Reflexiones de un año (y poco más) frente a los micrófonos

screen-shot-2017-01-07-at-08-32-39

Recuerdo ese 5 de marzo de 2015 como si hubiera sido ayer. Salí del colegio a medio día, emocionado y nervioso, muy nervioso, hablar en público nunca había sido un problema, pero nunca antes había sido frente a un micrófono que iba a transmitir mis ideas a través de la radio y del internet.

Manejé hasta Geminis 10 y subí al nivel 19. “Libertopolis”  decía la placa de vidrio  en la  entrada de la oficina 1905.

Era mi primera vez en la radio, pero más que eso, era la primera vez que me invitaban a hablar en un programa de Libertopolis. Días antes, la idea de estar sentado frente a un micrófono en esa estación de radio  que tanto me gustaba escuchar, y a cuyos conductores tanto admiraba (cosa que sigo haciendo) por ser  de los de los pocos líderes de opinión pública que defendían las ideas de la libertad en Guatemala, era tan solo una lejana ilusión.

Con el paso de los meses las invitaciones a los programas se fueron haciendo más frecuentes, colaboré cubriendo las elecciones  desde diferentes centros de votación y en octubre del 2015,  Raul Contreras me invitó a formar parte del equipo de conducción de Así es La Vida, uno de los programas que se transmiten en Libertopolis.

En enero del año recién pasado, se me dio la oportunidad de empezar a conducir Contravía PM. Habiendo cumplido ya un año de estar conduciendo de manera “oficial” un programa de radio , estoy convencido de que no me equivoqué al aceptar esa oportunidad.

La pregunta más frecuente que he recibido por parte de muchas personas es acerca de por qué dedico mi tiempo a conducir un programa de radio, de hecho yo mismo me hice esa pregunta desde mucho antes, cuando decidí empezar a dar la batalla de las ideas publicando artículos en mi blog. La respuesta que he dado desde el inicio ha sido muy parecida a la que Ragnar Danneskjöld le da a Hank Rearden  (heroes ficticios de la novela “La Rebelión de Atlas”) en esta escena  del libro:

Hank Rearden (HR): “No será usted uno de esos condenados altruistas que pasan su tiempo en aventuras no redituables económicamente y que arriesgan su vida simplemente para servir a los demás?”

Ragnar Danneskjold (RD): “No, Sr. Rearden, invierto mi tiempo en mi propio futuro. Cuando seamos libres y empecemos a reconstruir nuestras ruinas, presenciaré cómo el mundo renace con la máxima rapidez posible. Si entonces existe capital activo en las manos adecuadas, en las manos de nuestros mejores y más productivos hombres, ello representará un ahorro de tiempo para el resto, y paralelamente, siglos para la historia del país. ¿Se preguntó lo que usted significa para mí? Significa todo cuanto admiro, todo cuanto quisiera ser el día en que el mundo resulte un lugar adecuado para personas así; es todo lo que quiero, aun cuando éste sea el único modo de relacionarme con usted y de poderle ser útil en el presente.”

HR: “¿Por qué?”

RD: “Porque mi único amor, el único valor por el que me interesa vivir, es uno que nunca fue apreciado por la sociedad y nunca se ganó su reconocimiento, ni tuvo amigos ni defensores: la capacidad humana.

La batalla de las ideas que he dado a través de medios escritos y audiovisuales ha sido motivada por mi propio interés de poder perseguir mis propósitos  en paz, viviendo en una sociedad en la que todos sean libres de cooperar con quienes deseen y el único límite para la acción individual sea el respeto por los derechos individuales de terceros.

En ese constante y permanente proceso que representa la búsqueda de la verdad, ese proceso que empieza al tomar la decisión de pensar y por entender que es el intelecto el que tenemos que adecuar a la realidad y no a la inversa, llegué a la conclusión  de que para lograr lo anterior, son las ideas de la razón y el capitalismo las que han de prevalecer en la mente de las personas. Difundiendo estas ideas ayudamos a otros en ese proceso de buscar la verdad y en consecuencia estamos “invirtiendo nuestro tiempo en nuestro propio futuro”.

 Por ello, estar atrás de un micrófono o de una pluma es una tremenda responsabilidad que requiere un enfoque permanente en evitar las contradicciones y buscar siempre la objetividad, siendo intelectualmente honestos para reconocer nuestros errores cuando nos equivocamos.

En este año también he aprendido  que parte fundamental en la causa por la libertad es hacer las preguntas correctas y  expresarnos utilizando los términos correctos, pues de ello depende la claridad en el mensaje que deseamos transmitir.

En este tiempo, también he aprendido a evaluar mejor cuales son las batallas que quiero dar y las discusiones en las que me quiero involucrar, pues así como hay algunas en las que nosotros (o quienes nos escuchan y leen) podemos aprender, existen otras que no ameritan nuestro tiempo y esfuerzo como en el caso de los ataques falaces y los comentarios deshonestos y malintencionados.

Considero que también es justo reconocer el mérito de quienes me han influenciado, de aquellos de los que he aprendido y de los que dan la misma batalla que yo he decidido dar. Por cuestiones de espacio no puedo mencionar a todos pero tal es el caso de mi papá, mi primera y mayor influencia que me introdujo al mundo de las ideas de la libertad; mi mamá, quien no se pierde un solo programa y nunca ha perdido una oportunidad para aconsejarme que puedo mejorar; a Marta Yolanda Díaz-Durán, Jorge Jacobs, Maria Dolores Arias y Estuardo Zapeta, quienes confiaron en mí y me dieron la oportunidad de dar la batalla de las ideas desde los micrófonos del único medio disidente de Guatemala, el único medio que no cede ante la corrección política del establishment y cuyo equipo está comprometido con la verdad y la libertad; a Raúl Contreras, amigo y maestro que me permitió formar parte del equipo de conductores de Así es la Vida y de quien aprendí técnicas de expresión fundamentales para estar detrás de un micrófono, empezando por la autenticidad;   a Juan Francisco Rodríguez y Alejandro Baldizon, mis compañeros de conducción; y en fin, a todo el equipo de Libertopolis.

¡Vamos por un año más de defender y difundir  las ideas  de una sociedad de personas libres y responsables!

Publicado el 8 de enero de 2017 en Lucidez Heterogénea.

Anuncios

Que la mano invisible dicte el veredicto

El presente artículo fue publicado el 30 de julio de 2016 en República.Gt.
13625383_263992370645082_956274167297078031_nUn monopolio artificial es una concesión otorgada por el gobierno a una entidad para que esta tenga el privilegio de ser la única en el mercado en ofertar un producto o servicio. La inmoralidad de los monopolios legales reside en que se le concede a un oferente el privilegio de no tener competencia pues esta ha sido anulada por la vía de la ley y la fuerza, limitando la acción voluntaria de cada individuo.

Sin competencia, quienes tienen un monopolio legal responden a una serie de incentivos que están alineados de tal forma que no deben trabajar por ofrecer un servicio de mejor calidad, a un precio competitivo que se logra al hacer los procesos productivos más eficientes.

Los monopolios legales son perversos, pero son aún peores cuando son públicos, pues ofrecen el bien o servicio sin arriesgar nada, utilizando dinero que ha sido tomado por vía de la fuerza. No hay evidencia empírica más adecuada para ejemplificar el fracaso de los monopolios que el que posee el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social. Basta con que leamos las noticias o que hablemos con un par de afiliados para que nos enteremos del servicio de pena que presta esta entidad.

La solución para que esta situación cambie no está en hacer constantes rotaciones en la junta directiva del IGSS, tampoco en aprobar reglamentos internos anticorrupción y mucho menos en sentarnos a esperar a que los trabajadores y empresarios -a los que les cuesta ganarse lo que tienen- sigan depositando en ese barrilito sin fondo el dinero para su seguro de asistencia médica y de jubilación.

La solución está en ponerle competencia al IGSS.

Si los empleadores y trabajadores van a ser forzados a pagar por su seguro de asistencia médica y de jubilación, por lo menos debe dárseles la legítima libertad de elegir con quien quieren contratarlo.

“Están destruyendo la conquista social de Arévalo” dirán algunos, “esto solo busca beneficiar a quienes prestan servicios de pensiones y de asistencia médica” reclamarán otros, y no estarán sino muy lejos de la verdad. A quienes busca beneficiar esta solución es a las personas productivas a las que el IGSS les cuesta demasiado y les ofrece muy poco pues además del precario servicio, la rentabilidad de las cotizaciones desembolsadas a lo largo de toda una vida laboral es lamentable, incrementando notablemente el costo de oportunidad que significa ser parte -por la fuerza- del sistema público de pensiones.

Los beneficios de esta desmonopolización serían cuantiosos. Por un lado, a la usanza del exitoso programa chileno de Administradoras de Fondos de Pensiones implementado por Jose Piñera, se le permitiría a cada trabajador escoger la entidad privada en la que capitalizarán sus ahorros así como su modalidad de pensión, teniendo como consecuencia un aumento en las tasas de ahorro de nuestro país.

Asimismo, la libre competencia elevaría el nivel de la asistencia médica pues quienes presten el servicio tendrán los incentivos para que este sea uno eficiente y de calidad debido a que el capital que está en riesgo sería el propio, y buscarán prestarlo a precios incluso hasta más accesibles que los que actualmente dispone deliberadamente el IGSS.

Atrevámonos a cuestionar el status quo pues si ese monopolio estatal legado por Juan José Arévalo es tan bueno, ¿por qué el miedo a las entidades privadas que también podrían administrar fondos de jubilación y de asistencia médica? Pongámosle competencia al IGSS, quitémosle de las manos a los políticos la seguridad de la jubilación de los trabajadores y dejemos que sea la “mano invisible” la que decida quién es el mejor.

Sin Fronteras

El presente artículo fue publicado el sábado 24 de octubre de 2015 en el diario elPeriódico.

En este momento dale play al video que observas al inicio de este post. Es la grabación en tiempo real del planeta Tierra desde la Estación Espacial Internacional. ¿Observas alguna línea, muro o barrera que naturalmente divida los segmentos de tierra dentro de los bloques continentales? ¿No las ves? Yo tampoco. No existen y como especie humana no deberíamos necesitar ningún tipo de permiso para cruzar estas divisiones artificialmente concebidas.

A través de la historia, las civilizaciones han definido límites territoriales dentro de los que han establecido su respectiva jurisdicción. Pero estos límites únicamente se justifican en medida en que su objetivo sea la creación de las condiciones ideales para que cada individuo pueda prosperar. En otras palabras, el sistema jurídico-gubernamental de una nación es legítimo si y solo si su propósito es garantizar a cada quien el derecho a vivir, a poder disponer de si mismo y de los recursos que posee a su voluntad, y a disfrutar del producto de su esfuerzo y su cooperación con los demás miembros de su sociedad.

Sin embargo, lo mencionado anteriormente ha sido desvirtuado y quienes han detentado el poder político han utilizado la legislación para dar validez legal al imperio de pandillas de saqueadores protegidas constitucionalmente. Han manipulado masas con el fin de hacerles creer que el gobierno es “dueño” del país.

Partiendo de esa última premisa, los gobiernos han justificado toda medida para prohibir el libre ingreso de individuos provenientes de otras regiones al territorio bajo su jurisdicción, bloquear el libre intercambio de bienes y servicios entre ciudadanos de diferentes naciones e incluso someter con todo tipo de regulaciones a sus propios habitantes. Pero esta premisa no puede estar más alejada de la realidad, jurisdicción no es sinónimo de propiedad y cada persona tiene derechos como individuo, no como miembro de tal o cual nación. Tenemos derechos individuales, no en virtud de ser guatemaltecos, japoneses o australianos sino en virtud de ser humanos.

Si te interesa continuar la discusión sobre las fronteras que limitan la inmigración, de barreras que fomentan el estancamiento económico, de regulaciones que limitan tu expresión y de políticas que no permiten tu desarrollo individual, estás invitado a participar en la Conferencia Regional de Estudiantes por la Libertad Guatemala: Sin Fronteras.

Una tarde de foros, paneles y conferencias breves en las que expertos podrán compartir contigo todo lo que saben acerca de estos temas. Se llevará a cabo el sábado 7 de noviembre de a partir de las 14:30 hrs en el Teatro de Don Juan ubicado en la 7ma avenida 5-37 zona 1 de la Ciudad de Guatemala.

Regresando a la Edad de Piedra

El presente artículo fue publicado el 28 de septiembre de 2015 en el diario elPeriódico.

nowobservethatinallthe0apropagandaoftheecologistse28094amidst0aalltheirappeals0atonatureandpleas0afo-defaultMuy calladitos y sin chistar palabra los burócratas del organismo ejecutivo promulgaron en febrero dos acuerdos gubernativos (60 y 61-2015) que le confieren al Ministerio de Ambiente (MARN) la autoridad de regular toda actividad productiva que “atente contra el equilibrio ecológico”.

La legislación tipifica 555 categorías de actividades -desde tortillerías artesanales hasta cultivos de café- que por fuerza deben gastar en un estudio de impacto ambiental para presentarle al MARN y que este autorice o no la prevalencia de las mismas. Es en estos últimos meses que el mencionado Ministerio ha empezado a hacer uso de ese jugoso paquete de poder que le fue otorgado.

En primer lugar, la calidad de vida de la que disfrutamos hoy no sería posible si ese “equilibrio ecológico” no estuviese en constante cambio. Toda actividad humana requiere de la modificación del medio ambiente y todo proceso productivo de la eficiente explotación y transformación de recursos naturales. De no ser así, todavía viviríamos como hombres de Neandertal en cavernas y aún viviendo como salvajes, el ambiente sería alterado pues para sobrevivir modificaríamos el ecosistema al matar los animales que comeríamos y contaminaríamos al eliminar los desechos.

Partiendo de allí, los ecologistas ven a la especie humana como un virus que hay que detener, para ello necesitan del uso coercitivo de la regulación y para un funcionario público eso representa más poder discrecional a su alcance.

Permitirle al MARN que regule las actividades productivas es promover la continuidad de un sistema de incentivos perversos en el que los burócratas arbitrariamente decidirán a quién dejan producir. A los que no autoricen, me atrevo a inferir por la evidencia empírica, les cobrarán una extorsión para así otorgarles la licencia.

Los problemas medio ambientales no se resuelven con más legislación. Se resuelven velando por el respeto al derecho individual a la propiedad privada, sancionando a quién contamine la propiedad de otros. ¿Y los recursos naturales “comunales”? Dos soluciones: o se privatizan o se hace pagar al responsable por los daños causados. La primera me parece más apropiada pues todo empresario buscará la eficiencia y prevalencia del recurso en el que se basa su producción.

Este tipo de políticas son perniciosas y dañinas, en cualquier país pero más aún en uno como Guatemala en el que gran parte de la población vive en la pobreza. No solo nos expolian el producto de nuestro trabajo a través de impuestos sino ahora pretenden entorpecer más el proceso productivo y poner otra carga sobre todos los guatemaltecos trabajadores.

Es malvado defender el “equilibrio medioambiental” a costa del sacrificio humano. Quedarnos callados ante estos desmanes de poder es empedrar el camino de servidumbre por el que todos terminaremos caminando.

 

*En el enlace  se encuentra el vínculo a su reproducción en la web de El Instituto Independiente.

“Criminales inocentes”

prisoner-hands

“¿Cuáles son los pueblos más felices, más morales y más apacibles? Son aquellos en que menos interviene la ley en la actividad privada, donde menos se hace sentir el gobierno”.

Frèdèric Bastiat

 Toda ley auténtica debe basarse en los derechos individuales a la vida, libertad y propiedad; derechos “negativos” que sancionan la libertad de acción de un hombre en el contexto social; y principios que legitiman el derecho de todo individuo a vivir libre de la iniciación de la fuerza física en su contra.

Bajo esta concepción de la ley, el crimen existe solamente donde hay actor y víctima. Si un actor no ha iniciado la fuerza contra la vida o propiedad de otro, no hay fundamento para considerar lo que ha hecho como una violación de la ley.

En ese caso, un “crimen sin víctimas” es una contradicción de términos. Cuando las personas actúan haciéndose daño a sí mismas, sin duda es una inmoralidad, mas no una ilegalidad. Para vivir y prosperar, el individuo necesita la libertad para tomar decisiones y aceptar las consecuencias de ellas. Muchos individuos rara vez se encuentran en posición de saber mejor que el actor si una acción sería beneficiosa o no en el contexto completo de su vida, pues el actor es, después de todo, el que único que tendrá que vivir con las consecuencias de sus acciones. Desde la drogadicción y alcoholismo hasta la prostitución son ejemplos del día a día, de las actividades que se sancionan sin que existan terceros afectados.

Habrá quienes aleguen que las acciones dentro de los derechos de uno mismo tienen efectos sociales. Vivimos en una sociedad compleja basada en la división del trabajo y la cooperación voluntaria, por lo que prácticamente todo lo que hacemos implica a otros de una manera u otra. Siempre y cuando se respeten los derechos, cada persona está conectada en una cadena que reconoce que otros poseen un derecho moral a existir por su propio bien y que son seres humanos independientes al igual que uno mismo.

Los gobiernos paternalistas violan los derechos de las personas al institucionalizar la prohibición de actos sin víctimas. De esta forma, obstaculizan el proceso del pensamiento humano y la elección que permite a los individuos y las civilizaciones prosperar. En otras palabras, colocar la coerción entre la mente de una persona y sus acciones es prohibir el pensamiento racional, lo que a largo plazo representa socavar y destruir la vida humana en sí misma.

La base moral de un sistema político justo son los derechos individuales. Esto significa que uno tiene el legítimo derecho a obrar mal e inmoralmente dentro de la esfera individual. Pero, más importante aun, que uno tiene el derecho de hacer lo que es correcto, en la medida de la propia capacidad, según el juicio de uno mismo, para beneficio propio y para el bien de las personas y todo aquello que uno ama.

 

¡Ya basta!

 
 

selfownership01

Este sábado 2 de mayo se realizará la marcha mundial de la marihuana. Su objetivo central es promover la lucha por la legalización de tal narcótico y del resto de substancias arbitrariamente prohibidas por el gobierno de los Estados Unidos. Cuestión que se puso sobre la mesa al inicio de la administración de Pérez Molina, pero como es costumbre en Guatemala, pasó de moda a las pocas semanas y la situación siguió siendo exactamente la misma.

La guerra contra las drogas se sigue cobrando con exorbitantes cantidades de dólares y de vidas. Pero la culpa no es de la droga ni de los adictos a ella… Es de los adictos al paternalismo del Estado que claman por que viole la libertad del individuo y les imponga a todos un estilo de vida que, a su criterio, es el mejor.

 

Hágase la siguiente pregunta sencilla y directa, respondiéndose únicamente con un sí o no: ¿Es el Estado el dueño del cuerpo del individuo? La respuesta de un hombre racional sería negativa, pues reconoce que solamente el individuo puede tomar decisiones sobre su cuerpo.

Si su respuesta a la pregunta fue afirmativa, usted es parte de los adictos dependientes del Estado, y las soluciones que este ha dado a sus exigencias han llevado a la muerte a miles de personas. Pues si el intercambio voluntario de estas sustancias no fuera ilegal, no habría posibilidad alguna de que se desarrollaran enfrentamientos armados entre los comerciantes de estas y las fuerzas armadas del Estado o entre los mismos comerciantes. El producto se intercambiaría de la misma forma como se hace con el pan, y los comerciantes competirían como lo hacen los diferentes panaderos.

Citando a John Stuart Mill, “la humanidad gana más al dejar a los demás vivir como les parezca bien, que obligando a cada uno a vivir como le parezca bien al resto”. No es deber del Estado proteger al individuo de su propia estupidez. Si un individuo quiere comer en exceso, beber vino desmedidamente, autoflagelarse e inhalar cocaína, tiene el absoluto derecho de hacerlo, ya que es parte de su condición como individuo libre, siempre y cuando no dañe a un tercero en el acto.

El último recurso al que recurren los adictos al Estado para defender la prohibición, es el factor de la mal llamada “salud pública”. Afirman deliberadamente que, si se legaliza la droga, el consumo aumentará y consecuentemente se incrementará la cantidad de enfermos que necesiten ser tratados por el sistema público. La respuesta es simple, el fruto del trabajo ajeno no debe utilizarse para atender a quienes por voluntad adquirieron un vicio.

La celebración de esta marcha nos recuerda que debemos luchar la batalla de las ideas en defensa de la libertad individual, contra los adictos más peligrosos que existen. ¡Ya basta con la perversa adicción al paternalismo estatal!

 

 

La imagen es parte de la campaña de Estudiantes por la Libertad “End The Drug War”. En este enlace podrás encontrar más información, artículos e imágenes sobre ella.

 

Romper las cadenas

Mi primer artículo publicado en el matutino elPeriódico el 27 de febrero de 2015 en mi columna de opinión titulada “Romper las cadenas”.

prometeo12

Cuenta Esquilo en una de sus tragedias, que existió un hombre llamado Prometeo quien fue castigado por los dioses del Olimpo por traerle el fuego a los hombres y enseñarles a ser dioses. Prometeo fue sometido y encadenado pero pudo romper las cadenas para pararse victorioso en el umbral de la libertad. Pero llegó el día en que los hombres a los que él había dado la luz, lo traicionaron y abandonaron la llama que habían recibido.

Individuos como Prometeo han existido siempre, sujetos que le han dicho a los hombres que la única forma de romper las cadenas que los atan es utilizando la razón pues esta es nuestro único medio para poder vivir. Pero las personas les han hecho caso omiso y han continuado viviendo una vida mística, poniendo el interés colectivo sobre el derecho individual, permitiendo ser esclavizados para los fines de otros y sacrificando a otros para sus fines.

Los sucesores de Prometeo son y han sido pocos. Individuos que con estoicismo han buscado romper todas las cadenas de la Tierra pero que han sido condenados por los mismos esclavos. Son personas que han reconocido en la productividad una virtud y que proclaman que su vida es su más alto estándar de valor. Son hombres y mujeres que se han atrevido a cuestionar las premisas en las que creen o que les han hecho creer, rompiendo las cadenas que atan su mente.

Hijos de Prometeo son todos aquellos que han defendido el derecho individual a la vida, propiedad y libertad. Los que se han atrevido a defender la única filosofía que permite el logro de la paz pues ante todo, se basa en el respeto hacia los demás. Se les ha dicho sin cesar que defienden a la derecha e incluso que son aliados de la izquierda pero quienes aseveran esto están equivocados. Los individuos que han intentado continuar con el legado de Prometeo están contra el colectivismo de ambas posturas ideológicas, contra el mercantilismo de la derecha y el estatismo altruista de la izquierda. Los sucesores de Prometeo no son neoliberales, ni oligarcas, ni conservadores, ni fascistas; son liberales y punto. Son defensores del individuo y de los derechos que posee no gracias al Estado, ni a un ente sagrado, ni a un tirano sino a la condición que tenemos como humanos. Pero el liberalismo que estos individuos defienden no es un dogma ni una ideología ciega sino una conclusión de creencias que está abierta a constante evaluación y cambio.

Lograr una sociedad de personas libres, responsables, productivas y racionales, que reconozcan el valor de hombre como un fin en sí mismo, no es tarea fácil. Se requiere de valor para pensar y actuar pues es más sencillo no hacer nada y luego obtener consecuencias perversas y no deseadas. Atrevámonos a cuestionarnos y a ser los sucesores de Prometeo ya que usando la razón, usted y yo, podemos romper las cadenas.

Le agradezco al artista Walter Peter por permitirme utilizar su obra “Prometeo Liberado” como imagen representativa de mi columna. La elegí pues esta escultura es una oda a la razón y a la libertad.