Fabricantes de miseria (I)

El presente artículo fue publicado el 16 de julio de 2016 en República.GT

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Por si usted aún no se ha enterado, uno de lo tantos grupos fabricantes de miseria (en esta ocasión congresistas del bloque Convergencia), presentaron la iniciativa de Ley de Moratoria Minera e Hidroeléctrica en la cual se propone la suspensión durante cinco años de la emisión de licencias hidroeléctricas, y de exploración y explotación minera para que sea el voto popular por medio de referendos el que decida si estos proyectos de inversión se quedan o se van.

Veamos pues cuales son las implicaciones de esta legislación de índole socialista que solo puede tener su origen en una mentalidad perversa y llena de envidia, o en el “mejor” de los casos, en el analfabetismo económico que lleva a muchos a actuar y proponer basándose únicamente en sus buenas intenciones.

La legitimidad de una inversión no se mide por la cantidad de personas que están de acuerdo con que esta se realice, es inmoral pretender que es el clamor popular el que debe decidir cuales son los fines para los cuales un individuo puede o no utilizar su dinero. Por el contrario, los únicos dos parámetros para juzgar la legitimidad de una inversión son: la productividad (y no los privilegios) como el origen de la riqueza invertida, y la realización de las actividades de inversión dentro de la esfera de los propios derechos individuales, es decir, sin lesionar los derechos de terceros.

Imagino yo que a los diputados de Convergencia les interesa, como a muchos entre los que me incluyo, lograr que Guatemala salga de ese estado de pobreza generalizada. Pero para la pobreza solo hay una solución: más inversión. Es únicamente a través de la generación de riqueza que los individuos salen de la pobreza pero para que se genere esa riqueza se necesita de personas dispuestas a invertir su dinero.

Una inversión es más atractiva entre menores son los riesgos que se corren al invertir. Sin embargo, este tipo de legislación colectivista es la materialización de ese constante rechazo a la inversión que existe en nuestro país que representa un riesgo más al que un empresario debería sobreponerse. Es precisamente esta una de las razones principales por las que a pesar de la abundante cantidad de recursos que hay en Guatemala, una gran parte de la población sigue viviendo en la pobreza.

“Es que los proyectos hidroeléctricos y la minería dejan muy poco al país”, es el slogan que los grupos de izquierda se han dedicado ha repetir. Esto no es ni por cerca cierto y si así lo fuera, ¿exactamente qué deberían dejar si son ellos quienes han arriesgado su propio capital sin la certeza de que su empresa tendrá éxito en el largo plazo y en el proceso han beneficiado a todos a su alrededor?

Los beneficios de la inversión realizada por las empresas mineras e hidroeléctricas son cuantiosos. A grandes rasgos, representan la creación de muchas plazas de empleo en lugares en los que quizá antes las personas vivían a base de agricultura de subsistencia, además del elemento accesorio que representa la creación de necesidades nuevas que han de ser suplidas y en el caso de la generación de energía hidroeléctrica, el abaratamiento general de la oferta de energía eléctrica que será mayor en la medida en que el potencial de la abundante hidrografía de Guatemala se aproveche.

En mi próxima entrada ahondaré con mayor profundidad en soluciones alternas a estas que proponen los fabricantes de miseria, alejadas del colectivismo y estatismo, basadas en la propiedad privada del subsuelo y derechos reales de aprovechamiento sobre el agua, para los conflictos suscitados por la realización de estas actividades tan provechosas para el bienestar de muchos guatemaltecos.

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¿Derechos para Shamu?

Publicado el 18 de marzo de 2016 en República.GT

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Después de varios años de una campaña mundial en contra del uso de orcas en espectáculos de entretenimiento, el jueves recién pasado la empresa de parques temáticos SeaWorld anunció que su programa de shows con los mencionados cetáceos asesinos, se daba por terminado.

Lo que motivo a SeaWorld a tomar esa decisión, no fue su creencia en los derechos animales sino el desplomo de sus ingresos a raíz del inicio de esa campaña orquestada por organizaciones que luchan por “los derechos animales” como PETA, la cual se intensificó con la publicación del documental titulado Blackfish en el que su directora intentó demostrar el maltrato requerido para el entrenamiento de los mencionados gigantes marinos.

Pero, ¿realmente Shamu, la ballena más famosa del mundo cuyo magnífico espectáculo tuve la suerte de poder apreciar, tiene derechos?

La anterior es una pregunta que se extiende a todos los animales y es necesario responderla pues ya hay en Guatemala movimientos animalistas promoviendo iniciativas de ley al respecto del tema. Pero para contestar esta pregunta es necesario que entendamos cual es el origen de los derechos.

La filósofa Ayn Rand escribió en su ensayo titulado Derechos del Hombre que “un derecho es un principio moral que define y sanciona la libertad de acción de un hombre en un contexto social”. El concepto “derechos” es uno desarrollado por la facultad racional del hombre, un concepto moral que denota las condiciones requeridas para que los seres humanos puedan vivir de acuerdo con su naturaleza.

Todos los animales, buscan sobrevivir pues su vida es su valor final. Sin embargo, todos los animales, a excepción del hombre, sobreviven por instinto, reaccionando y actuando únicamente como producto de la integración automática de sus sensaciones. Por el contrario, el hombre no sobrevive por instinto sino por voluntad. Esto se demuestra por el hecho de que la mayoría de los animales pueden sobrevivir por su cuenta desde el momento en que nacen. Sin embargo, los bebés humanos no pueden hacer esto porque no han adquirido la facultad racional con la que tienen que hacer frente a su entorno.

Decir que el hombre sobrevive por voluntad, es decir que sobrevive tomando todas las acciones y decisiones que requiere la preservación de su vida. Para ello necesita estar libre del uso de la fuerza otros individuos y él, a su vez, tampoco debe iniciar su uso. Es este el significado del derecho a la vida. Pero para poder reconocer los derechos, la condición fundamental que debe existir es la capacidad de captar conjuntos abstractos de principios y de comprender las consecuencias de las propias acciones. Esta condición es la facultad conceptual, la razón, y solo el hombre posee esta facultad.

Los derechos pues, solamente pueden existir si son reconocidos y respetados por igual por ambos lados. Es por este motivo que los animales no tienen derechos. Ya que, una orca, por ejemplo, es incapaz de reconocer el hecho de que sus entrenadores tienen derecho a vivir.

La prueba más simple de que el resto de animales no poseen una facultad racional, es el hecho de que solamente los seres humanos han cambiado su nivel de vida radicalmente, realizando avances tremendos en el tiempo mientras que el resto de animales (incluidos los que tienen estrechos vínculos genéticos con los seres humanos) llevan cientos de generaciones en el mismo estado. Nuestra civilización avanzada es el resultado de los logros alcanzados por la mente humana.

Asimismo, hay que enfatizar que para que el hombre pueda vivir, es necesario que transforme y utilice los recursos que lo rodean para alcanzar sus fines. Esto incluye el uso de los animales para alimentos, ropa y, sí, incluso de entretenimiento. Privar al hombre de utilizar animales para sus propios fines es sacrificarlo en pro de la naturaleza y privarlo de su derecho a la vida. Y eso, no es más que “altruismo llevado a la locura” como le denomina el filósofo Leonard Peikoff.

No pretendo hacer una apología del sadismo contra los animales, una actitud que me parece nefasta, repugnante e irracional pues los valores de quien lo hace han de ser demasiado pueriles como para disfrutar de algo así. Pero eso sí, una cosa es ser cruel por gozo y una muy diferente es infligir de una u otra forma dolor en los animales para satisfacer nuestras necesidades, que son al final de todo, la raíz del concepto “moral”.

Los que afirman animales son poseedores de derechos han hecho un excelente trabajo al rededor del mundo en persuadir a los legisladores a aprobar leyes contra la crueldad, pero lo han hecho sólo mediante la explotación de una emoción básica de lástima. Después de todo, a ninguna persona racional le gusta ver a un animal maltratado, pero una cosa es que no nos guste y otra es pretender forzar esa decisión sobre los demás.

Si en algún momento SeaWorld llegara a cerrar sus puertas, esto debe ser porque los consumidores no quieren seguir pagando por un tipo de entretenimiento que consideran es malvado para con los animales y por tanto llevarán a la quiebra al establecimiento.

Sin embargo, los parámetros deben quedar claros, los animales son propiedad, no entidades merecedoras de un estatus legal, por lo que no deben existir regulaciones que determinen como cada uno trata y usa a sus animales.

Ley de Ordenamiento Territorial: El Decreto 900 del Siglo XXI

Publicado el 05 de febrero 2016 en República.GT

06La primer asociación mental que realicé al leer la iniciativa de Ley Marco de Ordenamiento Territorial, que ya tiene el dictamen favorable de la Comisión extraordinaria de Catastro y Ordenamiento Territorial del Congreso, fue con el Decreto 900 implementado durante el gobierno de Jacobo Arbenz.

La iniciativa de ley promovida por Juan Manuel Giordano y un grupo de diputados es perversa desde su nombre hasta la última frase de su último artículo. Su objetivo central es planificar el uso y ocupación del territorio nacional así como regular la localización y construcción de la vivienda ya que según el texto “permitir el desarrollo arbitrario es condenar a los ciudadanos a un crecimiento insospechado muy contrario a sus intereses para desarrollarse en sociedad como seres humanos que necesitan vivir en poblaciones”.

La arrogancia no puede quedar más en evidencia, los diputados con ínfulas de planificadores centrales, en nombre del abstracto bien común y considerándose conocedores omniscientes de los intereses de cada ciudadano, pretenden otorgarle a los vándalos en el gobierno el poder de secuestrar el desarrollo urbano y rural de las poblaciones para imponer el esquema de desarrollo que ellos consideran mejor, vendiéndole al individuo la idea de que el va a poder opinar.

Con ese motivo, la ley establece la necesidad de implementar Planes Directores Departamentales de Ordenamiento Territorial con vigencia de 15 años, como mínimo, que serán implementados por un nuevo aparato de burócratas conformado por un Ministerio, un Sistema, un Consejo y una serie de Mesas Técnicas de Desarrollo Urbano y Rural que contarán con un Fondo equivalente al 0.5% del Presupuesto General.

La violación al derecho individual a la propiedad, a poseer y poder disponer de lo que se ha obtenido como producto del propio esfuerzo y voluntad, va más allá de las delimitaciones de dónde se puede construir y dónde no.

En primer lugar, la ley establece (Art 41 y 50) que de ser declarado de interés general, todos los territorios que puedan servir para el paso de vías públicas, espacios públicos, parques y áreas verdes, deben ser cedidos a la autoridad municipal sin derecho a indemnización pues ello representa una “equitativa distribución de cargas y beneficios“. Por lo que el propietario no solo debe de ceder por fuerza su terreno sino para colmo de injusticias, debe hacerlo sin recibir nada a cambio.

Asimismo, en la ley se divide el suelo en categorías y se establecen normas que prohíben construir en suelos de tipo rural edificaciones de tipo urbano. De esta forma el desarrollo de las áreas rurales es condenado a permanecer estancado en lo que a infraestructura y vivienda se refiere.

Entre los instrumentos de aplicación del plan de ordenamiento se establece la expropiación (Art. 66) de cualquier propiedad considerada de utilidad colectiva y un pernicioso mecanismo al que se le denomina desarrollo y construcción prioritaria (Art. 67). que puede forzar a todos aquellos que poseen tierras a construir una edificación en un plazo de tres años, de lo contrario, en nombre del interés social, puede ser expropiado.

El último instrumento utilizado en contra de quienes legítimamente poseen propiedades sin edificaciones es el de crear un impuesto a la subutilización del suelo de forma que se desincentive la concentración de suelo con características óptimas para urbanizarse.

Debemos rechazar cualquier intento de aprobar una iniciativa de ley tan perversa e inmoral como esta y los dipudictadores deben entender, en primer lugar, que los derechos individuales no están sujetos a cambiar según sus caprichos y en segundo lugar, que así como Jane Jacobs escribió, “las ciudades son órdenes complejos que no pueden ser moldeados a gusto. Surgen espontáneamente por la interacción y el intercambio entre muchas personas”.

“Si mis semejantes, que se hacen llamar sociedad, creen realmente que su bienestar requiere víctimas, puedo decirles: ¡Al demonio con el bienestar público! ¡No seré parte de él!”

Hank Rearden

La Rebelión de Atlas por Ayn Rand

XI. No evadirás

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El presente artículo fue publicado en el diario elPeriódico el 11 de abril de 2015

 “Si no pagás tus impuestos sos un egoísta inmoral” “No pagar impuestos es una manifestación clara de codicia” “Tu obligación es tributarle al fisco”. Yo me pregunto ¿desde cuándo tributar se convirtió en un precepto divino?

 El culto a ese abstracto ente llamado Estado es ya tan habitual que muchos le han rendido su cuerpo y su mente, permitiéndole imponer un sistema de expoliación de capital que todo cártel desearía controlar. Seamos honestos, la diferencia entre este organismo que se alimenta de rentas parasíticas y un vil ladrón es la misma que existe entre una daga y un puñal. 

 Todo individuo es dueño de su cuerpo y de su mente. Aquello que sea fruto del esfuerzo de estas dos posesiones primaras le pertenece únicamente a él. Cuando alguien decide tomar ese producto por la fuerza, se llama robo. En el momento en que el Estado pasa a exigir parte de ese producto, negando el derecho del individuo a disfrutar de él, lo reduce a la condición de esclavo, pues ya ni su vida ni su propiedad le pertenecen. En otras palabras, le está robando, y el robo es robo independientemente de quién lo realice. 

 En una sociedad donde se respeten los derechos individuales, las personas estarán anuentes a ceder una porción de sus ingresos con el fin de que el Estado cuente con los recursos para garantizar la seguridad y la justicia. Para velar por que nadie viole el derecho a la libertad, vida o propiedad de otros. 

 “Pero ¿entonces cómo sufragaremos el Estado Benefactor?” Esa es la cuestión, la auto-arrogada monopolización de la solidaridad por parte de los políticos es el argumento que termina con la expropiación impositiva de la población. Este sistema en el que unos viven a costillas de otros necesita legalizar el robo para poder sustentarse. Régimen que conviene solamente al político sin escrúpulos, pues mantiene a los pobres en ese estado con el fin de perpetrarse en el poder, ya que siempre existirá quién necesite amamantarse de sus dádivas. 

 “Bueno pero no podrás negar que pagar tus impuestos es tu obligación por vivir en sociedad“. Una sociedad que desea vivir en paz no usa la fuerza para tomar dinero de unos y dárselo a otros, pues la base de la convivencia pacífica es el respeto. Si lo que deseamos es ser solidarios con otro ─escribí hace un tiempo─  debemos limitarnos al singular de la primera persona y no al plural de la tercera para usar el producto del trabajo ajeno. 

 Entendámoslo, pagar impuestos no es un precepto divino y no pagarlos es moralmente lícito. La única relación de obligatoriedad es espuriamente, de carácter legal y, mientras tales circunstancias no cambien, debemos ser prudentes, ya que como dijo Murray Rothbard: “los individuos deben tratar con el Estado como un enemigo que es, por el momento, más poderoso”.

¿Tortillas GMO?

 

Como es muy común en Guatemala, la gente tiende a opinar sin estar realmente informada. Especialmente cuando se trata de opinar sobre leyes, la mayor parte de puntos de vista están basados en lo que dicen que dijo fulano. La ley que causo discordia esta semana y que casi nadie leyó, fue la Ley sobre obtenciones Vegetales, vulgarmente llamada, Ley Monsanto.

 Para emitir una opinión informada, con los pelos de la burra en la mano, leí las 15 páginas de la ley mencionada (la pueden encontrar aquí ). En resumen, la ley pretende proteger el derecho a la propiedad intelectual, el derecho sobre la creación, de NUEVAS variedades de semillas vegetales. Estas variedades desarrolladas deben ser NUEVAS y DISTINTAS a cualquier variedad ya existente y deben ser registradas como tal. No está refiriéndose a todo el maíz, ni está hablando solamente del maíz. Se refiere a toda aquella semilla  que ha sido modificada genéticamente en un laboratorio. Aclaro, ningún agricultor será forzado a comprar estas semillas. Incluso, es mas sensato para estos agricultores conservar las semillas de sus cosechas para volverlas a sembrar.

Respeto el derecho de cada quien a oponerse al consumo de alimentos genéticamente modificados, pero, de eso a exigir cual si bebe berrinchudo que no se permita la siembra de este tipo de alimentos, hay una brecha muy grande. Exigir la prohibición de la siembra de los GMOs, por sus siglas en ingles, es igual de malo que pedirle al Estado que prohíba las drogas, el alcohol, las sodas carbonatadas, entre muchas otras cosas más. Es pedir que el Estado se vuelva más grande. Está bien si quiere proponer que se le exija a estas empresas que etiqueten sus alimentos transgénicos. Pero en caso esto no se lleve a cabo y usted no quiera dañar su cuerpo con transgénicos, entonces no los compre y no los cultive y siembre usted su propio huerto. La solución debe estar en usted y no en el Estado.

Por otro lado, el hombre tiene y debe tener derecho al producto de su mente una vez que este adquiere una forma material. Es decir, una invención tiene que ser plasmada en un modelo físico antes de poder ser patentada; un cuento tiene que ser escrito o impreso antes de ser patentado. Pero al final, lo que las patentes o derechos de autor protegen no es el objeto físico en sí, sino la idea que él encarna. Y este es el único objetivo de esta ley o por lo menos así debería ser.

Digo que debería ser porque nadie puede dejar de preguntarse por qué diantres dentro de esta ley, que por principio no tiene nada de malo, decidieron los diputados asignarle una ampliación presupuestaria de 550 millones de Quetzales a un ministerio que ni cerca esta de tener relación con esta ley. Y ¡oh  sorpresa!, resulta que los millones van para el ministerio que dirige el precandidato presidencial del partido oficial. Si, aquel  que dicen que “esta fisiquín”.

A lo que voy con todo esto es al hecho de que antes de alegar informémonos y luego de hacerlo critiquemos lo que realmente se debe criticar, en este caso la ampliación del presupuesto para el Ministerio de Comunicaciones y no la defensa de la propiedad intelectual.

 

 

La imágen fue tomada de Google con fines ilustrativos.

Why republic?

La siguiente reflexión la escribí con motivo de la eliminatoria para la Olimpiada Nacional de Filosofía. La escribí en inglés por el mismo motivo.

Throughout history, man has gone through periods in which he has experimented with different ways of governing societies. In contemporary times, the two forms of government that have been used are republic and democracy, the latter leading all states that have used it, to failure. Assuming that democracy is only a system for choosing leaders is a mistake. Democracy is a form of despotic rule that believes that the wishes of the majority are the only pattern to measure good and evil, that everything that the majority decides is right.

 

Democracy fosters the debauchery of society’s moral code, the tyranny of the majority, the dictatorships legitimized with the popular vote. That was the conclusion of authors such as Aristotle, Cicero, Tocqueville and the founding fathers of the United States because it is a system in which your work, your property, your mind, your freedom, and your life are at the mercy of any faction or gang that meets the majority vote for the purpose that they want. The Russian author Ayn Rand tells us that

“Democracy is a system of unlimited sovereignty of the majority; the classic example is ancient Athens. Its symbol is the fate of Socrates, who was condemned to death because most did not like what he was saying, even though he had not initiated force against anyone or violated anyone’s rights.”

So we can say that democracy, in essence, is a form of collectivism, which denies individual rights: the majority can do whatever it wants with no restrictions.

 

Paraphrasing John Adams, a republic is the empire of laws and not of men, and that’s the moral justification of this political system. In a republic the purpose of the law is to protect the rights of citizens and the limit of the law are the same rights.  The achievement “common good” or “general welfare” in a republic falls within the preservation of civil order which is accomplished by the compliance of universal standards of right conduct that allow each citizen to achieve their private affairs without being disturbed. Thus, it is in the “public interest” (res publica) that this order is  ruled by law and not men, excluding any bias or private interest, eliminating  any  faction’s struggle to gain any privileges that a republican government can’t grant because the laws support the  public interest and they benefit “all the people”. This is why Jean Jacques Rousseau said that “the legislature (laws) belongs to the people and can’t belong to anyone but to them;” thus, the sovereignty is of all the people and therefore no minority or majority can legislate on the rights of other individuals.

 

 On the other hand, one should not confuse democracy with the right to universal suffrage. Both in a democracy and a republic there exists voting. However the right to vote in a republic is a consequence, not a primary cause of the free social system, and its value depends on the constitutional structure that strictly limits the power of the voters. Aristotle stated unequivocally that a majority vote is not the epistemological validation of an idea. Voting is simply a politically correct mechanism – within a sphere of strict and constitutionally limited action – to choose the practical means of implementing the basic principles of a society. But these principles are not determined by voting. Thus, by voting, individual rights in a republic are outside the scope of the public authorities, and the sphere of political power is severely restricted. More specifically, in a republic, the popular vote will never justify a crime universally desired by a majority. As it is in the case in Venezuela, where Maduro’s government claims legitimacy of violating the rights of Venezuelans because his gang was democratically elected. Do you think that’s right? It’s like the husband who justifies mistreating and beating his wife because she married him willingly. In short terms, a democracy allows a tyranny by a mob.

 

Murray Rothbard rightly established that freedom is incompatible with democracy. Since freedom is necessary for man to live, the right government is the one that protects the freedom of individuals. The one that recognize and protect the rights of its own people to life, liberty, property, and the pursuit of happiness. The one that identifies and punish those who violate the rights of its citizens. But above all, the one who’s power is precisely defined, so that neither the government nor any mass that wants to achieve state power can be able to take out the freedom of its citizens. The one that grants that individual freedom is untouchable. The one in which the life of every man is still his and he is free to live (while reciprocally respecting the freedom of others to do the same). This kind of government isn’t a democracy, it’s a republic limited by a constitution.

 

So, why a republic and not a democracy? Because a republic establishes the legal conditions for the citizens to be virtuous, while a democratic state necessarily leads to vicious behavior and moral perversion of individuals. Because a republic is founded on moral principles of right conduct, while democracy is based on the arbitrary and despotic will of the majority. Because a republic is based on mutual respect between citizens, while democracy  isn’t. Because a republic uses the government as a weapon to protect the rights of citizens, while democracy allows factions to use the government as a weapon to violate the rights of a minority. Because democracy perverts the law instead of protecting the life, liberty, and property of citizens, while using it to attack them. Because a republic is an association of free men who want to live a virtuous life in harmony, while a democracy perverts citizens to become an association of thieves who want to live off the plunder of others, legitimizing looting  by  calling it “social justice”.

 

For all of that.

 

 

La imágen ilustra el envenenamiento de Sócrates. Fue tomada de Wikimedia Commons con fines ilustrativos.