De sanguijuelas y otros entes

El presente artículo fue publicado el 21 de noviembre de 2015 en elPeriódico de Guatemala.

giphyY entonces, el político con ínfulas de omnipotencia, cuya eterna administración se ha basado en el maquillaje y la jardinería, terminó su discurso diciendo:

“Quieren un país de primera, pagando impuestos de uno de tercera”.

Lo que vino después, fue un estruendo de aplausos emitidos por sujetos que pertenecían a su misma categoría, una clase de entes que únicamente se diferencian de las sanguijuelas por su aspecto físico y porque estos pequeños animalitos sí pueden llegar a tener una utilidad en la vida del hombre.

Según el diccionario monográfico del reino animal, las sanguijuelas son parásitos que “con sus mandíbulas, cortan la piel del huésped y extraen la sangre con una gran ventosa bucal. Cada vez que se alimentan aumentan de peso hasta diez veces”.

Metafóricamente, esta definición la comparten sindicalistas, burócratas, el 99.99% de individuos que ocupan cargos de poder público y otros grupos de interés, pues todos han acumulado fortunas no por su esfuerzo sino por favores, privilegios y el saqueo que ha sido legitimado en la pervertida ley.

Detrás de la actual crisis de salud, el común denominador es la clase sanguijuela en complicidad con todos aquellos ciudadanos que o no han tomado responsabilidad de su papel de mandantes o han respaldado el actual sistema benefactor-mercantilista, la incubadora de los parásitos.

La causa principal de la crisis es la esencia del Estado benefactor-mercantilista: el servilismo involuntario en el que unos trabajan para subvencionar las necesidades y caprichos de otros bajo la amenaza de cárcel si se oponen a ello.

Un sistema que desde que su popularidad se incrementó en Guatemala en 1944, estaba condenado al fracaso pues desde el momento en el que el gobierno puede disponer de la propiedad de los ciudadanos a su voluntad, la discrecionalidad de poder abunda y es allí donde nace la corrupción.

Al tener miles de millones de Quetzales a discreción, muchos funcionarios han realizado compras y contrataciones no a aquellos que se las ofrecen a un mejor precio, sino a los saqueadores que a cambio de firmar un contrato por un producto de muy mala calidad a un precio que raya en lo absurdo, les darán una jugosa comisión “de vuelta” por hacerlo.

Asimismo, otra de las causas de la crisis es la legislación que permite la existencia de sindicatos y pactos colectivos en el sector público. Margaret Thatcher les llamaba “el enemigo interior” pues únicamente son mafias que se encasquetan en sus puestos de trabajo, crean plazas fantasma y devengan un salario perpetuamente no por su productividad sino por la fuerza que ejercen para permanecer allí.

Es momento de que reconozcamos que un “un país de primera” no se logra cobrando más impuestos sino terminando con el malgasto, el despilfarro, el paternalismo y específicamente con la clase sanguijuela.

 

 

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