Infulas de Santa Claus

“No intentes ocultarte de él pues siempre te vera, él sabe de ti, él sabe de mi, él lo sabe todo no intentes huir. Santa Claus llego a la ciudad”.

¿Irá a ser Santa Claus quien vendrá a la ciudad o la SAT la que llegará a tu celular?

A la sazón de la temporada, los políticos decidieron imitar al señor barbudo de traje rojo que cada Navidad visita a los niños a los que estuvo controlando de manera omnisciente durante todo el año para traerles obsequios que los alegrarán. Con el mismo fin de observar constantemente el comportamiento de las personas, pero no para traerles felicidad, los parlamentarios, dentro de la Ley del Presupuesto General para 2015 aprobaron un artículo que establece que “la Superintendencia de Administración Tributaria tendrá la libertad de activar un dispositivo para monitorear las llamadas, mensajes de voz y de texto, videos y fotografías (…)”. Lo anterior autoriza al gobierno de Guatemala, a través de la SAT, a entrometerse intrusivamente en los dispositivos móviles de los individuos sin necesidad de orden de juez. Los parlamentarios pretenden que los ciudadanos guatemaltecos nos sometamos a un estado vigilante para ver “quién se porta bien y quién se porta mal”.

A eso solo se le puede llamar de una forma…ABUSO. Es una flagrante violación al derecho a la libertad y consecuentemente a la privacidad, el permitirle al Estado obtener información directamente de los celulares de los habitantes de Guatemala sin orden judicial previa. Y lo que es peor, es que la entidad a la que se autoriza realizar actos de espionaje es nada más y nada menos que a la SAT. De no ser revocada por la Corte de Constitucionalidad, esta medida le garantizará a esta institución la continuidad de la cacería de brujas que han emprendido en contra de aquellos que honradamente trabajan y producen. No es más que una ley arbitraria que se utilizaría para hostigar a aquellos que viven del fruto de sus logros.

Este tipo de leyes a la Santa Claus tienen su origen en los impuestos, en el uso de la fuerza para tomar dinero ajeno. Los políticos son muy audaces en idear nuevas formas para seguir exprimiendo a aquellos que son expoliados de lo que les pertenece, porque para ellos los tributarios son maquinitas de hacer dinero. En este caso lo que idearon fue permitirse fisgonear dentro de la información de los ciudadanos para poder encontrar posibles irregularidades en la tributación y por ende, poder obtener más dinero de forma coercitiva. Esto con el fin de mantener el ritmo de crecimiento acelerado del insostenible Estado Benefactor.

Por otro lado, este tipo de tácticas son utilizadas por los políticos con ínfulas de Santa Claus debido a que de otra forma no les alcanzaría tampoco para poder realizar sus convivios de fin de año, mientras el sistema de justicia está al borde del colapso; no podrían regalarse entre sus compinches televisores de cuarenta y dos pulgadas, mientras los policías no tienen recursos para la gasolina de las radio patrullas; no podrían pagar por sus lujosos viajes por el mundo, mientras un hospital para enfermos mentales está en condiciones infrahumanas. Sin leyes que busquen exprimir por cualquier medio a los guatemaltecos, en este caso por medio del espionaje, los políticos no tendrían para despilfarrar.

En fin, habrá que esperar a que el año que viene la Corte de Constitucionalidad resuelva conforme a derecho y revoque esta disposición que ya es de las últimas movidas de este gobierno. Un gobierno que pasó de forma tan fugaz como el trineo de Santa Claus en Noche Buena. En este corto lapso de cuatro años, lo bueno que los gobernantes pudieron hacer por el bienestar de todos no lo hicieron. Al contrario, todos los partidos políticos traicionaron a quienes les otorgaron el derecho de ejercer el poder y solamente hicieron más complicada la vida en Guatemala para aquellos que producen y crean. A pesar de todo lo anterior, soy optimista y tengo la esperanza de que en un futuro incierto, la situación va a mejorar para aquellos individuos responsables y respetuosos. Así que, disfrutemos de la existencia, preparémonos para enfrentar utilizando la razón los retos de un año que está a punto de comenzar y recordemos que solo nosotros podemos cambiar la realidad en la que vivimos.

La imágen fue tomada de el sitio web Deviantart con fines ilustrartivos. Hace alusión al Gran Hermano de la novela 1984 de George Orwell.

Monstruoso Apetito Estatal

 

Hidra

Por José Fernando Orellana Wer

El presente artículo fue pubicado el 15/12/2014 en la página Web de Estudiantes por la Libertad.

 

Hace medio siglo, la novelista inglesa Taylor Caldwell publicó una obra literaria dedicada a la vida de uno de los más destacados políticos que han existido. En el libro “La Columna de Hierro”, la autora relata la historia del gran Senador Marco Tulio Cicerón, quién intentó salvar la República antes de que esta cayera en manos de quién la destruyó: el emperador Julio César. En este momento me viene a la memoria una importante cita del texto mencionado que dice así:

“Éste [Cicerón] se mostraba de acuerdo con él [Antonio] en que el presupuesto debe equilibrarse, el tesoro tendrá que volver a llenarse, la deuda pública debe ser disminuida, la arrogancia de los funcionarios debe ser moderada y controlada, y la ayuda a los pobladores de tierras extranjeras tendrá que eliminarse para que Roma no vaya a la bancarrota. El pueblo debe aprender nuevamente a trabajar, en lugar de vivir a costa de la República”.

No es por mera casualidad que recuerdo esta frase, sino porque hace poco en mi país, Guatemala, los parlamentarios aprobaron en menos de tres minutos, -sí, tres minutos-, elpresupuesto general para el financiamiento del gasto público del año que viene. Un presupuesto de aproximadamente USD $8,825 millones, cuya cuarta parte será financiada con emisión de deuda a través de bonos, préstamos y nuevos impuestos que afectarán principalmente a las personas de escasos recursos.
Por otro lado, los políticos se escudan detrás de una falacia que establece que la recaudación de tributos no es suficiente debido a la evasión fiscal y a la cantidad de individuos que trabajan en el sector “informal”, y que por tal motivo es necesario la aprobación de más endeudamiento. Frente a esto, yo me pregunto: ¿si lo recaudado no alcanza, por qué siguen incrementando el número de burócratas con la creación de nuevos e ineficientes ministerios, secretarías y otras pseudo-instituciones que necesitan cantidades despampanantes de personal y recursos? Digo que son ineficientes puesto que solamente contribuyen a alimentar el voraz clientelismo de la clase política de Guatemala y no benefician en casi nada (o en nada) a quienes están obligados a mantener esta estructura, los tributarios, grupo que está conformado sólo por el 10% de la población económicamente activa y que genera el 90% de los ingresos fiscales (según datos obtenidos por la Fundación para el Desarrollo de Guatemala); un grupo que se quedará igual o incluso disminuirá debido a que la aprobación de un presupuesto desfinanciado y de nuevos impuestos representa un incentivo para “salirse del sistema”.En Guatemala, el nivel de endeudamiento está a punto de sobrepasar el 26% sobre el PIB y esto se debe principalmente a que durante los últimos setenta años, Guatemala ha adoptado el modelo de gobierno de Estado Benefactor, que cada vez aferra más funciones para sí mismo. Con el afán de sufragar estas funciones que se han ido agregando ilegítimamente, año con año los guatemaltecos hemos visto cómo los burócratas van agrandando el presupuesto y con éste, el endeudamiento. Consecuentemente, cada año se destinan más fondos para el pago de esta deuda. Parece ya un círculo vicioso de nunca acabar.

Así mismo, los 106 parlamentarios que aprobaron este presupuesto, afectarán al sector más pobre de la población, puesto que serán ellos quienes tendrán que pagar dos nuevos tributos. El primero es un tributo sobre la distribución de cemento que incrementó de 1.5 quetzales a 5 quetzales por bolsa (de 0.20 USD a 0.63 USD). Éste es un impuesto que, a todas luces, no castigará tanto a grandes empresas constructoras sino a todas aquellas familias pobres que desean construir su casa. Por otro lado, se aprobó un impuesto a la telefonía que afectará a más del 50% de la población que posee un teléfono móvil, dado que aproximadamente 6 millones, de los 12 millones de guatemaltecos que poseen un teléfono celular, pagan solamente 5 quetzales al mes (0.63 USD) por el servicio. El nuevo impuesto que se decretó fue de la misma cantidad, es decir que para aquellos usuarios de bajos ingresos que solo pagan por el servicio la cantidad mencionada, el costo se duplicará a 10 quetzales (1.26 USD) dejándolos fuera del mercado. Este último impuesto no solo es dañino por lo establecido anteriormente sino porque pone en riesgo el estatus de libertad que poseía este sector comercial, caracterizándose por ser uno de los más libres (de impuestos y regulaciones) de toda América y la actividad más competitiva que existe en Guatemala.

A todo lo anterior vale agregar que una gran parte de este presupuesto servirá para pagar los estrafalarios salarios de los políticos guatemaltecos, además de la malversación y despilfarro que ya se volvió común, de otra parte y para sufragar funciones ilegítimas que promueve el Estado guatemalteco como todo buen estatista. Estado que vale la pena recordar, no produce absolutamente nada y les quita por la fuerza a los trabajadores, empresarios y creadores.

Tenemos ante nosotros a una Hidra de Lerna a la que cada cierto tiempo le crece otra cabeza debido a su voraz e insaciable apetito. Un Estado al que se debe poner un alto. La única vía que se puede tomar es la de limitar al mínimo el poder del que gozan actualmente los gobernantes, recordándoles que están para servir y no para servirse, y que su única función legítima es la de proteger la libertad, propiedad y vida de todos. Recordemos que como dijo Mises, “El gobierno no puede hacer al hombre más rico, pero sí puede hacerlo más pobre”.

 

 

 

La imagen ilustra a Hércules luchando contra una Hidra de Lerna. Fue tomada de Wikimedia Commons con fines ilustrativos.

¡Protesto!

bloqueos-violentos-prensa-libre

Por José Fernando Orellana Wer 

 El presente artículo fue publicado en la Web de  Guate Activa el 15/5/2014

H

ace unos cuantos días la dirigencia popular salió a las calles a hacer lo que mejor sabe: utilizar la fuerza y la presión, para exigir la aprobación de más deuda,  la derogación de ciertas leyes y la creación de otras que tienen el mezquino objetivo de ampliar las prebendas para los de su grupo. Intentando dar legitimidad a un sistema “tipo bolchevique, en el cual las decisiones se toman en la calle, intimidando unos a otros (…)” como escribió el Dr. Manuel Ayau en su ensayo titulado Violencia y Democracia. 

Si bien es cierto,  todos tenemos derecho a protestar, es propio del ser humano manifestarse y expresarse libremente en contra de aquello que consideran injusto o incorrecto; el problema se genera cuándo se transgreden los derechos de terceros. 

Desde la pobre madre en Xela cuyo hijo murió en sus brazos cuando se dirigía al hospital, los  miles de trabajadores que no pudieron llegar a los lugares donde laboran, los agentes de seguridad que por hacer su trabajo fueron vapuleados  y los empresarios cuyas pérdidas, en conjunto, componen una cifra de varios ceros,  sufrieron de una violación a sus derechos de libertad, propiedad y vida. Pero hay de aquel que se atreva a manifestase contra los bloqueos organizados por la dirigencia popular porque si lo hace, los colectivos de extorsionistas le dirán que es un “criminalizador de la protesta social”. Pero no, lo que ellos hacen no es protesta, pues como continúa el Muso Ayau en su texto “ese derecho no incluye recurrir a la violencia, destruir derechos ajenos o intimidar a otros. 

Tampoco es un derecho pintarrajear ni impedir a otros utilizar las calles y carreteras, pues equivale a apropiarse por la fuerza de derechos y propiedad ajena. Las calles y carreteras son propiedad de todos y no de ningún grupo (…)”. 

 Dicho lo anterior, vale analizar qué es lo que estos grupos parasitarios  exigen. Dentro de todo lo que piden, resalta la derogación de la mal llamada Ley de Túmulos, la aprobación de  más endeudamiento y de la Ley para el “Desarrollo Rural”. Desmantelemos las exigencias una por una: 

 
La derogación de la  “Ley de Túmulos”.  Dicen los del Comité de Unidad Campesina que esta ley busca “criminalizar la protesta social”. Vaya si no les perjudica que los obstáculos que hay en la carretera sean removidos. 

 
La aprobación de 4 millardos de Quetzales en bonos del tesoro.  El tan usado Sindicato de Trabajadores de la Educación exige que sean comprometidos los ingresos futuros de los tributarios, puesto que son todos aquellos que pagan impuestos y los que están por empezar a pagarlos e incluso ni han nacido, quienes deberán saldar con el sudor de su frente, esta emisión de deuda. Mientras los gobernantes malgastan el dinero, los tributarios pagan los platos rotos. Lo peor es que a los políticos de turno y  a los profesionales de la Junta Monetaria les encanta la idea y les importan nada las consecuencias ominosas que sus decisiones tendrán en la economía de los guatemaltecos.

 

La Ley de Desarrollo Rural. La más aclamada de todas, es una política agraria que textualmente establece en su Artículo 10 que “democratizará el régimen de uso, tenencia, propiedad de la tierra, desincentivando su concentración”. En otras palabras, tiene el fin de someter la propiedad al criterio de los políticos de forma que estos puedan distribuirla a su sabor y antojo. La especie de política pública por la que lucharon las guerrillas marxistas-leninistas durante poco más de tres décadas del siglo pasado. 

“Indistintamente si se está de acuerdo o no, debe respetarse el debido proceso legislativo sin recurrir a las viejas prácticas bolcheviques. Inclusive, la expresión de rechazo sería más beneficiosa, tanto para los interesados como para el país, si se hiciera en forma verdaderamente pacífica, con argumentos coherentes, con propuestas concretas y especialmente con respeto al resto de la población”. Termina el Muso. 

 Las flagrantes violaciones cometidas por los colectivos la semana pasada generan en mí un deseo de protestar. ¡Protesto! ¡Protesto, y lo hago de forma pacífica,  contra la protesta que obstaculiza la libre locomoción de otros, daña la propiedad y atenta contra la vida! ¡Protesto contra las exigencias de la dirigencia popular que no les pueden ser concedidas sin cometer una injusticia a otro! ¡Protesto contra aquellos que buscan escudarse al afirmar que “sus acciones son culpa del congreso”! ¡Protesto contra aquellos líderes de la dirigencia popular que con afán se aprovechan de la ignorancia de algunos y les incentivan a confundir derechos con necesidades y a forzar a los demás de ocuparse de las obligaciones que a ellos pertenecen! ¡Protesto contra aquellos políticos pusilánimes y populistas que ceden ante los mecanismos de presión de los grupos parasitarios! ¡Protesto porque es la mayoría de los habitantes de nuestra nación los que pagan las consecuencias de las manifestaciones caprichosas de unos cuantos extorsionistas! ¡Protesto porque hay quienes no participan en hechos delictivos y desean salir adelante por sus propios medios y no se les es permitido por el berrinche de algunos! ¡Protesto en mi nombre y en el nombre de la gente pacífica y productiva! ¡Protesto, Protesto, Protesto!

La fotografía fue tomada del diario Prensa Libre e ilustra a un miembro del Comité de Unidad Campesina manifestando “pacíficamente”.

De piñata a bacanal

Por José Fernando Orellana Wer

El presente artículo fue publicado en la página Web de GUATE ACTIVA el 27 de octubre de 2014.

Escándalos aquí, desorden allá y caos por donde quiera que veamos. El gobierno de Guatemala ha caído tan bajo como para comparársele, ya no con una piñata sino con una perpetua fiesta bacanal. Entiéndase que la comparación se debe al carácter primitivo de la celebración, al desorden total que imperaba durante la temporada y por ser una festividad donde se planeaban muchas clases de crímenes y conspiraciones mezquinas. Allí donde lo vemos la comparación, lastimosamente, queda como anillo al dedo. Y es que el populismo es el traje de gala que portan los organizadores del jolgorio y es el culpable de haber tirado por la borda ya, la institucionalidad del Estado guatemalteco.

Pero, ¿por qué parece tan importante portar el populismo como traje de gala en esta celebración? La respuesta es bastante obvia: porque degrada al ciudadano ignorante al nivel de convertirlo en un adicto al paternalismo de quienes lo promueven. Transforma al ciudadano sin educación, en un ente servil que entregará sus derechos y su dignidad sin chistar palabra, a cambio de obtener algo que necesita en el momento.

Para muestra un botón: el causante de esa expresión de barbarie que se vivió el día martes 22 de octubre en las afueras del Palacio Legislativo, donde una turba fue dirigida por el oficialismo para boicotear el inicio de la sesión plenaria, no fue nada más que el populismo que apareció como un vendedor de droga ante el adicto, ofreciéndole a pobladores pusilánimes vender su dignidad y dejar fluir sus más bajos instintos a cambio de unos cuantos centavos y un almuerzo.

Pero el traje que suelen portar los políticos durante el bacanal corrompe no solo a gente ignorante sino que parece extender ese miserable atractivo por todos los estratos sociales. Algunos empresarios deciden dejar sus principios para poder volverse dependientes de las dádivas del Estado. La estrategia de estos vividores que ansían hacer dinero fácil, pasando por encima de la libre competencia, consiste en besarle los pies al populista de turno. Traduciéndose en favores que van desde la monopolización de mercados por decreto, impuestos especiales, entre muchas otras ocurrencias más.

Y esta parranda es de nunca acabar pues el mismo Estado se ve en la necesidad de aumentar su poder y burocracia para poder influenciar a más para que se les unan. Toda acción del Estado se convierte en un artilugio para intensificar el paternalismo clientelista, para incrementar ese juego en el que papá Estado le regala para obtener su voto a cambio, expresándose en unas futuras elecciones donde no se elije a quien gobernará mejor sino al que regalará más.

Por otro lado, no se puede dejar de fuera el discurso. El de los populistas participantes del desenfrenado culto al dios romano del placer Baco, quienes no disfrutan del placer carnal como en la festividad original, sino del placer de tener poder sobre otros. La oratoria de estos está plagada de inventiva, de promesas ridículas e imposibles y de victimización. Parafraseando a la activista guatemalteca Gloria Álvarez, en el discurso de los políticos latinoamericanos la razón y la lógica no tienen cabida. Ofrecen un túnel que atraviese la montaña, “pero aquí no hay montaña”, entonces pasan a prometerles la montaña. “Que mi negocio no funciona”, entonces también le prometen un subsidio, uno que será sufragado con el dinero que el populista dice que obtendrá del “rico, del que tiene, del explotador, del capitalista salvaje” pues las “mayorías explotadas, las masas, el pobre pueblo de Guatemala” se lo merecen. Insisto, discurso inventivo, falaz, ridículo y por sobre todo, victimizador. Como diría Orwell “intentan darle solidez al viento”.

Este desastre hay que pararlo. Pero ¿cómo terminar con esta adicción generalizada a apegarse al populismo? La respuesta está en reconocer que la evidencia empírica nos demuestra que lo único que un sistema de estos logra, es la generalización de la miseria, en darnos cuenta que más allá del discurso del político, sus intereses individuales siempre prevalecerán. Al populismo debemos combatirlo sin desmayo y con argumentos reducir el dañino paternalismo estatal. La tarea es una por la que vale la pena luchar y si aún no se convence pregúntese: ¿Cuál es la lógica de seguir implorando por un malvado líder que nos diga cómo vivir nuestras vidas y se aproveche de nosotros?

La imágen es una obra William-Adolphe Bouguereau titulada “La juventud de Baco”. Fue tomada de Wikimedia Commons