Walter Peter: Un Gigante del Arte Guatemalteco

El presente artículo fue publicado el 13 de enero de 2015 en el sitio WEB de Estudiantes por la Libertad.

“Howard Roark levantó un templo para el espíritu humano. Vio al hombre como un ser orgulloso, fuerte, limpio, inteligente y valeroso. Vio al hombre como un ser heroico, y construyó un templo de acuerdo a este ideal. Un templo es un lugar donde el hombre debe experimentar exaltación. Pensó que la exaltación procede de la conciencia de no tener culpa, de procurar la verdad y conseguirla, de vivir según las mayores posibilidades del individuo, de no conocer ninguna vergüenza, de no tener motivo para avergonzarse, de ser capaz de mostrarse desnudo a plena luz del sol. Pensó que la exaltación significa felicidad y que la felicidad es un derecho natural del ser humano. Pensó que un lugar construido como un escenario del hombre, es un lugar sagrado.”

-Ayn Rand-

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Si el personaje de la novela El Manantial de Ayn Rand, Howard Roark, existiera y si fuera un escultor nacido en Guatemala, seguramente su nombre sería Walter Peter Brenner (izquierda).

Nació en Guatemala en 1965. Inspirado por su padre, Walter Peter Koller, comenzó pintando obras de arte naturalista a los diez años. Siete años más tarde vendió su primer pintura. Inició su formación profesional estudiando arquitectura en la Universidad Francisco Marroquín y en el tercer año de estudios viajó a Suiza, donde por los días trabajaba como piloto aviador y por las noches tomaba cursos de escultura en la Escuela de Bellas Artes de Zürich. En 1993 decidió volver a Guatemala y fundó su academia Ars Artis, la cual dirige junto a su esposa, otra maravillosa artista, María Fernanda de Peter. Actualmente Walter dedica la mitad de su tiempo a impartir clases en su academia y la otra parte la dedica a la escultura y pintura profesional, “aunque la escultura es mi debilidad” como él mismo dice.

Walter define el arte utilizando la definición primeramente planteada por Aristóteles y reformulada por Ayn Rand y dice que “el arte es la recreación selectiva de la realidad según los juicios de valor metafísicos del artista”. Puesto de manera más simple, es la recreación de la realidad según la filosofía de quien escribe, pinta o esculpe. El artista recrea algo que conoce. ¿Cómo es esa recreación? Precisamente uno selecciona un aspecto de la realidad y lo representa, lo repite de manera simbólica. Dice Walter que al hacer eso “se representa una manera de ver las cosas, un ideal, pero no un ideal platónico, es un ideal de cómo crees tú que deberían de ser las cosas, como debería de ser la vida, como debería de ser el hombre, cuál es tu sentido de vida. Lo que el artista está representando, es una visión de cómo deberían ser las cosas de manera perfecta. Aristóteles le llamaba una imitación de la realidad pero no copiada sino recreada”. En este sentido, el arte le permite al individuo plasmar ideas y conceptos de forma concreta.

Decía Rand que “existen dos aspectos de la existencia del hombre los cuales son un territorio especial y expresión de su sentido de la vida: el amor y el arte”. Derivado de lo anterior, se puede decir que la función del arte público (aquel que está en museos, galerías, plazas, etc.) es que aquel que contemple la obra pueda disfrutar de ver un ideal que comparte o de su sentido de vida, representado de una manera física figurativa.

A lo anterior agrega Walter que “el estándar, el límite, de lo que es y no es arte es el entendimiento. En el momento en que una obra deja de entenderse deja de ser arte. Esto debido a que la definición objetiva es que arte es la recreación de una visión, de una filosofía. Si tu lo que recreas es nada entonces no es nada. Pueden haber grados de abstracción, mientras tu estés entendiendo la figura.” Por ejemplo, una obra compuesta solamente por líneas pero sin una forma precisa puede que represente algo para quien la hizo pero será incomprensible para todo aquel que la vea, consecuentemente no es arte sino un simple ornamento.

Walter Peter, como paladín de la defensa de los principios racionales y la objetividad de los valores, afirma que la belleza debe estar presente en una obra de arte para ser considerad arte o buen arte. La belleza se entiende como la integración armónica de las partes con el todo, a lo que Walter agrega que “toda la vida el concepto ha estado basado en el principio de armonía. Belleza es opuesto a caos. A mayor armonía mayor belleza. A menor orden menor belleza. La belleza es totalmente objetiva, la belleza es o no es; cuando hay caos no hay belleza y cuando hay orden hay belleza”.

Habiendo establecido la teoría del arte que defiende Walter Peter, podemos hablar de la visión filosófica que su obra recrea, ese Romanticismo Heroico como él mismo lo define. Todas y cada una de las esculturas del artista comunican que el hombre, cada hombre, debe ser un fin en sí mismo. Para lograrlo, el hombre debe practicar virtudes que le ayuden a alcanzar su valor más alto, su vida y consecuentemente alcanzar la felicidad, ese “estado de alegría no contradictoria por haber alcanzado los propios valores”, como lo definía Rand, logrado por el poder que tenemos de usar el máximo poder de nuestra mente. Sus magnánimas esculturas afirman sin vergüenza que el logro productivo del individuo es su actividad más noble y que solamente utilizando la razón podemos enfrentar la realidad. Sus esculturas gritan a los cuatro vientos que el individuo es el único con el poder de controlar su destino y niegan la existencia de fuerzas que lo opriman hacia finales inciertos. Su obra es una celebración orgullosa al espíritu humano.

Para poder escribir sobre cada obra de Walter tendríamos que escribir un libro por lo que describiré brevemente tres de ellas:

Amanecer: El Gigante de Cayalá

La obra escultórica más grande del artista hasta el momento. Tallado en mármol, un gigante emergiendo de la tierra con gesto de satisfacción y con una llave en su mano derecha representando la racionalidad como virtud necesaria para alcanzar nuestros propósitos. El artista escribió una leyenda sobre el origen del Gigante vinculada con otra escultura que se encuentra a unos metros, cuyo nombre es Curiosidad. La obra se encuentra en el centro comercial Paseo Cayalá en Guatemala.

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Dueño de tu propio destino

La escultura y su nombre hablan por sí solos. Fundida en bronce a la cera perdida. Un individuo con gesto estoico, tallándose a sí mismo con firmeza, forjando su destino en libertad, escogiendo la forma en que se talla, sin pedirle ayuda a nadie y alcanzando la meta que alguna vez se trazó.Es parte de la colección privada de Walter Peter.

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Prometeo liberado

La obra favorita de Walter y su primera obra escultórica de gran tamaño. En la tragedia de Esquilo, Prometeo fue quien robó el fuego del Olimpo y lo entregó a los humanos. De la misma forma el artista representó el fuego en las barbas y la cabellera de la escultura, simbolizando la llama de la razón. Walter dice que Prometeo Liberado es un tributo a la libertad, que es alcanzada a través de la lucha y lealtad a nuestros valores”. Fue elaborada en cemento pulido y se encuentra en el Puerto de Iztapa en Guatemala.

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En este link podrás encontrar muchas más fascinantes obras de Walter Peter.

Al igual que sus esculturas, Walter Peter es un gigante, un coloso en la defensa de los principios racionales y los valores objetivos, la búsqueda de la verdad y la lucha por la libertad. Haber podido conocer y conversar con Walter, es haber conocido a un grande de la talla de Miguel Angel, a un maestro en la escultura de monumentales obras que además de ser bellas y poseer proporciones perfectas, nos recuerdan que, como escribió Ayn Rand, “el mundo que deseas puede ser ganado, existe, es real y posible; es tuyo”.

La fotografía principal me la tome junto a Walter el día que visité su estudio. Las otras imágenes fueron tomadas del sitio Web de Walter Peter (walterpeter.com) y del blog de WaseemSYED.

De piñata a bacanal

Por José Fernando Orellana Wer

El presente artículo fue publicado en la página Web de GUATE ACTIVA el 27 de octubre de 2014.

Escándalos aquí, desorden allá y caos por donde quiera que veamos. El gobierno de Guatemala ha caído tan bajo como para comparársele, ya no con una piñata sino con una perpetua fiesta bacanal. Entiéndase que la comparación se debe al carácter primitivo de la celebración, al desorden total que imperaba durante la temporada y por ser una festividad donde se planeaban muchas clases de crímenes y conspiraciones mezquinas. Allí donde lo vemos la comparación, lastimosamente, queda como anillo al dedo. Y es que el populismo es el traje de gala que portan los organizadores del jolgorio y es el culpable de haber tirado por la borda ya, la institucionalidad del Estado guatemalteco.

Pero, ¿por qué parece tan importante portar el populismo como traje de gala en esta celebración? La respuesta es bastante obvia: porque degrada al ciudadano ignorante al nivel de convertirlo en un adicto al paternalismo de quienes lo promueven. Transforma al ciudadano sin educación, en un ente servil que entregará sus derechos y su dignidad sin chistar palabra, a cambio de obtener algo que necesita en el momento.

Para muestra un botón: el causante de esa expresión de barbarie que se vivió el día martes 22 de octubre en las afueras del Palacio Legislativo, donde una turba fue dirigida por el oficialismo para boicotear el inicio de la sesión plenaria, no fue nada más que el populismo que apareció como un vendedor de droga ante el adicto, ofreciéndole a pobladores pusilánimes vender su dignidad y dejar fluir sus más bajos instintos a cambio de unos cuantos centavos y un almuerzo.

Pero el traje que suelen portar los políticos durante el bacanal corrompe no solo a gente ignorante sino que parece extender ese miserable atractivo por todos los estratos sociales. Algunos empresarios deciden dejar sus principios para poder volverse dependientes de las dádivas del Estado. La estrategia de estos vividores que ansían hacer dinero fácil, pasando por encima de la libre competencia, consiste en besarle los pies al populista de turno. Traduciéndose en favores que van desde la monopolización de mercados por decreto, impuestos especiales, entre muchas otras ocurrencias más.

Y esta parranda es de nunca acabar pues el mismo Estado se ve en la necesidad de aumentar su poder y burocracia para poder influenciar a más para que se les unan. Toda acción del Estado se convierte en un artilugio para intensificar el paternalismo clientelista, para incrementar ese juego en el que papá Estado le regala para obtener su voto a cambio, expresándose en unas futuras elecciones donde no se elije a quien gobernará mejor sino al que regalará más.

Por otro lado, no se puede dejar de fuera el discurso. El de los populistas participantes del desenfrenado culto al dios romano del placer Baco, quienes no disfrutan del placer carnal como en la festividad original, sino del placer de tener poder sobre otros. La oratoria de estos está plagada de inventiva, de promesas ridículas e imposibles y de victimización. Parafraseando a la activista guatemalteca Gloria Álvarez, en el discurso de los políticos latinoamericanos la razón y la lógica no tienen cabida. Ofrecen un túnel que atraviese la montaña, “pero aquí no hay montaña”, entonces pasan a prometerles la montaña. “Que mi negocio no funciona”, entonces también le prometen un subsidio, uno que será sufragado con el dinero que el populista dice que obtendrá del “rico, del que tiene, del explotador, del capitalista salvaje” pues las “mayorías explotadas, las masas, el pobre pueblo de Guatemala” se lo merecen. Insisto, discurso inventivo, falaz, ridículo y por sobre todo, victimizador. Como diría Orwell “intentan darle solidez al viento”.

Este desastre hay que pararlo. Pero ¿cómo terminar con esta adicción generalizada a apegarse al populismo? La respuesta está en reconocer que la evidencia empírica nos demuestra que lo único que un sistema de estos logra, es la generalización de la miseria, en darnos cuenta que más allá del discurso del político, sus intereses individuales siempre prevalecerán. Al populismo debemos combatirlo sin desmayo y con argumentos reducir el dañino paternalismo estatal. La tarea es una por la que vale la pena luchar y si aún no se convence pregúntese: ¿Cuál es la lógica de seguir implorando por un malvado líder que nos diga cómo vivir nuestras vidas y se aproveche de nosotros?

La imágen es una obra William-Adolphe Bouguereau titulada “La juventud de Baco”. Fue tomada de Wikimedia Commons

¿Y si todos fueran libertarios?

Por José Fernando Orellana Wer

¿Quién no querría menos coerción del gobierno y más libertad? ¿Quién no considera que “todos los hombres son creados iguales y poseen  derechos inalienables, que entre éstos están la vida , libertad y la búsqueda de la felicidad” como dijo Thomas Jefferson? La mayor parte de personas lo creen y están mas cerca de ser libertarios de lo que se imaginan. El libertario insiste en la libertad personal, un gobierno limitado y un sistema económico laissez faire. Hablemos un poco sobre por qué alguien debería ser libertario.

En primer lugar, vamos a discutir el amor del libertario por la libertad individual. La mayoría de las personas estarían de acuerdo en que para ser libre, se debe poder elegir lo que quieres hacer con tu vida y cuándo hacerlo. Los libertarios se esfuerzan para conseguir mediante su propio esfuerzo el mejor de los mundos – un abundante mundo libre, tranquilo, donde cada individuo tenga la máxima oportunidad de perseguir sus sueños y alcanzar su pleno potencial. Con la ausencia de limitaciones coercitivas, una sociedad sería fuente de armonía, abundancia y tendría la libertad de elegir su propio destino. La mejor manera de resumir el punto sobre la libertad personal es el siguiente: los libertarios creemos que cada persona es dueña de su propia vida y de su propiedad y que tiene el derecho de tomar sus propias decisiones en cuanto a la forma en que vive su vida -mientras respete el derecho de los demás a hacer lo mismo y sus acciones no repercutan negativamente en la vida de otros.

Esto nos lleva a cómo los libertarios vemos la economía. Nosotros creemos en la libertad económica tanto como lo hacemos sobre la libertad personal. Promovemos el libre mercado en el que la única intervención del estado consista proteger los derechos individuales y la propiedad privada. Una economía que tiene una tremenda movilidad ascendente en la que se puede nacer en la miseria y morir en la cumbre del éxito. Aquí es donde aparece un famoso grito de guerra de los libertarios- laissez faire. Según la leyenda esta frase viene de cuando Louis XV se dirigió a un a un grupo de comerciantes, diciéndoles “¿Cómo puedo ayudarles?” Ellos respondieron: “Laisseznous faire, laissez passer-nous. Le monde va de lui-même”. (“Dejanos hacer, dejanos en paz. El mundo funciona por sí mismo”.)
Esta fue una declaración muy fuerte en el siglo XVIII. Esta premisa expresada con valentía nos dice que el mundo es libre y funciona bien hasta que los hombres interfieren en los que no tienen por qué. El mundo no necesita un gobernante; necesita la libertad de ser lo que el mercado necesita que sea. Se ha demostrado a lo largo de la historia que los momentos más prósperos han sido cuando ha habido la menor interferencia con la libertad personal y cuando las regulaciones fueron las mínimas.

Pasando por la libertad economica e individual llegamos al gobierno limitado. Podemos encontrar los inicios del gobierno limitado, y otros ideales libertarios, en el libro “Tao Te Ching”. Se cree que fue escrito en el siglo VI aC por Lao-tzu, a quien se considera el primer libertario registrado en la historia. He aquí unos versos magistrales del libro:

“Cuantas más prohibiciones haya,
cuanto más pobre la gente va a ser.

Cuantas más leyes se promulguen,
más ladrones y bandidos habrá” .

Hoy la situacion no es diferente. Al igual que no podemos gravarnos a nosotros mismos en la prosperidad, no podemos legislarnos a nosotros mismos en el éxito y la felicidad. Lo mejor y más eficiente a lo largo de la historia ha sido vivir y dejar vivir. Como Lao-tzu también dice: “La gente se muere de hambre, porque los de arriba comen demasiados granos en impuestos. Esa es la única razón por la que se mueren de hambre. Las personas son difíciles de mantener en orden porque sus superiores interfieren en sus relaciones. Esa es la única razón por la que son tan difíciles de mantener en orden”. Cuando el mundo se deje a sus propias leyes naturales, el hombre encontrará la armonía. Cuando el gobierno se limite a las funciones para las que fue creado, a proteger a los individuos de el abuso sobre su libertad, propiedad o vida por parte de otros, podremos alcanzar la prosperidad.

¿No deberia ser el vivir en paz y armonía, la meta de toda persona moral y ética? El Libertario cree que sí. Así, el liberalismo es una combinación de libertad, responsabilidad y tolerancia. La libertad nos permite vivir la vida que elegimos vivir. Con la libertad viene la responsabilidad de no iniciar el uso de la fuerza contra los demás, excepto en momentos de defensa personal. Con la responsabilidad viene la tolerancia para poder honrar y respetar las decisiones de vida de los demás, no importa quiénes son o en qué creen.

¿Cuál es el futuro para el libertario? Bueno, una cosa está clara para mí. Estamos en el fin del mundo tal como lo conocemos. Nuestros nietos obtendrán su orden por métodos inimaginables; nuestro legado para ellos debe ser un paisaje virtual abierto a todas las posibilidades que puedan probar. Seamos antepasados ​​para ellos tan grandes como Jefferson y Montesquieu lo son para nosotros. Dejemoles la libertad. Ellos decidiran que tan valientes son para mantenerla. Y por último, entendamos que no somos propiedad de nadie ni otros son de nuestra propiedad. Ningún hombre es un medio sacrificable para los fines de otro, por muy ‘loables’ que sean los fines.

Imagen tomada de Taxation is Theft con fines ilustrativos

Déjenlos pasar…

Por José Fernando Orellana

Articulo publicado en el diario República.Gt el 4 de julio del 2014

Esta no es una defensa legal como muchas otras, sino una defensa moral de la eliminación de la barreras de inmigración al territorio de los Estados Unidos de America. Nota: estoy defendiendo la libertad de entrada y residencia, y no la concesión automática de la ciudadanía de EE.UU..

El fin de las barreras de inmigración es exigido por simple principio de derechos individuales, basándonos en que cada persona tiene derechos como individuo, no como miembro de tal o cual nación. Uno tiene derechos, no en virtud de ser estadounidense, pero en virtud de ser humano. Uno no debe de ser residente de ningún país en particular para tener un derecho moral de estar a salvo de la coerción gubernamental en contra de la vida, libertad y propiedad. En palabras de la mismísima Declaración de Independencia de aquel país del norte que hipócritamente rechaza la inmigración ilegal, el gobierno se instituye “para garantizar estos derechos, la libertad, la vida y la búsqueda de la felicidad”-para protegerlos contra su violación por la fuerza o el fraude.

Un extranjero tiene los mismos derechos que un americano. Ser un extranjero no es ser un criminal. Sin embargo, el gobierno de EEUU trata como criminales de aquellos extranjeros que no tienen la suerte de ganar la lotería de visas de trabajo. Buscar empleo en otro país no es un acto criminal. No coacciona a nadie y no viola los derechos de nadie. No hay “derecho” a estar exentos de competencia en el mercado de trabajo o en cualquier otro mercado. No es un acto criminal comprar o alquilar una casa en Estados Unidos para residir. Pagar por vivienda no es un acto coercitivo-siendo el comprador un estadounidense o un extranjero. Los derechos de nadie se violan cuando un hindú, guatemalteco, chino o australiano, alquila un apartamento de un propietario de América y se muda a la vivienda que está pagando. Y ¿qué pasa con los derechos de los ciudadanos estadounidenses que desean vender o alquilar su propiedad al mejor postor? O ¿las empresas estadounidenses que quieren contratar a trabajadores a más bajo costo? Es moralmente indefendible que el gobierno americano viole su derecho a hacerlo, simplemente porque la persona sea de otra parte del planeta.

Las cuotas de inmigración excluyen forzosamente a extranjeros que quieren, no robar, pero comprar una vivienda en ese país, que no quieren vivir de los americanos, sino a participar en el trabajo productivo, elevando su nivel de vida. Haciendo en el mayor de los casos el trabajo que muchos americanos no desean hacer. Excluir por la fuerza a aquellos que buscan pacíficamente el intercambio de valores comerciales es una violación de los derechos de ambas partes en tal intercambio: los derechos del vendedor o empresario estadounidense y los derechos del comprador o empleado extranjero.

La irracional premisa clamada a los cuatro vientos por algunos americanos para continuar con la restricción de entrada de extranjeros es: “Este es nuestro país, nosotros dejamos entrar a los que queremos.” Pero, ¿quién es “nosotros”? El gobierno no es dueño del país. Jurisdicción no es propiedad. Sólo el propietario de una porción de tierra puede decidir los términos de su ingreso o uso. La tierra americana no es la propiedad colectiva de una entidad llamada “el gobierno de EE.UU.”. Tampoco hay tal cosa como la propiedad social-colectiva de la tierra. La afirmación, “tenemos el derecho de decidir quién está autorizado a entrar” significa que algunos individuos-aquellos con la mayoría de votos- tienen el derecho de impedir que otros ciudadanos ejerzan sus derechos. Pero la realidad es que no existe un derecho a violar los derechos de los demás.

Los Padres Fundadores de América determinaron y aplicaron un sistema de derechos porque reconocieron que el hombre, como ser racional, debe ser libre para actuar en su propio juicio y para mantener los productos de su propio esfuerzo. Ellos no tuvieron nunca la intención de establecer un sistema en el que los que nacían en ese país pudiesen usar la fuerza para “protegerse” a sí mismos de la competencia pacífica con los demás.

Los inmigrantes son el tipo de personas que refrescan el espíritu americano. Son ambiciosos, valientes y valoran la libertad. Ellos llegan a EEUU, a menudo sin dinero y sin siquiera hablar el idioma, para buscar una vida mejor para ellos y sus familias. La visión de la libertad americana, con su oportunidad de prosperar mediante el trabajo duro, sirve como un imán de la mejor gente del mundo. Los inmigrantes son auto-seleccionados por sus virtudes: su ambición, la audacia, la independencia y el orgullo. Ellos están dispuestos a dejar de lado las funciones apegadas a la tradición en sus países de origen y de volver a definirse a sí mismos como estadounidenses.Estas son las personas que Estados Unidos necesita con el fin de mantener viva la actitud trabajadora individualista que hizo a América.

He aquí una breve lista de algunos grandes inmigrantes: Ieoh Ming Pei, Neil Armstrong, Cristina Saralegui, Arturo Moreno, Andrew Carnegie, Albert Einstein, y Ayn Rand.

Legitimicen la inmigración hacia su país, americanos: los beneficios son grandes. El derecho, incuestionable. Así que…Déjenlos entrar.

Imagen tomada de DownTrend con fines ilustrativos.