Sin Fronteras

El presente artículo fue publicado el sábado 24 de octubre de 2015 en el diario elPeriódico.

En este momento dale play al video que observas al inicio de este post. Es la grabación en tiempo real del planeta Tierra desde la Estación Espacial Internacional. ¿Observas alguna línea, muro o barrera que naturalmente divida los segmentos de tierra dentro de los bloques continentales? ¿No las ves? Yo tampoco. No existen y como especie humana no deberíamos necesitar ningún tipo de permiso para cruzar estas divisiones artificialmente concebidas.

A través de la historia, las civilizaciones han definido límites territoriales dentro de los que han establecido su respectiva jurisdicción. Pero estos límites únicamente se justifican en medida en que su objetivo sea la creación de las condiciones ideales para que cada individuo pueda prosperar. En otras palabras, el sistema jurídico-gubernamental de una nación es legítimo si y solo si su propósito es garantizar a cada quien el derecho a vivir, a poder disponer de si mismo y de los recursos que posee a su voluntad, y a disfrutar del producto de su esfuerzo y su cooperación con los demás miembros de su sociedad.

Sin embargo, lo mencionado anteriormente ha sido desvirtuado y quienes han detentado el poder político han utilizado la legislación para dar validez legal al imperio de pandillas de saqueadores protegidas constitucionalmente. Han manipulado masas con el fin de hacerles creer que el gobierno es “dueño” del país.

Partiendo de esa última premisa, los gobiernos han justificado toda medida para prohibir el libre ingreso de individuos provenientes de otras regiones al territorio bajo su jurisdicción, bloquear el libre intercambio de bienes y servicios entre ciudadanos de diferentes naciones e incluso someter con todo tipo de regulaciones a sus propios habitantes. Pero esta premisa no puede estar más alejada de la realidad, jurisdicción no es sinónimo de propiedad y cada persona tiene derechos como individuo, no como miembro de tal o cual nación. Tenemos derechos individuales, no en virtud de ser guatemaltecos, japoneses o australianos sino en virtud de ser humanos.

Si te interesa continuar la discusión sobre las fronteras que limitan la inmigración, de barreras que fomentan el estancamiento económico, de regulaciones que limitan tu expresión y de políticas que no permiten tu desarrollo individual, estás invitado a participar en la Conferencia Regional de Estudiantes por la Libertad Guatemala: Sin Fronteras.

Una tarde de foros, paneles y conferencias breves en las que expertos podrán compartir contigo todo lo que saben acerca de estos temas. Se llevará a cabo el sábado 7 de noviembre de a partir de las 14:30 hrs en el Teatro de Don Juan ubicado en la 7ma avenida 5-37 zona 1 de la Ciudad de Guatemala.

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Bastiat y el “ecocidio” en Guatemala

El presente artículo fue publicado el 28 de junio en el blog de Estudiantes por la Libertad.

 

Bastiat-y-el-ecocidio-en-Guatemala-300x229Una de las obras más importantes del pensador decimonónico Frédéric Batiat se titula Lo que se ve y lo que no se ve. Este me viene a la memoria cuando leo y observo todos los comentarios, videos y artículos que se han publicado tras la masiva muerte de peces en el Río la Pasión en Guatemala.

El 30 de mayo, pobladores de la región de Sayaxché, en las inmediaciones del río ubicado en el departamento de Petén, reportaron la presencia de miles de peces muertos. Sin embargo, el escándalo mediático inició dos semanas después. Lo que los medios hicieron ver a sus lectores fue a una empresa (Reforestadora de Palma Africana S.A.) como la culpable de haber contaminado el río con un plaguicida cuyo nombre genérico es malatión.

Asociaciones por los derechos humanos salieron en defensa de las 17 comunidades que bordean el río, grupos de ecologistas y conservacionistas acusaron de ecocidio a la empresa, el Ministerio Público allanó el área de operaciones de la misma, e incluso hubo quienes en sus redes publicaron comentarios en los que incentivaban a sus conocidos a no comprar ningún producto de tal empresa.

Fuimos pocos los que nos mantuvimos escépticos o, por lo menos, a la espera de pruebas científicas concluyentes que determinaran que era efectiva la presencia de tal contaminante en las aguas del caudal.

El viernes 26 de junio, dos semanas después del inicio del escándalo, publicaron los resultados del estudio de toxicología realizado por la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), que concluyó que el desastre ecológico no fue provocado por un plaguicida. Pero la declaración fue más allá, y el director del Centro de Estudios Conservacionistas de la USAC, Francisco Castañeda, dijo que la contaminación fue producto de desechos orgánicos derivados del proceso de producción de la palma africana que limitan la cantidad de oxígeno en el agua.

Es trágica la forma tan sencilla en que, sin criterio, se procede a acusar a una empresa y el sensacionalismo mediático que busca publicar la primicia de una noticia sin antes remitirse a las pruebas.

Lo que nadie ve, o no desea ver, es la cantidad de posibilidades que existen detrás de la contaminación. Hay 17 poblaciones alrededor del río, las cuales son habitadas por más de 300.000 personas. ¿Acaso todos estos individuos no producen desechos orgánicos? De las 17 poblaciones, ninguna tiene un sistema de alcantarillado como tal y las que lo poseen, consiste de un rudimentario sistema que drena sus aguas en la única gran fuente de agua cercana: el Río La Pasión.

Asimismo, es contradictorio que muchos habitantes de la ciudad de Guatemala hayan puesto el grito en cielo por lo ocurrido. ¿Por qué? Porque absolutamente todos los que vivimos en la ciudad capital somos responsables de la contaminación del Río Villalobos y las Vacas, y consecuentemente del Lago de Amatitlán y del Río Motagua, pues allí desembocan los dos primeros. El alcantarillado de la metrópoli vierte allí sus aguas.

Todos somos responsables de contaminar aproximadamente 18 litros de agua cada vez que tiramos la cadena del inodoro. Nuestro champú, la pasta de dientes, los jabones y detergentes, tienen triclosán dentro de sus componentes básicos. Este químico antibacterial fluye por el caudal de estos ríos y es una de las tantas razones por las que ya casi no hay mojarras en el Lago de Amatitlán. Entonces, ¿aún hay alguien que esté dispuesto a “lanzar la primera piedra”?

Que quede claro, no estoy absolviendo a la empresa de la posible responsabilidad del desastre, ni estoy diciendo que sea ilegítimo indignarse por lo allí sucedido. A lo que voy es al hecho de que no podemos dejarnos llevar por la ligereza y acusar sin pruebas contundentes a una empresa, simplemente porque es lo más rápido y sencillo.

El problema de la contaminación es uno del que todos somos responsables, y son la ciencia y la tecnología las que cada vez nos proveen de más soluciones para que nuestra actividad productiva cause menos daño al entorno que necesitamos transformar para vivir. Las asociaciones ecologistas deberían de contribuir en la investigación de nuevas soluciones tecnológicas en lugar de afanarse en atacar la industrialización y el desarrollo.

Lo que se ve es un río contaminado, peces muertos y una empresa de palma africana en las inmediaciones del río. Lo que no se ve son las 17 comunidades potencialmente contaminantes del río, la cantidad de agua que contaminamos a diario los que vivimos en la ciudad de Guatemala, y la falta de criterio y sensacionalismo de ciertos medios de comunicación y sus lectores.

El dominio de Cleptos

El presente artículo fue publicado el 27 de abril de 2015 en Estudiantes por la LibertadRat_de_Thief_WP

Hasta que por fin se rebalsó. Llegamos en Guatemala, a un momento crítico en el que si esta gota no derramaba el vaso, me hubiera atrevido a diagnosticar a los guatemaltecos, de una seria enfermedad psicológica de negación perpetua de la realidad.

En Guatemala, como en la mayor parte de países Latinoamericanos, vivimos bajo un sistema cleptocrático. Uno en el cual, aquellos que detentan el poder, no son nada más que una asociación institucionalizada de ladrones. El saqueo y la corrupción, son el motor que mueve los engranajes.

El último caso de corrupción liga a 22 funcionarios públicos, entre los que se encuentran el actual superintendente de administración tributaria y el ahora ex-secretario privado de la vicepresidente, a la dirección de “una agrupación que trabajaba con una tabla de impuestos paralela en aduanas que les dejaba por lo menos 375,000. 00 USD cada semana”. Al caso se le denominó “la línea” pues esta banda se ponía en contacto con importadores a través de una línea telefónica en la que negociaban un soborno para que al importador se le redujese el pago de impuestos.

El caso desató tanta indignación entre los guatemaltecos que el día sábado 25 de abril, más de 15 mil guatemaltecos realizaron un plantón pacífico en la Plaza de la Constitución, exigiendo la renuncia del presidente Otto Pérez Molina y la vicepresidente Roxana Baldetti.

La manifestación, fue un verdadero ejercicio político de la sociedad civil, que le recordó a los mandatarios quienés son los que realmente mandan. Sin embrago, debemos entender que -como escribí en redes sociales- el problema va más allá de una renuncia. El problema es el sistema perverso, democrático y populista, que han legitimado los guatemaltecos durante años. El régimen cleptocrático y corrupto que hoy impera en Guatemala, no se elimina únicamente destronando al rey de turno.

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Miles de guatemaltecos exigiendo la renuncia de los mandatarios del organismo Ejecutivo.

La cleptocracia que impera en el Estado guatemalteco no se debe a la casualidad de que los políticos de turno sean unos gorrones deshonestos que pueblan el sector público. Si así fuese, simplemente bastaría con cambiarlos por otros. El problema es resultado de un sistema de perniciosos incentivos.

En primer lugar, el Estado, disfruta de un monopolio absoluto de la fuerza, sin un verdadero límite constitucional, con el que discrecionalmente puede arrebatar la propiedad de los individuos.

Por otro lado, el Estado, no somete sus resultados a quienes hacen posible su existencia y sus gastos no se rigen por un criterio de rentabilidad sino uno político, en el que se encumbra el gasto desmesurado, las fuentes ilegales de financiamiento y los contratos nepotistas. En otras palabras, aquellos que dirigen el Estado, jamás asumen sus errores en términos personales de responsabilidad patrimonial.

Así mismo, el sistema actual, ha hecho del Estado una institución que permite el cambio del color de partido, manteniendo intactos los puestos de poder. De esta forma, sirve con lealtad a todo régimen con el fin de permitirle servirse de quienes tributan.

Estos incentivos están presentes en la organización política de Guatemala y nos hacen recordar este segmento que escribió Ayn Rand en su novela La Rebelión de Atlas, “cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un auto sacrificio, entonces podrá, afirmar sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada.”

La cleptocracia en Guatemala es ya un vicio institucional. Indignados estamos todos y si no queremos seguir indignándonos cada cuatro años con el cambio de los regímenes, debemos elegir cuidadosamente a aquellos parlamentarios que estén dispuestos a limitar esa descomunal cuota de poder de la que disfrutan los burócratas de turno y a exigir el respeto irrestricto a los derechos individuales.

¡La gallinita roja está en lo correcto!: una fábula sobre la desigualdad

El presente artículo fue publicado el  23 de marzo de 2015 en la WEB de Estudiantes por la Libertad.

Había una gallinita roja y otros animales en una granja que estaban cansados ya de los alimentos que consumían regularmente. Caminando por el campo, la gallinita encontró unos granos de trigo y tuvo la idea de decirles a los otros animales que trabajaran juntos recogiendo las semillas para hornear un magnífico pan para comer. Cuando preguntó a los animales, quién la deseaba ayudar, todos se negaron y ella dispuso hacerlo sola.

Llegó la hora de cosechar el trigo y la gallinita volvió a preguntar si alguno deseaba ayudarla. “Yo no“, dijo el pato. “Mi oficio no es”, dijo el cerdo. “Perdería mi categoría”, dijo la vaca. Así que la gallina lo cosechó sola. Llegó la hora de hornear el pan: “Ayudar será trabajar horas extras”, dijo la vaca. ”Yo no tengo educación suficiente”, dijo el pato. “Perdería mi subsidio”, dijo el cerdo. “Si solo yo ayudo, sería discriminatorio”, dijo el ganso. “Entonces, yo lo haré”, dijo la gallinita roja y así lo hizo.

Una vez horneados, mostró los cinco largos panes a sus compañeros animales. Todos querían comerlos, pero la gallinita roja dijo: “No, ahora descansaré un tiempo y me comeré los panes yo misma, a menos que alguien desee pagarme por ellos”.

“Ganancias excesivas”, dijo la vaca. “Explotadora capitalista”, dijo el pato. “Para ti todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil”, dijo el ganso. Rápidamente se organizaron, se solidarizaron, hicieron sus letreros y salieron a demostrar y protestar: “Venceremos”, decían, y vencieron.

Pues cuando llegó el finquero, le dijo: “Gallinita roja, no debes ser egoísta. Fíjate en la oprimida vaca. Mira al pato en desventaja. Ve al desprivilegiado cerdo. Mira al ganso menos afortunado. Tú pecas al fomentar una diferencia de riqueza entre ellos y tú, y en fomentar la desigualdad”.

“Pero… pero yo me gané mi pan”, dijo la desdichada gallinita.

“Exactamente”, dijo el finquero. “Eso es lo maravilloso del sistema capitalista; cualquiera en esta hacienda puede ganarse todo lo que quiera y pueda. Debes estar muy dichosa de tener esa libertad. En otras haciendas tendrías que entregar los cinco panes al finquero. Aquí, tú, voluntariamente, repartes cuatro panes entre tus desdichados compañeros”.

Y así, vivieron felices toda su vida, incluyendo la gallinita roja, quien sonriente repetía: “Estoy agradecida, soy dichosa, estoy agradecida”. Pero a los vecinos siempre les extrañó que la gallinita roja ya nunca hizo más pan…

La anterior es una de las mejores adaptaciones de la fábula de la gallinita roja*.

Aunque podríamos traer a colación una diversidad de temas para debatir alrededor de esta narración, el más importante es el del perverso énfasis que se hace sobre la desigualdad económica.

El finquero de la historia hace las del típico político que recalca a diestra y siniestra que la desigualdad económica es un problema tremendo, y bajo un contradictorio ideal de justicia, expropia al creador para darle al que no produjo nada, convirtiendo el parasitismo en una conducta admisible.

Se puede decir que los individuos somos únicos, tenemos atributos y virtudes diferentes, lo cual nos hace por principio, desiguales. Estos nos llevan a esforzarnos de diferentes formas y en distintos campos para poder producir y vivir lo mejor que podemos. El resultado de nuestro trabajo, si lo comparamos con el de otros, va a ser dispar, lo queramos o no. Así, nuestras condiciones de vida van a ser aun más desiguales si, como sucede en la fábula, unos prefieren no esforzarse.

Como es ejemplificado a cabalidad en la fábula, la insistencia sobre la desigualdad económica y la igualdad de oportunidades es meramente una cuestión de envidia pura que está basada simplemente en comparar personas. Dijo el sociólogo austriaco Helmut Schoeck, en su libro Envidia: Una teoría de comportamiento social, que “el envidioso cree que si el vecino se quiebra una pierna, él mismo va a poder caminar mejor”. Y es precisamente lo que el recalco en la desigualdad económica pretende hacer.

Únicamente nos debería de importar si los individuos viven bajo un legítimo Estado de derecho, con igualdad ante la ley y reglas claras que les impidan a terceros interferir con el esfuerzo individual por trabajar y vivir para que todos los que deseen luchar por mejorar su calidad de vida puedan hacerlo.

En una sociedad libre, la calidad de vida de todos los que estén en la disposición para trabajar, será mejor. Los pobres, la clase media y los ricos estarán mejor. La única condición que no cambiará será la de los vagos, que de forma parasítica, prefieren no esforzarse y ver si logran exprimir algo de quien produjo, como los animales de la granja hicieron con la gallina, recurriendo al artificialmente todopoderoso finquero para que redistribuyera el pan que tanto había costado a la gallinita producir.

No debemos creer en la riqueza como algo estático cuyo intercambio suma cero. Los pobres no son pobres porque los ricos son ricos. Escribió Manuel Ayau, en su ensayo Un juego que no suma cero , que “para aumentar su fortuna, las personas tienen dos opciones: una consiste en ofrecer bienes y servicios a otros miembros de la sociedad, mediante intercambios voluntarios; la otra, en recurrir a la coerción, al fraude, o aprovechar el poder coercitivo del Estado para obtener algún privilegio”. Si la fortuna de un individuo se ha creado a partir de intercambios voluntarios, es ilegítima la premisa que establece que el productor se hizo rico a costa de alguien más. En un intercambio voluntario, todas las partes ganan, pues si no, simplemente no hubieran hecho el intercambio.

Por otro lado, cito a Ayn Rand cuando establece que “centrarse en la desigualdad económica se fundamenta en la moralidad altruista, y hace que las personas piensen de esta manera: ‘Uy, estoy ganando mucho dinero. Me debo sentir culpable y debo dárselo a alguien más, porque mi responsabilidad moral no es conmigo mismo sino con los demás. Si otros no son tan ricos como yo, entonces se merecen lo que yo produzco’”.

Esto no quiere decir que me oponga a la benevolencia y el deseo de ayudar a otros. Sin embargo, al ayudar a otros, debemos limitarnos al singular de la primera persona y no al plural de la tercera para usar por la fuerza el producto del trabajo ajeno. La gallinita tenía el legítimo derecho de regalar su pan a quien ella quisiera, pero los otros animales que no trabajaron en la elaboración de ese pan, no tenían derecho a siquiera exigir una migaja de él.

La gallinita tenía razón en dejar de producir. Su ingenio y productividad, actitudes que practicaba a diferencia de los demás, le permitieron acumular más riqueza que el pato, el ganso y la vaca. Si no iba a ser capaz de gozar del producto de su trabajo, debido a que este la ponía en una posición económicamente superior a la de los demás animales y estos iban a usar la coerción para quitárselo, ¿para qué iba a seguir produciendo?…¿para que los otros se victimizaran y fueran parásitos de ella?…¡no! ¡la gallinita no era ingenua!

*La fábula la tomé de la recopilación de ensayos y textos liberales realizada por el Dr. Ángel Roncero titulada “Economía Política y Filosofía Social”.

 

Walter Peter: Un Gigante del Arte Guatemalteco

El presente artículo fue publicado el 13 de enero de 2015 en el sitio WEB de Estudiantes por la Libertad.

“Howard Roark levantó un templo para el espíritu humano. Vio al hombre como un ser orgulloso, fuerte, limpio, inteligente y valeroso. Vio al hombre como un ser heroico, y construyó un templo de acuerdo a este ideal. Un templo es un lugar donde el hombre debe experimentar exaltación. Pensó que la exaltación procede de la conciencia de no tener culpa, de procurar la verdad y conseguirla, de vivir según las mayores posibilidades del individuo, de no conocer ninguna vergüenza, de no tener motivo para avergonzarse, de ser capaz de mostrarse desnudo a plena luz del sol. Pensó que la exaltación significa felicidad y que la felicidad es un derecho natural del ser humano. Pensó que un lugar construido como un escenario del hombre, es un lugar sagrado.”

-Ayn Rand-

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Si el personaje de la novela El Manantial de Ayn Rand, Howard Roark, existiera y si fuera un escultor nacido en Guatemala, seguramente su nombre sería Walter Peter Brenner (izquierda).

Nació en Guatemala en 1965. Inspirado por su padre, Walter Peter Koller, comenzó pintando obras de arte naturalista a los diez años. Siete años más tarde vendió su primer pintura. Inició su formación profesional estudiando arquitectura en la Universidad Francisco Marroquín y en el tercer año de estudios viajó a Suiza, donde por los días trabajaba como piloto aviador y por las noches tomaba cursos de escultura en la Escuela de Bellas Artes de Zürich. En 1993 decidió volver a Guatemala y fundó su academia Ars Artis, la cual dirige junto a su esposa, otra maravillosa artista, María Fernanda de Peter. Actualmente Walter dedica la mitad de su tiempo a impartir clases en su academia y la otra parte la dedica a la escultura y pintura profesional, “aunque la escultura es mi debilidad” como él mismo dice.

Walter define el arte utilizando la definición primeramente planteada por Aristóteles y reformulada por Ayn Rand y dice que “el arte es la recreación selectiva de la realidad según los juicios de valor metafísicos del artista”. Puesto de manera más simple, es la recreación de la realidad según la filosofía de quien escribe, pinta o esculpe. El artista recrea algo que conoce. ¿Cómo es esa recreación? Precisamente uno selecciona un aspecto de la realidad y lo representa, lo repite de manera simbólica. Dice Walter que al hacer eso “se representa una manera de ver las cosas, un ideal, pero no un ideal platónico, es un ideal de cómo crees tú que deberían de ser las cosas, como debería de ser la vida, como debería de ser el hombre, cuál es tu sentido de vida. Lo que el artista está representando, es una visión de cómo deberían ser las cosas de manera perfecta. Aristóteles le llamaba una imitación de la realidad pero no copiada sino recreada”. En este sentido, el arte le permite al individuo plasmar ideas y conceptos de forma concreta.

Decía Rand que “existen dos aspectos de la existencia del hombre los cuales son un territorio especial y expresión de su sentido de la vida: el amor y el arte”. Derivado de lo anterior, se puede decir que la función del arte público (aquel que está en museos, galerías, plazas, etc.) es que aquel que contemple la obra pueda disfrutar de ver un ideal que comparte o de su sentido de vida, representado de una manera física figurativa.

A lo anterior agrega Walter que “el estándar, el límite, de lo que es y no es arte es el entendimiento. En el momento en que una obra deja de entenderse deja de ser arte. Esto debido a que la definición objetiva es que arte es la recreación de una visión, de una filosofía. Si tu lo que recreas es nada entonces no es nada. Pueden haber grados de abstracción, mientras tu estés entendiendo la figura.” Por ejemplo, una obra compuesta solamente por líneas pero sin una forma precisa puede que represente algo para quien la hizo pero será incomprensible para todo aquel que la vea, consecuentemente no es arte sino un simple ornamento.

Walter Peter, como paladín de la defensa de los principios racionales y la objetividad de los valores, afirma que la belleza debe estar presente en una obra de arte para ser considerad arte o buen arte. La belleza se entiende como la integración armónica de las partes con el todo, a lo que Walter agrega que “toda la vida el concepto ha estado basado en el principio de armonía. Belleza es opuesto a caos. A mayor armonía mayor belleza. A menor orden menor belleza. La belleza es totalmente objetiva, la belleza es o no es; cuando hay caos no hay belleza y cuando hay orden hay belleza”.

Habiendo establecido la teoría del arte que defiende Walter Peter, podemos hablar de la visión filosófica que su obra recrea, ese Romanticismo Heroico como él mismo lo define. Todas y cada una de las esculturas del artista comunican que el hombre, cada hombre, debe ser un fin en sí mismo. Para lograrlo, el hombre debe practicar virtudes que le ayuden a alcanzar su valor más alto, su vida y consecuentemente alcanzar la felicidad, ese “estado de alegría no contradictoria por haber alcanzado los propios valores”, como lo definía Rand, logrado por el poder que tenemos de usar el máximo poder de nuestra mente. Sus magnánimas esculturas afirman sin vergüenza que el logro productivo del individuo es su actividad más noble y que solamente utilizando la razón podemos enfrentar la realidad. Sus esculturas gritan a los cuatro vientos que el individuo es el único con el poder de controlar su destino y niegan la existencia de fuerzas que lo opriman hacia finales inciertos. Su obra es una celebración orgullosa al espíritu humano.

Para poder escribir sobre cada obra de Walter tendríamos que escribir un libro por lo que describiré brevemente tres de ellas:

Amanecer: El Gigante de Cayalá

La obra escultórica más grande del artista hasta el momento. Tallado en mármol, un gigante emergiendo de la tierra con gesto de satisfacción y con una llave en su mano derecha representando la racionalidad como virtud necesaria para alcanzar nuestros propósitos. El artista escribió una leyenda sobre el origen del Gigante vinculada con otra escultura que se encuentra a unos metros, cuyo nombre es Curiosidad. La obra se encuentra en el centro comercial Paseo Cayalá en Guatemala.

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Dueño de tu propio destino

La escultura y su nombre hablan por sí solos. Fundida en bronce a la cera perdida. Un individuo con gesto estoico, tallándose a sí mismo con firmeza, forjando su destino en libertad, escogiendo la forma en que se talla, sin pedirle ayuda a nadie y alcanzando la meta que alguna vez se trazó.Es parte de la colección privada de Walter Peter.

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Prometeo liberado

La obra favorita de Walter y su primera obra escultórica de gran tamaño. En la tragedia de Esquilo, Prometeo fue quien robó el fuego del Olimpo y lo entregó a los humanos. De la misma forma el artista representó el fuego en las barbas y la cabellera de la escultura, simbolizando la llama de la razón. Walter dice que Prometeo Liberado es un tributo a la libertad, que es alcanzada a través de la lucha y lealtad a nuestros valores”. Fue elaborada en cemento pulido y se encuentra en el Puerto de Iztapa en Guatemala.

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En este link podrás encontrar muchas más fascinantes obras de Walter Peter.

Al igual que sus esculturas, Walter Peter es un gigante, un coloso en la defensa de los principios racionales y los valores objetivos, la búsqueda de la verdad y la lucha por la libertad. Haber podido conocer y conversar con Walter, es haber conocido a un grande de la talla de Miguel Angel, a un maestro en la escultura de monumentales obras que además de ser bellas y poseer proporciones perfectas, nos recuerdan que, como escribió Ayn Rand, “el mundo que deseas puede ser ganado, existe, es real y posible; es tuyo”.

La fotografía principal me la tome junto a Walter el día que visité su estudio. Las otras imágenes fueron tomadas del sitio Web de Walter Peter (walterpeter.com) y del blog de WaseemSYED.

Monstruoso Apetito Estatal

 

Hidra

Por José Fernando Orellana Wer

El presente artículo fue pubicado el 15/12/2014 en la página Web de Estudiantes por la Libertad.

 

Hace medio siglo, la novelista inglesa Taylor Caldwell publicó una obra literaria dedicada a la vida de uno de los más destacados políticos que han existido. En el libro “La Columna de Hierro”, la autora relata la historia del gran Senador Marco Tulio Cicerón, quién intentó salvar la República antes de que esta cayera en manos de quién la destruyó: el emperador Julio César. En este momento me viene a la memoria una importante cita del texto mencionado que dice así:

“Éste [Cicerón] se mostraba de acuerdo con él [Antonio] en que el presupuesto debe equilibrarse, el tesoro tendrá que volver a llenarse, la deuda pública debe ser disminuida, la arrogancia de los funcionarios debe ser moderada y controlada, y la ayuda a los pobladores de tierras extranjeras tendrá que eliminarse para que Roma no vaya a la bancarrota. El pueblo debe aprender nuevamente a trabajar, en lugar de vivir a costa de la República”.

No es por mera casualidad que recuerdo esta frase, sino porque hace poco en mi país, Guatemala, los parlamentarios aprobaron en menos de tres minutos, -sí, tres minutos-, elpresupuesto general para el financiamiento del gasto público del año que viene. Un presupuesto de aproximadamente USD $8,825 millones, cuya cuarta parte será financiada con emisión de deuda a través de bonos, préstamos y nuevos impuestos que afectarán principalmente a las personas de escasos recursos.
Por otro lado, los políticos se escudan detrás de una falacia que establece que la recaudación de tributos no es suficiente debido a la evasión fiscal y a la cantidad de individuos que trabajan en el sector “informal”, y que por tal motivo es necesario la aprobación de más endeudamiento. Frente a esto, yo me pregunto: ¿si lo recaudado no alcanza, por qué siguen incrementando el número de burócratas con la creación de nuevos e ineficientes ministerios, secretarías y otras pseudo-instituciones que necesitan cantidades despampanantes de personal y recursos? Digo que son ineficientes puesto que solamente contribuyen a alimentar el voraz clientelismo de la clase política de Guatemala y no benefician en casi nada (o en nada) a quienes están obligados a mantener esta estructura, los tributarios, grupo que está conformado sólo por el 10% de la población económicamente activa y que genera el 90% de los ingresos fiscales (según datos obtenidos por la Fundación para el Desarrollo de Guatemala); un grupo que se quedará igual o incluso disminuirá debido a que la aprobación de un presupuesto desfinanciado y de nuevos impuestos representa un incentivo para “salirse del sistema”.En Guatemala, el nivel de endeudamiento está a punto de sobrepasar el 26% sobre el PIB y esto se debe principalmente a que durante los últimos setenta años, Guatemala ha adoptado el modelo de gobierno de Estado Benefactor, que cada vez aferra más funciones para sí mismo. Con el afán de sufragar estas funciones que se han ido agregando ilegítimamente, año con año los guatemaltecos hemos visto cómo los burócratas van agrandando el presupuesto y con éste, el endeudamiento. Consecuentemente, cada año se destinan más fondos para el pago de esta deuda. Parece ya un círculo vicioso de nunca acabar.

Así mismo, los 106 parlamentarios que aprobaron este presupuesto, afectarán al sector más pobre de la población, puesto que serán ellos quienes tendrán que pagar dos nuevos tributos. El primero es un tributo sobre la distribución de cemento que incrementó de 1.5 quetzales a 5 quetzales por bolsa (de 0.20 USD a 0.63 USD). Éste es un impuesto que, a todas luces, no castigará tanto a grandes empresas constructoras sino a todas aquellas familias pobres que desean construir su casa. Por otro lado, se aprobó un impuesto a la telefonía que afectará a más del 50% de la población que posee un teléfono móvil, dado que aproximadamente 6 millones, de los 12 millones de guatemaltecos que poseen un teléfono celular, pagan solamente 5 quetzales al mes (0.63 USD) por el servicio. El nuevo impuesto que se decretó fue de la misma cantidad, es decir que para aquellos usuarios de bajos ingresos que solo pagan por el servicio la cantidad mencionada, el costo se duplicará a 10 quetzales (1.26 USD) dejándolos fuera del mercado. Este último impuesto no solo es dañino por lo establecido anteriormente sino porque pone en riesgo el estatus de libertad que poseía este sector comercial, caracterizándose por ser uno de los más libres (de impuestos y regulaciones) de toda América y la actividad más competitiva que existe en Guatemala.

A todo lo anterior vale agregar que una gran parte de este presupuesto servirá para pagar los estrafalarios salarios de los políticos guatemaltecos, además de la malversación y despilfarro que ya se volvió común, de otra parte y para sufragar funciones ilegítimas que promueve el Estado guatemalteco como todo buen estatista. Estado que vale la pena recordar, no produce absolutamente nada y les quita por la fuerza a los trabajadores, empresarios y creadores.

Tenemos ante nosotros a una Hidra de Lerna a la que cada cierto tiempo le crece otra cabeza debido a su voraz e insaciable apetito. Un Estado al que se debe poner un alto. La única vía que se puede tomar es la de limitar al mínimo el poder del que gozan actualmente los gobernantes, recordándoles que están para servir y no para servirse, y que su única función legítima es la de proteger la libertad, propiedad y vida de todos. Recordemos que como dijo Mises, “El gobierno no puede hacer al hombre más rico, pero sí puede hacerlo más pobre”.

 

 

 

La imagen ilustra a Hércules luchando contra una Hidra de Lerna. Fue tomada de Wikimedia Commons con fines ilustrativos.