Monstruoso Apetito Estatal

 

Hidra

Por José Fernando Orellana Wer

El presente artículo fue pubicado el 15/12/2014 en la página Web de Estudiantes por la Libertad.

 

Hace medio siglo, la novelista inglesa Taylor Caldwell publicó una obra literaria dedicada a la vida de uno de los más destacados políticos que han existido. En el libro “La Columna de Hierro”, la autora relata la historia del gran Senador Marco Tulio Cicerón, quién intentó salvar la República antes de que esta cayera en manos de quién la destruyó: el emperador Julio César. En este momento me viene a la memoria una importante cita del texto mencionado que dice así:

“Éste [Cicerón] se mostraba de acuerdo con él [Antonio] en que el presupuesto debe equilibrarse, el tesoro tendrá que volver a llenarse, la deuda pública debe ser disminuida, la arrogancia de los funcionarios debe ser moderada y controlada, y la ayuda a los pobladores de tierras extranjeras tendrá que eliminarse para que Roma no vaya a la bancarrota. El pueblo debe aprender nuevamente a trabajar, en lugar de vivir a costa de la República”.

No es por mera casualidad que recuerdo esta frase, sino porque hace poco en mi país, Guatemala, los parlamentarios aprobaron en menos de tres minutos, -sí, tres minutos-, elpresupuesto general para el financiamiento del gasto público del año que viene. Un presupuesto de aproximadamente USD $8,825 millones, cuya cuarta parte será financiada con emisión de deuda a través de bonos, préstamos y nuevos impuestos que afectarán principalmente a las personas de escasos recursos.
Por otro lado, los políticos se escudan detrás de una falacia que establece que la recaudación de tributos no es suficiente debido a la evasión fiscal y a la cantidad de individuos que trabajan en el sector “informal”, y que por tal motivo es necesario la aprobación de más endeudamiento. Frente a esto, yo me pregunto: ¿si lo recaudado no alcanza, por qué siguen incrementando el número de burócratas con la creación de nuevos e ineficientes ministerios, secretarías y otras pseudo-instituciones que necesitan cantidades despampanantes de personal y recursos? Digo que son ineficientes puesto que solamente contribuyen a alimentar el voraz clientelismo de la clase política de Guatemala y no benefician en casi nada (o en nada) a quienes están obligados a mantener esta estructura, los tributarios, grupo que está conformado sólo por el 10% de la población económicamente activa y que genera el 90% de los ingresos fiscales (según datos obtenidos por la Fundación para el Desarrollo de Guatemala); un grupo que se quedará igual o incluso disminuirá debido a que la aprobación de un presupuesto desfinanciado y de nuevos impuestos representa un incentivo para “salirse del sistema”.En Guatemala, el nivel de endeudamiento está a punto de sobrepasar el 26% sobre el PIB y esto se debe principalmente a que durante los últimos setenta años, Guatemala ha adoptado el modelo de gobierno de Estado Benefactor, que cada vez aferra más funciones para sí mismo. Con el afán de sufragar estas funciones que se han ido agregando ilegítimamente, año con año los guatemaltecos hemos visto cómo los burócratas van agrandando el presupuesto y con éste, el endeudamiento. Consecuentemente, cada año se destinan más fondos para el pago de esta deuda. Parece ya un círculo vicioso de nunca acabar.

Así mismo, los 106 parlamentarios que aprobaron este presupuesto, afectarán al sector más pobre de la población, puesto que serán ellos quienes tendrán que pagar dos nuevos tributos. El primero es un tributo sobre la distribución de cemento que incrementó de 1.5 quetzales a 5 quetzales por bolsa (de 0.20 USD a 0.63 USD). Éste es un impuesto que, a todas luces, no castigará tanto a grandes empresas constructoras sino a todas aquellas familias pobres que desean construir su casa. Por otro lado, se aprobó un impuesto a la telefonía que afectará a más del 50% de la población que posee un teléfono móvil, dado que aproximadamente 6 millones, de los 12 millones de guatemaltecos que poseen un teléfono celular, pagan solamente 5 quetzales al mes (0.63 USD) por el servicio. El nuevo impuesto que se decretó fue de la misma cantidad, es decir que para aquellos usuarios de bajos ingresos que solo pagan por el servicio la cantidad mencionada, el costo se duplicará a 10 quetzales (1.26 USD) dejándolos fuera del mercado. Este último impuesto no solo es dañino por lo establecido anteriormente sino porque pone en riesgo el estatus de libertad que poseía este sector comercial, caracterizándose por ser uno de los más libres (de impuestos y regulaciones) de toda América y la actividad más competitiva que existe en Guatemala.

A todo lo anterior vale agregar que una gran parte de este presupuesto servirá para pagar los estrafalarios salarios de los políticos guatemaltecos, además de la malversación y despilfarro que ya se volvió común, de otra parte y para sufragar funciones ilegítimas que promueve el Estado guatemalteco como todo buen estatista. Estado que vale la pena recordar, no produce absolutamente nada y les quita por la fuerza a los trabajadores, empresarios y creadores.

Tenemos ante nosotros a una Hidra de Lerna a la que cada cierto tiempo le crece otra cabeza debido a su voraz e insaciable apetito. Un Estado al que se debe poner un alto. La única vía que se puede tomar es la de limitar al mínimo el poder del que gozan actualmente los gobernantes, recordándoles que están para servir y no para servirse, y que su única función legítima es la de proteger la libertad, propiedad y vida de todos. Recordemos que como dijo Mises, “El gobierno no puede hacer al hombre más rico, pero sí puede hacerlo más pobre”.

 

 

 

La imagen ilustra a Hércules luchando contra una Hidra de Lerna. Fue tomada de Wikimedia Commons con fines ilustrativos.

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La solución no es “Despistolizar”

El presente artículo fue publicado en Guate Activa el 9 de septiembre de 2014

Mientras el ojo del huracán mediático se encuentra en el caso de Lima Oliva,  se le ha hecho poco énfasis a las peligrosas declaraciones vertidas por el Ministro de Gobernación López Bonilla hace unos días. El señor ministro explícitamente dijo que “se deben sacar todas las armas del escenario para detener la violencia. El eje principal para terminar con la delincuencia es DESPISTOLIZAR a los guatemaltecos”. Aclaro, el termino despistolizar no existe en la Real Academia Española, sin embargo, podemos interpretar que se refiere a desarmar totalmente a la población.

Recurrir al inefectivo remedio de siempre: pasar una ley. Como si los delincuentes, que son quienes hacen mal uso de estas armas, fuesen obedientes y acaten toda ley que se promulgue. Esta ley es peligrosa por el simple hecho de que desarma a los ciudadanos correctos y deja las armas en manos de los delincuentes. El derecho a la defensa propia es esencial, especialmente en un país como el nuestro dónde hay sicarios y asesinos por doquier. Es necesario que entendamos que lo peligroso no son las armas sino algunas personas que las utilizan. Los asesinos no piensan en una ley que prohíbe el uso de armas cuando matan y por el contrario, se aprovechan de estas leyes para atacar a ciudadanos que ante el inminente peligro no pueden defenderse.

Decía Cesar Beccaria —precursor del derecho penal— que la prohibición de contar con armas es lo mismo que “prohibir el uso del fuego porque quema o el agua porque ahoga. Las leyes que prohíben el uso de armas son de la misma naturaleza: desarman a quienes no están inclinados a cometer crímenes. Leyes de ese tipo hacen las cosas más difíciles para los asaltados y más fáciles para los asaltantes, sirven para estimular el homicidio en lugar de prevenirlo ya que un hombre desarmado puede ser asaltado con más seguridad por el asaltante”.

Por otro lado, no fue meramente por pura casualidad que en la Cuba de los Castro, la Alemania Nazi, la Rusia de Stalin, la Italia fascista, la China de Mao, entre muchos otros gobiernos opresores, lo primero que se hizo fue prohibir la tenencia de armas. ¿Qué mejor que tener a la población desarmada para que no se pueda revelar?

Pero pongámonos en el caso de que la prohibición no es con el fin de poder oprimir a la población sino con la “buena intención” de reducir la delincuencia. La evidencia nos demuestra que esta política no ha funcionado. A continuación tres ejemplos:

 Gran Bretaña, 1997. La portación de armas se prohíbe totalmente. La         violencia por armas de               fuego se ha incrementado un 40% desde aquel     entonces.

   La NAS (Academia Nacional de Ciencias de EEUU)   analizó 253 estudios             académicos, 100                   libros y 43 diarios          estatales que            contenían, entre       todas, 80 medidas para la     prohibición          de armas de fuego   dentro de       territorio norteamericano. Les fue imposible                 identificar una sola  regulación que haya reducido la violencia,        el crimen o los       suicidios.

 Australia. Doce años tras la implementación de el decreto que prohibía la             portación de                     armas, la revista TIME, reportó que “fue un desperdicio de           dinero público y no ha logrado                   diferencia alguna en la tasa de muertes             relacionadas a las armas”.

Por el contrario, Suiza e Israel ocupan el primer puesto en cuanto a la portación de armas se refiere y se encuentran entre los países con los niveles más bajos de crimen.      

Se puede decir entonces, que desarmar a la población civil es contraproducente si el fin es reducir el índice de violencia en la nación. Por otro lado, se fomentaría el crecimiento del mercado negro de armas sin controles de quienes las pueden llegar a poseer  y se violaría el derecho básico a defendernos ante el uso de la fuerza física por parte de otros, utilizando un arma de fuego. Una DESPISTOLIZACIÓN como la que el señor ministro propone, le facilitaría el trabajo a los delincuentes al disminuir la capacidad de defensa por parte de las víctimas.

Esperemos pues, que no caigamos en los mismos errores de siempre y que los gobernantes entiendan que la delincuencia se combate acabando con la impunidad, no multiplicando las leyes.

¿Tortillas GMO?

 

Como es muy común en Guatemala, la gente tiende a opinar sin estar realmente informada. Especialmente cuando se trata de opinar sobre leyes, la mayor parte de puntos de vista están basados en lo que dicen que dijo fulano. La ley que causo discordia esta semana y que casi nadie leyó, fue la Ley sobre obtenciones Vegetales, vulgarmente llamada, Ley Monsanto.

 Para emitir una opinión informada, con los pelos de la burra en la mano, leí las 15 páginas de la ley mencionada (la pueden encontrar aquí ). En resumen, la ley pretende proteger el derecho a la propiedad intelectual, el derecho sobre la creación, de NUEVAS variedades de semillas vegetales. Estas variedades desarrolladas deben ser NUEVAS y DISTINTAS a cualquier variedad ya existente y deben ser registradas como tal. No está refiriéndose a todo el maíz, ni está hablando solamente del maíz. Se refiere a toda aquella semilla  que ha sido modificada genéticamente en un laboratorio. Aclaro, ningún agricultor será forzado a comprar estas semillas. Incluso, es mas sensato para estos agricultores conservar las semillas de sus cosechas para volverlas a sembrar.

Respeto el derecho de cada quien a oponerse al consumo de alimentos genéticamente modificados, pero, de eso a exigir cual si bebe berrinchudo que no se permita la siembra de este tipo de alimentos, hay una brecha muy grande. Exigir la prohibición de la siembra de los GMOs, por sus siglas en ingles, es igual de malo que pedirle al Estado que prohíba las drogas, el alcohol, las sodas carbonatadas, entre muchas otras cosas más. Es pedir que el Estado se vuelva más grande. Está bien si quiere proponer que se le exija a estas empresas que etiqueten sus alimentos transgénicos. Pero en caso esto no se lleve a cabo y usted no quiera dañar su cuerpo con transgénicos, entonces no los compre y no los cultive y siembre usted su propio huerto. La solución debe estar en usted y no en el Estado.

Por otro lado, el hombre tiene y debe tener derecho al producto de su mente una vez que este adquiere una forma material. Es decir, una invención tiene que ser plasmada en un modelo físico antes de poder ser patentada; un cuento tiene que ser escrito o impreso antes de ser patentado. Pero al final, lo que las patentes o derechos de autor protegen no es el objeto físico en sí, sino la idea que él encarna. Y este es el único objetivo de esta ley o por lo menos así debería ser.

Digo que debería ser porque nadie puede dejar de preguntarse por qué diantres dentro de esta ley, que por principio no tiene nada de malo, decidieron los diputados asignarle una ampliación presupuestaria de 550 millones de Quetzales a un ministerio que ni cerca esta de tener relación con esta ley. Y ¡oh  sorpresa!, resulta que los millones van para el ministerio que dirige el precandidato presidencial del partido oficial. Si, aquel  que dicen que “esta fisiquín”.

A lo que voy con todo esto es al hecho de que antes de alegar informémonos y luego de hacerlo critiquemos lo que realmente se debe criticar, en este caso la ampliación del presupuesto para el Ministerio de Comunicaciones y no la defensa de la propiedad intelectual.

 

 

La imágen fue tomada de Google con fines ilustrativos.

Why republic?

La siguiente reflexión la escribí con motivo de la eliminatoria para la Olimpiada Nacional de Filosofía. La escribí en inglés por el mismo motivo.

Throughout history, man has gone through periods in which he has experimented with different ways of governing societies. In contemporary times, the two forms of government that have been used are republic and democracy, the latter leading all states that have used it, to failure. Assuming that democracy is only a system for choosing leaders is a mistake. Democracy is a form of despotic rule that believes that the wishes of the majority are the only pattern to measure good and evil, that everything that the majority decides is right.

 

Democracy fosters the debauchery of society’s moral code, the tyranny of the majority, the dictatorships legitimized with the popular vote. That was the conclusion of authors such as Aristotle, Cicero, Tocqueville and the founding fathers of the United States because it is a system in which your work, your property, your mind, your freedom, and your life are at the mercy of any faction or gang that meets the majority vote for the purpose that they want. The Russian author Ayn Rand tells us that

“Democracy is a system of unlimited sovereignty of the majority; the classic example is ancient Athens. Its symbol is the fate of Socrates, who was condemned to death because most did not like what he was saying, even though he had not initiated force against anyone or violated anyone’s rights.”

So we can say that democracy, in essence, is a form of collectivism, which denies individual rights: the majority can do whatever it wants with no restrictions.

 

Paraphrasing John Adams, a republic is the empire of laws and not of men, and that’s the moral justification of this political system. In a republic the purpose of the law is to protect the rights of citizens and the limit of the law are the same rights.  The achievement “common good” or “general welfare” in a republic falls within the preservation of civil order which is accomplished by the compliance of universal standards of right conduct that allow each citizen to achieve their private affairs without being disturbed. Thus, it is in the “public interest” (res publica) that this order is  ruled by law and not men, excluding any bias or private interest, eliminating  any  faction’s struggle to gain any privileges that a republican government can’t grant because the laws support the  public interest and they benefit “all the people”. This is why Jean Jacques Rousseau said that “the legislature (laws) belongs to the people and can’t belong to anyone but to them;” thus, the sovereignty is of all the people and therefore no minority or majority can legislate on the rights of other individuals.

 

 On the other hand, one should not confuse democracy with the right to universal suffrage. Both in a democracy and a republic there exists voting. However the right to vote in a republic is a consequence, not a primary cause of the free social system, and its value depends on the constitutional structure that strictly limits the power of the voters. Aristotle stated unequivocally that a majority vote is not the epistemological validation of an idea. Voting is simply a politically correct mechanism – within a sphere of strict and constitutionally limited action – to choose the practical means of implementing the basic principles of a society. But these principles are not determined by voting. Thus, by voting, individual rights in a republic are outside the scope of the public authorities, and the sphere of political power is severely restricted. More specifically, in a republic, the popular vote will never justify a crime universally desired by a majority. As it is in the case in Venezuela, where Maduro’s government claims legitimacy of violating the rights of Venezuelans because his gang was democratically elected. Do you think that’s right? It’s like the husband who justifies mistreating and beating his wife because she married him willingly. In short terms, a democracy allows a tyranny by a mob.

 

Murray Rothbard rightly established that freedom is incompatible with democracy. Since freedom is necessary for man to live, the right government is the one that protects the freedom of individuals. The one that recognize and protect the rights of its own people to life, liberty, property, and the pursuit of happiness. The one that identifies and punish those who violate the rights of its citizens. But above all, the one who’s power is precisely defined, so that neither the government nor any mass that wants to achieve state power can be able to take out the freedom of its citizens. The one that grants that individual freedom is untouchable. The one in which the life of every man is still his and he is free to live (while reciprocally respecting the freedom of others to do the same). This kind of government isn’t a democracy, it’s a republic limited by a constitution.

 

So, why a republic and not a democracy? Because a republic establishes the legal conditions for the citizens to be virtuous, while a democratic state necessarily leads to vicious behavior and moral perversion of individuals. Because a republic is founded on moral principles of right conduct, while democracy is based on the arbitrary and despotic will of the majority. Because a republic is based on mutual respect between citizens, while democracy  isn’t. Because a republic uses the government as a weapon to protect the rights of citizens, while democracy allows factions to use the government as a weapon to violate the rights of a minority. Because democracy perverts the law instead of protecting the life, liberty, and property of citizens, while using it to attack them. Because a republic is an association of free men who want to live a virtuous life in harmony, while a democracy perverts citizens to become an association of thieves who want to live off the plunder of others, legitimizing looting  by  calling it “social justice”.

 

For all of that.

 

 

La imágen ilustra el envenenamiento de Sócrates. Fue tomada de Wikimedia Commons con fines ilustrativos.

 

¿Y si todos fueran libertarios?

Por José Fernando Orellana Wer

¿Quién no querría menos coerción del gobierno y más libertad? ¿Quién no considera que “todos los hombres son creados iguales y poseen  derechos inalienables, que entre éstos están la vida , libertad y la búsqueda de la felicidad” como dijo Thomas Jefferson? La mayor parte de personas lo creen y están mas cerca de ser libertarios de lo que se imaginan. El libertario insiste en la libertad personal, un gobierno limitado y un sistema económico laissez faire. Hablemos un poco sobre por qué alguien debería ser libertario.

En primer lugar, vamos a discutir el amor del libertario por la libertad individual. La mayoría de las personas estarían de acuerdo en que para ser libre, se debe poder elegir lo que quieres hacer con tu vida y cuándo hacerlo. Los libertarios se esfuerzan para conseguir mediante su propio esfuerzo el mejor de los mundos – un abundante mundo libre, tranquilo, donde cada individuo tenga la máxima oportunidad de perseguir sus sueños y alcanzar su pleno potencial. Con la ausencia de limitaciones coercitivas, una sociedad sería fuente de armonía, abundancia y tendría la libertad de elegir su propio destino. La mejor manera de resumir el punto sobre la libertad personal es el siguiente: los libertarios creemos que cada persona es dueña de su propia vida y de su propiedad y que tiene el derecho de tomar sus propias decisiones en cuanto a la forma en que vive su vida -mientras respete el derecho de los demás a hacer lo mismo y sus acciones no repercutan negativamente en la vida de otros.

Esto nos lleva a cómo los libertarios vemos la economía. Nosotros creemos en la libertad económica tanto como lo hacemos sobre la libertad personal. Promovemos el libre mercado en el que la única intervención del estado consista proteger los derechos individuales y la propiedad privada. Una economía que tiene una tremenda movilidad ascendente en la que se puede nacer en la miseria y morir en la cumbre del éxito. Aquí es donde aparece un famoso grito de guerra de los libertarios- laissez faire. Según la leyenda esta frase viene de cuando Louis XV se dirigió a un a un grupo de comerciantes, diciéndoles “¿Cómo puedo ayudarles?” Ellos respondieron: “Laisseznous faire, laissez passer-nous. Le monde va de lui-même”. (“Dejanos hacer, dejanos en paz. El mundo funciona por sí mismo”.)
Esta fue una declaración muy fuerte en el siglo XVIII. Esta premisa expresada con valentía nos dice que el mundo es libre y funciona bien hasta que los hombres interfieren en los que no tienen por qué. El mundo no necesita un gobernante; necesita la libertad de ser lo que el mercado necesita que sea. Se ha demostrado a lo largo de la historia que los momentos más prósperos han sido cuando ha habido la menor interferencia con la libertad personal y cuando las regulaciones fueron las mínimas.

Pasando por la libertad economica e individual llegamos al gobierno limitado. Podemos encontrar los inicios del gobierno limitado, y otros ideales libertarios, en el libro “Tao Te Ching”. Se cree que fue escrito en el siglo VI aC por Lao-tzu, a quien se considera el primer libertario registrado en la historia. He aquí unos versos magistrales del libro:

“Cuantas más prohibiciones haya,
cuanto más pobre la gente va a ser.

Cuantas más leyes se promulguen,
más ladrones y bandidos habrá” .

Hoy la situacion no es diferente. Al igual que no podemos gravarnos a nosotros mismos en la prosperidad, no podemos legislarnos a nosotros mismos en el éxito y la felicidad. Lo mejor y más eficiente a lo largo de la historia ha sido vivir y dejar vivir. Como Lao-tzu también dice: “La gente se muere de hambre, porque los de arriba comen demasiados granos en impuestos. Esa es la única razón por la que se mueren de hambre. Las personas son difíciles de mantener en orden porque sus superiores interfieren en sus relaciones. Esa es la única razón por la que son tan difíciles de mantener en orden”. Cuando el mundo se deje a sus propias leyes naturales, el hombre encontrará la armonía. Cuando el gobierno se limite a las funciones para las que fue creado, a proteger a los individuos de el abuso sobre su libertad, propiedad o vida por parte de otros, podremos alcanzar la prosperidad.

¿No deberia ser el vivir en paz y armonía, la meta de toda persona moral y ética? El Libertario cree que sí. Así, el liberalismo es una combinación de libertad, responsabilidad y tolerancia. La libertad nos permite vivir la vida que elegimos vivir. Con la libertad viene la responsabilidad de no iniciar el uso de la fuerza contra los demás, excepto en momentos de defensa personal. Con la responsabilidad viene la tolerancia para poder honrar y respetar las decisiones de vida de los demás, no importa quiénes son o en qué creen.

¿Cuál es el futuro para el libertario? Bueno, una cosa está clara para mí. Estamos en el fin del mundo tal como lo conocemos. Nuestros nietos obtendrán su orden por métodos inimaginables; nuestro legado para ellos debe ser un paisaje virtual abierto a todas las posibilidades que puedan probar. Seamos antepasados ​​para ellos tan grandes como Jefferson y Montesquieu lo son para nosotros. Dejemoles la libertad. Ellos decidiran que tan valientes son para mantenerla. Y por último, entendamos que no somos propiedad de nadie ni otros son de nuestra propiedad. Ningún hombre es un medio sacrificable para los fines de otro, por muy ‘loables’ que sean los fines.

Imagen tomada de Taxation is Theft con fines ilustrativos