¡Ni mínimo ni diferenciado!

El presente artículo fue publicado el 8 de enero de 2016 en República.GT.

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Una de las políticas públicas más populares pero menos entendidas entre la población en general es la del salario mínimo. Como ha sucedido año tras año, el Presidente del Organismo Ejecutivo aprobó un incremento al salario mínimo y unos días después decretó los salarios mínimos diferenciados para cuatro municipios.

Lo he dicho, lo digo y lo seguiré diciendo: los salarios mínimos promueven la pobreza por decreto y lo mismo ocurre con los salarios diferenciados.

Los salarios crecen por productividad. Independientemente de lo que los burócratas quieren que creamos, nuestros salarios incrementan por nuestra propia capacidad y esfuerzo, por nuestra competencia en el mercado de trabajo.

A precios más altos, menos se compra. Esa es una ley de economía más poderosa que cualquier edicto del gobierno. Si el Gobierno exige a los empleadores pagar salarios más altos, es una consecuencia lógica que ellos harán ajustes para pagar por los costos adicionales, entre esos se encuentra la reducción de la contratación, lo que se traduce en el desempleo de muchísimas personas.

Establecer un salario por ley, es una muestra de arrogancia por parte de los funcionarios públicos y una violación monstruosa a la libertad individual. Es el individuo a ser empleado quien debe negociar la cantidad mínima por la que trabajará y el empleador la máxima que pagará.

Legislar un mínimo salarial convierte en criminales a todos aquellos que están dispuestos a realizar un contrato voluntario por menos de lo establecido por el Estado y eso no es nada más que un abuso.

Otro argumento que esgrimen quienes promueven la política de intervención del gobierno en los contratos voluntarios realizados entre empleador y empleado, es el de que debe existir un mínimo salarial pues debido a la escasez de oferta laboral habrá quienes acepten un trabajo con una muy baja remuneración porque de otra forma morirían de hambre. Si su preocupación es la escasez de oferta laboral, lo que se debe hacer es atraer capital de inversión para generar más empleos y en consecuencia, más competencia y mayor generación de riqueza.

Establecer un salario por decreto es contraproducente para el incremento de la oferta laboral. El capital de inversión se incrementará únicamente en la medida de la libertad. La única forma de hacerlo es retirando los tentáculos interventores del gobierno de la economía. Es por ello que se deben eliminar la barreras arancelarias y el impuesto sobre la renta, terminar con la contratación de deuda, garantizar la certeza jurídica, reducir el gasto público y eliminar los salarios mínimos. De esta forma, se incentiva la inversión de capital, se incrementa el poder adquisitivo y se produce un crecimiento económico más rápido en beneficio de todos.

Por último, es importante resaltar un efecto perverso más de la política de salarios mínimos y qué mejor que hacerlo con las palabras de Manuel Ayau: “Mientras más gente ande por las calles en busca de empleo, más bajos serán los salarios de todos, incluyendo el de los que hoy perciben sueldos altos, ya que cuando un trabajador pida aumento, el patrono le indicará que hay cola de gente queriendo hacer ese trabajo por menos. Es así como los salarios mínimos deprimen los salarios en toda la nación.”

De buenas intenciones está empedrado el camino a la pobreza.

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