La prioridad NO es la SAT

El presente artículo fue publicado el sábado 7 de noviembre de 2015 en el diario elPeriódico.

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Cuando algunos “expertos” fueron consultados acerca de la prioridad de Jimmy Morales como mandatario electo para el período 2016-2020, indicaron que era reformar la SAT para incrementar la recaudación, es decir, otorgarle más poder a la principal entidad estatal encargada de violentar el derecho a la propiedad privada y perpetuar la pobreza en nuestro país.

Lo he expresado con anterioridad, la verdadera prioridad de todo gobierno (y la única razón que justifica su existencia) es la seguridad y justicia. Me refiero a garantizarle a cada individuo que sus derechos a la propiedad, libertad y vida no serán violados y que en caso lo sean, quien lo haga será sancionado por su actuar y compensará el agravio.

Para cumplir con las funciones en mención, se necesita de la Policía Nacional Civil, el Ministerio Público, el INACIF, el sistema judicial y el penitenciario. Pero, ¿cómo va a ser posible para el gobierno ejecutar eficientemente ambas funciones si todos los organismos mencionados se encuentran, aunque en diferentes niveles, sumidos en el circulo vicioso de la corrupción?

La corrupción en este sistema se origina por dos razones. La primera tiene sus raíces en la legislación que convierte una acción que no afecta a terceros en malum prohibitum (mala por prohibición).

Al criminalizar acciones cuyas consecuencias no trascienden la esfera individual, se pone en manos del funcionario público un poder discrecional con el que podrá poner un precio al derecho del individuo a cometer su crimen sin victima, como por ejemplo, consumir o comercializar drogas.

El segundo afluente de la corrupción no se desvía de esta línea y no es nada más que el costo de oportunidad que representa para un policía, un fiscal, un investigador, entre otros, un mayor beneficio que cumplir con su deber a cabalidad. De forma más simple, bajo el sistema actual, para un agente de la PNC es más beneficioso ceder ante la “mordida” de un verdadero criminal (un agresor de la vida, propiedad o libertad), que capturarlo y entregarlo a las instancias correspondientes pues su trabajo no será debidamente remunerado.

¿Cómo eliminamos el “factor corrupción” de la ecuación?

Murray Rothbard lo describe de forma muy concisa en su libro Hacia una nueva libertad, “la manera de eliminar la corrupción policial es derogar las leyes que impiden el desempeño de las actividades voluntarias y penalizan los crímenes sin víctimas”. Así mismo, se debe dignificar con un buen salario el trabajo de los agentes de seguridad y justicia de forma que no cedan ante sobornos y así crear un círculo virtuoso en el que exista certeza de castigo -seguridad de que quién delinca pagará por su acción- pues se eliminan los incentivos perversos que corrompen a los funcionarios del sistema.

Entonces Jimmy: la seguridad y la justicia SÍ son la prioridad.

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