El monumento a la especie de rebelión constante

E14508461_10154163882578773_1460071635_nl jueves pasado fue un día especial, un veintinueve de septiembre como ningún otro en el que tuve el gusto de presenciar la develación de la más reciente obra escultórica de Walter Peter, un artista y maestro, a quien admiro y tengo el gusto de llamar mi amigo.

Faltaban veinte minutos para las seis de la tarde y los dorados rayos del crepúsculo bañaban las alas brillantes y descubiertas de “La Musa de la Innovación” a la que todos los presentes ansiábamos poder apreciar.

giphyFinalmente la manta cayó al suelo y no pude más que pensar que La Musa de la Innovación es una exaltación de esa especie única entre los seres vivos que se encuentra en constante rebelión frente a las fuerzas de la naturaleza: el hombre con propósito. Entiéndase esa rebelión no como un capricho del hombre o como una negativa de este a aceptar las leyes de la naturaleza, sino por el contrario, como una acción triunfal del hombre, una que consiste en entender esas leyes utilizando su mente y de aprovechar ese conocimiento obtenido para moldear el mundo a su medida, a su imagen y semejanza, transformando, innovando y creando.

Walter, citando a Nikola Tesla,  mencionó que la musa es una alegoría al hecho que el “desarrollo del hombre depende fundamentalmente de la invención, es el producto más importante de su cerebro creativo; su objetivo final es el dominio completo de la mente sobre el mundo material y el aprovechamiento de las fuerzas de la naturaleza a favor de las necesidades humanas”. El fuerte viento que soplaba en dirección contraria al horizonte en el que la musa tenía puesta su mirada y hacia el que “volaba”, acentuó aún más esa metáfora genialmente lograda en la escultura, a tal punto que se “enchinaba” la piel.

No hacen falta explicaciones para entender lo que la obra busca transmitir pero aparte de lo que con anterioridad mencioné, Walter expresó en su discurso que la musa simboliza el poder creativo, un poder que ejerce una mente libre para definir sus metas, así como la grandeza, la aspiración y la altivez. Una de sus alas simboliza la libertad y la felicidad logradas por la innovación tecnológica derivada del uso de los procesos mecánicos, la otra ala representa la innovación constante.

Pero la musa no es solo eso, su estructura sólida y firme, sus rasgos severos, su mirada soberbia, y la transición que se puede apreciar en sus alas de engranajes y cadenas a procesadores y partes de computadoras, me hacen reflexionar también sobre como es que la historia del hombre civilizado es la historia no solo de la rebelión (como ya expresé), sino de la revolución. La primera gran revolución de la especie humana fue la Revolución Neolítica, esa en la que por primera vez en la historia el hombre descubrió las leyes de la naturaleza que le permitieron someterla, domesticando animales, cultivando la tierra y, en consecuencia, sedentarizándose.

Pasaron miles de años para que se diera la siguiente gran revolución, las causas de ese estancamiento fueron múltiples, entre las que se encuentran largos períodos en los que los hombres de mente fueron perseguidos sistemáticamente y quemados en la hoguera por individuos que pregonaban una filosofía mística, irracional y colectivista. Con el paso del tiempo el clima de ideas fue cambiando y fue el período de la Ilustración escocesa y el predominio de las ideas humanistas de la libertad y la razón, el que permitió que se desencadenara la revolución más grade de la historia de la humanidad, la Revolución Industrial. Fue a partir de esta gran revolución que la calidad de vida de la especie humana empezó a mejorar exponencialmente, a tal punto que el proceso de revolución no se ha detenido desde su inicio a mediados del siglo XVIII y nos hemos habituado a que ese proceso sea constante, no hace falta otra revolución, vivimos en ella.

Esa revolución constante desde los engranajes de la máquina de vapor hasta los procesadores electrónicos y todo lo que está por venir, es la que le permite a la musa volar y levantarse enérgicamente desde el suelo, dejando claro de manera rotunda que si el hombre es dejado en libertad para utilizar su mente y aprovechar el producto de su esfuerzo, la vida en la Tierra cada vez será mejor.

Ludwig von Mises, un campeón en la defensa de la libertad que hubiera cumplido 135 años el día en que se develó la musa, describía así uno de los axiomas que explican la acción humana: “El incentivo que empuja a un hombre a actuar, es un cierto malestar por algo”. Es ese estado de insatisfacción el que motiva al hombre a alcanzar sus valores para ser feliz y la posibilidad de hacerlo se pone de manifiesto en La Musa de la Innovación. Ha sido el constante actuar del homo economicus el que ha permitido, parafraseando a Mises, que el lujo de hoy sea la necesidad del mañana, la innovación constante y el progreso en los estándares de vida se ha dado porque el lujo estimula el consumo y a la industria a inventar e introducir nuevos productos.

Termino esta nota con una reflexión sobre el arte y el artista.

Fue hace treinta milenios aproximadamente cuando miembros de la especie de rebelión constante realizaron sus primeros gravados de mamuts en las paredes de las cuevas. El jueves, miles de años después, presencié la develación de La Musa de la Innovación. Ambas, el mamut de la cueva y la musa, son recreaciones selectivas de la realidad, que a pesar de estar a “kilómetros” en su nivel de perfección, complejidad y belleza, son una expresión de la necesidad del hombre de hacer o apreciar el arte. El arte que es una manifestación de la etapa más avanzada de la evolución de la mente del hombre, una que demuestra el enorme poder cognitivo del pensamiento conceptual en la capacidad de encarnar nuestras abstracciones.

14520471_10208959327115036_4083921670646459040_n-1Por otro lado, Walter como individuo y como artista, es una demostración más de la rebeldía constante presente en el carácter del hombre con propósito. Es un rebelde en el mundo del “arte moderno” en el que lo que muchos consideran arte no solo carece de calidad estética sino también de sentido, en el que los temas populares ya no son trascendentes sino mera porquería apreciada por quienes poseen un sentido de vida vacío, por quienes practican una filosofía nihilista o por quienes en su deseo de sentirse intelectuales prostituyen el concepto de arte y frecuentan galerías en las que lienzos llenos de manchas que en nada se distinguen del suelo de un taller mecánico percudido por el aceite, son expuestos y valorados en millones de dólares.

En fin, Walter y su arte heróico me recuerdan la escena final de la novela Himno de Ayn Rand cuando escribe:

         A través de las tinieblas, a través de toda la vergüenza de los hombres, el espíritu del hombre permanecerá vivo sobre la tierra. Puede dormir, pero despertará. Puede tener cadenas, pero las romperá.

Y el hombre avanzará.

El Hombre, no los hombres.

 

 

*Las fotografías son de autoría de Juan Carlos Menéndez.
**El presente artículo se publicó originalmente en Lucidez Heterogénea el 1 de octubre de 2016.

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Walter Peter: Un Gigante del Arte Guatemalteco

El presente artículo fue publicado el 13 de enero de 2015 en el sitio WEB de Estudiantes por la Libertad.

“Howard Roark levantó un templo para el espíritu humano. Vio al hombre como un ser orgulloso, fuerte, limpio, inteligente y valeroso. Vio al hombre como un ser heroico, y construyó un templo de acuerdo a este ideal. Un templo es un lugar donde el hombre debe experimentar exaltación. Pensó que la exaltación procede de la conciencia de no tener culpa, de procurar la verdad y conseguirla, de vivir según las mayores posibilidades del individuo, de no conocer ninguna vergüenza, de no tener motivo para avergonzarse, de ser capaz de mostrarse desnudo a plena luz del sol. Pensó que la exaltación significa felicidad y que la felicidad es un derecho natural del ser humano. Pensó que un lugar construido como un escenario del hombre, es un lugar sagrado.”

-Ayn Rand-

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Si el personaje de la novela El Manantial de Ayn Rand, Howard Roark, existiera y si fuera un escultor nacido en Guatemala, seguramente su nombre sería Walter Peter Brenner (izquierda).

Nació en Guatemala en 1965. Inspirado por su padre, Walter Peter Koller, comenzó pintando obras de arte naturalista a los diez años. Siete años más tarde vendió su primer pintura. Inició su formación profesional estudiando arquitectura en la Universidad Francisco Marroquín y en el tercer año de estudios viajó a Suiza, donde por los días trabajaba como piloto aviador y por las noches tomaba cursos de escultura en la Escuela de Bellas Artes de Zürich. En 1993 decidió volver a Guatemala y fundó su academia Ars Artis, la cual dirige junto a su esposa, otra maravillosa artista, María Fernanda de Peter. Actualmente Walter dedica la mitad de su tiempo a impartir clases en su academia y la otra parte la dedica a la escultura y pintura profesional, “aunque la escultura es mi debilidad” como él mismo dice.

Walter define el arte utilizando la definición primeramente planteada por Aristóteles y reformulada por Ayn Rand y dice que “el arte es la recreación selectiva de la realidad según los juicios de valor metafísicos del artista”. Puesto de manera más simple, es la recreación de la realidad según la filosofía de quien escribe, pinta o esculpe. El artista recrea algo que conoce. ¿Cómo es esa recreación? Precisamente uno selecciona un aspecto de la realidad y lo representa, lo repite de manera simbólica. Dice Walter que al hacer eso “se representa una manera de ver las cosas, un ideal, pero no un ideal platónico, es un ideal de cómo crees tú que deberían de ser las cosas, como debería de ser la vida, como debería de ser el hombre, cuál es tu sentido de vida. Lo que el artista está representando, es una visión de cómo deberían ser las cosas de manera perfecta. Aristóteles le llamaba una imitación de la realidad pero no copiada sino recreada”. En este sentido, el arte le permite al individuo plasmar ideas y conceptos de forma concreta.

Decía Rand que “existen dos aspectos de la existencia del hombre los cuales son un territorio especial y expresión de su sentido de la vida: el amor y el arte”. Derivado de lo anterior, se puede decir que la función del arte público (aquel que está en museos, galerías, plazas, etc.) es que aquel que contemple la obra pueda disfrutar de ver un ideal que comparte o de su sentido de vida, representado de una manera física figurativa.

A lo anterior agrega Walter que “el estándar, el límite, de lo que es y no es arte es el entendimiento. En el momento en que una obra deja de entenderse deja de ser arte. Esto debido a que la definición objetiva es que arte es la recreación de una visión, de una filosofía. Si tu lo que recreas es nada entonces no es nada. Pueden haber grados de abstracción, mientras tu estés entendiendo la figura.” Por ejemplo, una obra compuesta solamente por líneas pero sin una forma precisa puede que represente algo para quien la hizo pero será incomprensible para todo aquel que la vea, consecuentemente no es arte sino un simple ornamento.

Walter Peter, como paladín de la defensa de los principios racionales y la objetividad de los valores, afirma que la belleza debe estar presente en una obra de arte para ser considerad arte o buen arte. La belleza se entiende como la integración armónica de las partes con el todo, a lo que Walter agrega que “toda la vida el concepto ha estado basado en el principio de armonía. Belleza es opuesto a caos. A mayor armonía mayor belleza. A menor orden menor belleza. La belleza es totalmente objetiva, la belleza es o no es; cuando hay caos no hay belleza y cuando hay orden hay belleza”.

Habiendo establecido la teoría del arte que defiende Walter Peter, podemos hablar de la visión filosófica que su obra recrea, ese Romanticismo Heroico como él mismo lo define. Todas y cada una de las esculturas del artista comunican que el hombre, cada hombre, debe ser un fin en sí mismo. Para lograrlo, el hombre debe practicar virtudes que le ayuden a alcanzar su valor más alto, su vida y consecuentemente alcanzar la felicidad, ese “estado de alegría no contradictoria por haber alcanzado los propios valores”, como lo definía Rand, logrado por el poder que tenemos de usar el máximo poder de nuestra mente. Sus magnánimas esculturas afirman sin vergüenza que el logro productivo del individuo es su actividad más noble y que solamente utilizando la razón podemos enfrentar la realidad. Sus esculturas gritan a los cuatro vientos que el individuo es el único con el poder de controlar su destino y niegan la existencia de fuerzas que lo opriman hacia finales inciertos. Su obra es una celebración orgullosa al espíritu humano.

Para poder escribir sobre cada obra de Walter tendríamos que escribir un libro por lo que describiré brevemente tres de ellas:

Amanecer: El Gigante de Cayalá

La obra escultórica más grande del artista hasta el momento. Tallado en mármol, un gigante emergiendo de la tierra con gesto de satisfacción y con una llave en su mano derecha representando la racionalidad como virtud necesaria para alcanzar nuestros propósitos. El artista escribió una leyenda sobre el origen del Gigante vinculada con otra escultura que se encuentra a unos metros, cuyo nombre es Curiosidad. La obra se encuentra en el centro comercial Paseo Cayalá en Guatemala.

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Dueño de tu propio destino

La escultura y su nombre hablan por sí solos. Fundida en bronce a la cera perdida. Un individuo con gesto estoico, tallándose a sí mismo con firmeza, forjando su destino en libertad, escogiendo la forma en que se talla, sin pedirle ayuda a nadie y alcanzando la meta que alguna vez se trazó.Es parte de la colección privada de Walter Peter.

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Prometeo liberado

La obra favorita de Walter y su primera obra escultórica de gran tamaño. En la tragedia de Esquilo, Prometeo fue quien robó el fuego del Olimpo y lo entregó a los humanos. De la misma forma el artista representó el fuego en las barbas y la cabellera de la escultura, simbolizando la llama de la razón. Walter dice que Prometeo Liberado es un tributo a la libertad, que es alcanzada a través de la lucha y lealtad a nuestros valores”. Fue elaborada en cemento pulido y se encuentra en el Puerto de Iztapa en Guatemala.

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En este link podrás encontrar muchas más fascinantes obras de Walter Peter.

Al igual que sus esculturas, Walter Peter es un gigante, un coloso en la defensa de los principios racionales y los valores objetivos, la búsqueda de la verdad y la lucha por la libertad. Haber podido conocer y conversar con Walter, es haber conocido a un grande de la talla de Miguel Angel, a un maestro en la escultura de monumentales obras que además de ser bellas y poseer proporciones perfectas, nos recuerdan que, como escribió Ayn Rand, “el mundo que deseas puede ser ganado, existe, es real y posible; es tuyo”.

La fotografía principal me la tome junto a Walter el día que visité su estudio. Las otras imágenes fueron tomadas del sitio Web de Walter Peter (walterpeter.com) y del blog de WaseemSYED.