Lo que es (I)

El presente artículo fue publicado en la revista digital PERSPECTIVA el 17 de junio de 2015.

 

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Guatemala está en medio de la crisis sociopolítica más profunda después de la de aquel año ’93. Aunque muchos han tratado de achacarle al sistema  capitalista  la causa todos los problemas  que existen, que van desde la pobreza  hasta la corrupción,  debe quedar claro que tales premisas no pasan de ser puro palabrerío sin fundamento y desinformado.

Lo que sí es cierto, es que nuestra nación ha probado un poco de todo, desde la opresión de una teocracia maya, la de  una monarquía católica, gobiernos autoritarios conservadores, hasta llegar a lo que tenemos hoy en día: un Estado Benefactor-Mercantilista. Un monstruo que se empezó a incubar en Guatemala en el año de 1945 con la creación de una Constitución  a la medida de los caprichos más no derechos de muchos que no imaginaron o decidieron ignorar las consecuencias que su sistema tendría en un futuro.

El Estado benefactor-mercantilista está conformado por dos modelos predominantes como lo indica su nombre. En dos entregas explicaré en que consiste cada uno y cuales son sus consecuencias, con el objetivo de describir  lo que el sistema imperante en Guatemala es. En una tercera se explicará lo que el sistema no es y debería ser si lo que estamos buscando es alcanzar la prosperidad y el desarrollo.

Empecemos por el mercantilismo. Con brevedad se puede decir que es  un sistema en el que la competencia, la propiedad privada y el mercado en sí mismo, son controlados por el Estado en beneficio (y por presiones) de pequeños grupos de poder. Anulando así el desarrollo económico según la productividad y el esfuerzo de un emprendedor, para convertirlo en un ejercicio meramente político en el que pseudo-empresarios y funcionarios públicos trabajan en conjunto para  ambos obtener un beneficio parasitario a costa de los que generan riqueza.

Los mercantilistas hacen uso de mecanismos sutiles pero directos que se legitiman en la pervertida ley para incrementar su patrimonio. Medios que ante la opinión pública se presentan como nobles, pero que de nobles solo tienen el adjetivo. Son principalmente burocráticos-arancelarios o de tipo concesional.

Por mecanismos de carácter burocráticos-arancelarios, me refiero directamente a las aduanas. Las mencionadas se presentan como el método ideal para “proteger la economía nacional”. Existen incluso ingenuos que las defienden a capa y espada, aparentemente sin comprender lo que estas  realmente representan.  Las aduanas NO protegen la economía nacional; protegen la economía de los que no son lo suficientemente productivos y capaces para superar la oferta de otros que son verdaderamente emprendedores; afectando así la economía de los más pobres y de los que están dispuestos a esforzarse y crear.

¿Cómo me atrevo a aseverar lo anterior? Es simple, fijémonos en el hipotético caso de don Pedro, un pequeño empresario que desea importar zapatos de China con un costo por par de 150 Quetzales. Por otro lado, tenemos a doña María y los 14 accionistas de una corporación que fabrica zapatos en Guatemala y cuyo precio  por par es de 160  Quetzales. Con el objetivo de proteger la “economía nacional”, el Estado fija un arancel del 15% a la importación de zapatos, cobra un 12% en materia de impuesto al valor agregado y establece  seis documentos de importación[1].  De esta forma, el precio  de los zapatos de don Pedro resulta siendo de casi 200 Quetzales y los de doña María se mantienen en 160. Don Pedro no puede emprender su negocio pues la rentabilidad del mismo ha sido anulada por el Estado y muchos individuos que podrían haber comprado zapatos a un precio más accesible, se quedarán sin hacerlo.

Por otro lado, el mecanismo concesional es otro al que ya estamos habituados. El Estado procede de forma ilegal  a contratar servicios o adquirir bienes de empresas que sobrevaloran los precios. No importa si existe una oferta a u menor precio y de mejor calidad; si la empresa con el precio sobrevalorado es del tío, primo, hermano o del mismo político, el contrato es para ellos. Tal y como sucedió con el contrato en el que el Ministerio Gobernación pagó 184.7 millones de Quetzales en sobrevaloración de video vigilancia o con las mochilas que costaron a los tributarios más de 74 millones de Quetzales  y para empeorar la situación, duraron a los estudiantes menos de una semana por la pésima calidad de las mismas.

Sintetizando, el mercantilismo un sistema clientelar que,  como lo describió la filósofa Ayn Rand, permite la proliferación de “criminales por derecho y saqueadores por ley – hombres que utilizan la fuerza para apoderarse de la riqueza de víctimas desarmadas”.

Dejo al análisis del lector interpretar que otras consecuencias ha tenido el malicioso mercantilismo en Guatemala. En la siguiente entrega ahondaremos en  las aguas putrefactas de lo que es el Estado Benefactor, para así generar un panorama de por qué este imperio de naipes en un momento iba a caer. Desde  ya algo debe quedar claro,  en Guatemala no existe ni ha existido nunca un sistema capitalista.

[1] Según datos obtenidos en una investigación presentada por el Centro de Estudios Económico Sociales .

Monstruoso Apetito Estatal

 

Hidra

Por José Fernando Orellana Wer

El presente artículo fue pubicado el 15/12/2014 en la página Web de Estudiantes por la Libertad.

 

Hace medio siglo, la novelista inglesa Taylor Caldwell publicó una obra literaria dedicada a la vida de uno de los más destacados políticos que han existido. En el libro “La Columna de Hierro”, la autora relata la historia del gran Senador Marco Tulio Cicerón, quién intentó salvar la República antes de que esta cayera en manos de quién la destruyó: el emperador Julio César. En este momento me viene a la memoria una importante cita del texto mencionado que dice así:

“Éste [Cicerón] se mostraba de acuerdo con él [Antonio] en que el presupuesto debe equilibrarse, el tesoro tendrá que volver a llenarse, la deuda pública debe ser disminuida, la arrogancia de los funcionarios debe ser moderada y controlada, y la ayuda a los pobladores de tierras extranjeras tendrá que eliminarse para que Roma no vaya a la bancarrota. El pueblo debe aprender nuevamente a trabajar, en lugar de vivir a costa de la República”.

No es por mera casualidad que recuerdo esta frase, sino porque hace poco en mi país, Guatemala, los parlamentarios aprobaron en menos de tres minutos, -sí, tres minutos-, elpresupuesto general para el financiamiento del gasto público del año que viene. Un presupuesto de aproximadamente USD $8,825 millones, cuya cuarta parte será financiada con emisión de deuda a través de bonos, préstamos y nuevos impuestos que afectarán principalmente a las personas de escasos recursos.
Por otro lado, los políticos se escudan detrás de una falacia que establece que la recaudación de tributos no es suficiente debido a la evasión fiscal y a la cantidad de individuos que trabajan en el sector “informal”, y que por tal motivo es necesario la aprobación de más endeudamiento. Frente a esto, yo me pregunto: ¿si lo recaudado no alcanza, por qué siguen incrementando el número de burócratas con la creación de nuevos e ineficientes ministerios, secretarías y otras pseudo-instituciones que necesitan cantidades despampanantes de personal y recursos? Digo que son ineficientes puesto que solamente contribuyen a alimentar el voraz clientelismo de la clase política de Guatemala y no benefician en casi nada (o en nada) a quienes están obligados a mantener esta estructura, los tributarios, grupo que está conformado sólo por el 10% de la población económicamente activa y que genera el 90% de los ingresos fiscales (según datos obtenidos por la Fundación para el Desarrollo de Guatemala); un grupo que se quedará igual o incluso disminuirá debido a que la aprobación de un presupuesto desfinanciado y de nuevos impuestos representa un incentivo para “salirse del sistema”.En Guatemala, el nivel de endeudamiento está a punto de sobrepasar el 26% sobre el PIB y esto se debe principalmente a que durante los últimos setenta años, Guatemala ha adoptado el modelo de gobierno de Estado Benefactor, que cada vez aferra más funciones para sí mismo. Con el afán de sufragar estas funciones que se han ido agregando ilegítimamente, año con año los guatemaltecos hemos visto cómo los burócratas van agrandando el presupuesto y con éste, el endeudamiento. Consecuentemente, cada año se destinan más fondos para el pago de esta deuda. Parece ya un círculo vicioso de nunca acabar.

Así mismo, los 106 parlamentarios que aprobaron este presupuesto, afectarán al sector más pobre de la población, puesto que serán ellos quienes tendrán que pagar dos nuevos tributos. El primero es un tributo sobre la distribución de cemento que incrementó de 1.5 quetzales a 5 quetzales por bolsa (de 0.20 USD a 0.63 USD). Éste es un impuesto que, a todas luces, no castigará tanto a grandes empresas constructoras sino a todas aquellas familias pobres que desean construir su casa. Por otro lado, se aprobó un impuesto a la telefonía que afectará a más del 50% de la población que posee un teléfono móvil, dado que aproximadamente 6 millones, de los 12 millones de guatemaltecos que poseen un teléfono celular, pagan solamente 5 quetzales al mes (0.63 USD) por el servicio. El nuevo impuesto que se decretó fue de la misma cantidad, es decir que para aquellos usuarios de bajos ingresos que solo pagan por el servicio la cantidad mencionada, el costo se duplicará a 10 quetzales (1.26 USD) dejándolos fuera del mercado. Este último impuesto no solo es dañino por lo establecido anteriormente sino porque pone en riesgo el estatus de libertad que poseía este sector comercial, caracterizándose por ser uno de los más libres (de impuestos y regulaciones) de toda América y la actividad más competitiva que existe en Guatemala.

A todo lo anterior vale agregar que una gran parte de este presupuesto servirá para pagar los estrafalarios salarios de los políticos guatemaltecos, además de la malversación y despilfarro que ya se volvió común, de otra parte y para sufragar funciones ilegítimas que promueve el Estado guatemalteco como todo buen estatista. Estado que vale la pena recordar, no produce absolutamente nada y les quita por la fuerza a los trabajadores, empresarios y creadores.

Tenemos ante nosotros a una Hidra de Lerna a la que cada cierto tiempo le crece otra cabeza debido a su voraz e insaciable apetito. Un Estado al que se debe poner un alto. La única vía que se puede tomar es la de limitar al mínimo el poder del que gozan actualmente los gobernantes, recordándoles que están para servir y no para servirse, y que su única función legítima es la de proteger la libertad, propiedad y vida de todos. Recordemos que como dijo Mises, “El gobierno no puede hacer al hombre más rico, pero sí puede hacerlo más pobre”.

 

 

 

La imagen ilustra a Hércules luchando contra una Hidra de Lerna. Fue tomada de Wikimedia Commons con fines ilustrativos.