran de transar favores dentro del parlamento; unas elecciones que se aproximan con candidatos demagogos y populistas; organismos gubernamentales plagados por funcionarios y sindicatos que viven del “Estado botín”…

A causa de todo lo anterior, los guatemaltecos llegamos al punto del hartazgo y nos hemos manifestado desde hace más de 120 días en contra de la injusticia, la corrupción y el latrocinio.

El anhelo generalizado del momento es que los diputados retiren la inmunidad al General, que este renuncie y luego sea juzgado junto a la ex-vicepresidente y los condenen a prisión. Pero hay una pregunta que muchos no se han realizado o han preferido no hacer debido a la incertidumbre que suele generar el no tener una respuesta concreta: ¿Y DESPUÉS QUÉ?

Uno de los primeros pasos que tenemos que dar es el de pasar de tener un estado de legalidad a un Estado de Derecho. La situación actual habla por si sola, tener 70 mil leyes no ha evitado ni la corrupción, ni la inseguridad. Es muy distinto tener una lista de normas que justifican cualquier actuar por parte del gobierno, a un sistema de reglas claras, objetivas y justas que limitan el poder de los gobernantes y garantizan la igualdad ante la ley.

Así, se reduciría sustancialmente la corrupción pues se elimina la discrecionalidad de poder que disfrutan los burócratas y que les permite utilizar individuos y fondos públicos a su merced. En la misma línea, se fortalecería la justicia ya que el mencionado sistema de reglas consolida la institucionalidad y consecuentemente asegura la certeza de castigo para quien violente una de ellas.

Al mismo tiempo, se debe reducir y priorizar el gasto público. El objetivo es doble. Por un lado, se minimiza la expoliación ilegítima del fruto del trabajo de individuos productivos, respetando su derecho individual a la propiedad privada. Por otro, se controla el tamaño del Estado limitándolo a encargarse de sus funciones esenciales de seguridad y justicia.

Por último, pero no menos importante, el gobierno debe garantizar la prevalencia de la libertad de cada individuo para que pueda vivir en paz, cooperar voluntariamente y generar riqueza.

De la respuesta que demos a la pregunta dependerá la ruta de nuestro destino. Cada quién es libre de responderla conforme a sus propios juicios de valor. Sin embargo, todos debemos tener claro que no podemos clamar contra la corrupción mientras le pedimos al gobierno que siga creciendo y absorbiendo más funciones y recursos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s