Regresando a la Edad de Piedra

El presente artículo fue publicado el 28 de septiembre de 2015 en el diario elPeriódico.

nowobservethatinallthe0apropagandaoftheecologistse28094amidst0aalltheirappeals0atonatureandpleas0afo-defaultMuy calladitos y sin chistar palabra los burócratas del organismo ejecutivo promulgaron en febrero dos acuerdos gubernativos (60 y 61-2015) que le confieren al Ministerio de Ambiente (MARN) la autoridad de regular toda actividad productiva que “atente contra el equilibrio ecológico”.

La legislación tipifica 555 categorías de actividades -desde tortillerías artesanales hasta cultivos de café- que por fuerza deben gastar en un estudio de impacto ambiental para presentarle al MARN y que este autorice o no la prevalencia de las mismas. Es en estos últimos meses que el mencionado Ministerio ha empezado a hacer uso de ese jugoso paquete de poder que le fue otorgado.

En primer lugar, la calidad de vida de la que disfrutamos hoy no sería posible si ese “equilibrio ecológico” no estuviese en constante cambio. Toda actividad humana requiere de la modificación del medio ambiente y todo proceso productivo de la eficiente explotación y transformación de recursos naturales. De no ser así, todavía viviríamos como hombres de Neandertal en cavernas y aún viviendo como salvajes, el ambiente sería alterado pues para sobrevivir modificaríamos el ecosistema al matar los animales que comeríamos y contaminaríamos al eliminar los desechos.

Partiendo de allí, los ecologistas ven a la especie humana como un virus que hay que detener, para ello necesitan del uso coercitivo de la regulación y para un funcionario público eso representa más poder discrecional a su alcance.

Permitirle al MARN que regule las actividades productivas es promover la continuidad de un sistema de incentivos perversos en el que los burócratas arbitrariamente decidirán a quién dejan producir. A los que no autoricen, me atrevo a inferir por la evidencia empírica, les cobrarán una extorsión para así otorgarles la licencia.

Los problemas medio ambientales no se resuelven con más legislación. Se resuelven velando por el respeto al derecho individual a la propiedad privada, sancionando a quién contamine la propiedad de otros. ¿Y los recursos naturales “comunales”? Dos soluciones: o se privatizan o se hace pagar al responsable por los daños causados. La primera me parece más apropiada pues todo empresario buscará la eficiencia y prevalencia del recurso en el que se basa su producción.

Este tipo de políticas son perniciosas y dañinas, en cualquier país pero más aún en uno como Guatemala en el que gran parte de la población vive en la pobreza. No solo nos expolian el producto de nuestro trabajo a través de impuestos sino ahora pretenden entorpecer más el proceso productivo y poner otra carga sobre todos los guatemaltecos trabajadores.

Es malvado defender el “equilibrio medioambiental” a costa del sacrificio humano. Quedarnos callados ante estos desmanes de poder es empedrar el camino de servidumbre por el que todos terminaremos caminando.

 

*En el enlace  se encuentra el vínculo a su reproducción en la web de El Instituto Independiente.

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XI. No evadirás

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El presente artículo fue publicado en el diario elPeriódico el 11 de abril de 2015

 “Si no pagás tus impuestos sos un egoísta inmoral” “No pagar impuestos es una manifestación clara de codicia” “Tu obligación es tributarle al fisco”. Yo me pregunto ¿desde cuándo tributar se convirtió en un precepto divino?

 El culto a ese abstracto ente llamado Estado es ya tan habitual que muchos le han rendido su cuerpo y su mente, permitiéndole imponer un sistema de expoliación de capital que todo cártel desearía controlar. Seamos honestos, la diferencia entre este organismo que se alimenta de rentas parasíticas y un vil ladrón es la misma que existe entre una daga y un puñal. 

 Todo individuo es dueño de su cuerpo y de su mente. Aquello que sea fruto del esfuerzo de estas dos posesiones primaras le pertenece únicamente a él. Cuando alguien decide tomar ese producto por la fuerza, se llama robo. En el momento en que el Estado pasa a exigir parte de ese producto, negando el derecho del individuo a disfrutar de él, lo reduce a la condición de esclavo, pues ya ni su vida ni su propiedad le pertenecen. En otras palabras, le está robando, y el robo es robo independientemente de quién lo realice. 

 En una sociedad donde se respeten los derechos individuales, las personas estarán anuentes a ceder una porción de sus ingresos con el fin de que el Estado cuente con los recursos para garantizar la seguridad y la justicia. Para velar por que nadie viole el derecho a la libertad, vida o propiedad de otros. 

 “Pero ¿entonces cómo sufragaremos el Estado Benefactor?” Esa es la cuestión, la auto-arrogada monopolización de la solidaridad por parte de los políticos es el argumento que termina con la expropiación impositiva de la población. Este sistema en el que unos viven a costillas de otros necesita legalizar el robo para poder sustentarse. Régimen que conviene solamente al político sin escrúpulos, pues mantiene a los pobres en ese estado con el fin de perpetrarse en el poder, ya que siempre existirá quién necesite amamantarse de sus dádivas. 

 “Bueno pero no podrás negar que pagar tus impuestos es tu obligación por vivir en sociedad“. Una sociedad que desea vivir en paz no usa la fuerza para tomar dinero de unos y dárselo a otros, pues la base de la convivencia pacífica es el respeto. Si lo que deseamos es ser solidarios con otro ─escribí hace un tiempo─  debemos limitarnos al singular de la primera persona y no al plural de la tercera para usar el producto del trabajo ajeno. 

 Entendámoslo, pagar impuestos no es un precepto divino y no pagarlos es moralmente lícito. La única relación de obligatoriedad es espuriamente, de carácter legal y, mientras tales circunstancias no cambien, debemos ser prudentes, ya que como dijo Murray Rothbard: “los individuos deben tratar con el Estado como un enemigo que es, por el momento, más poderoso”.

¿Tortillas GMO?

 

Como es muy común en Guatemala, la gente tiende a opinar sin estar realmente informada. Especialmente cuando se trata de opinar sobre leyes, la mayor parte de puntos de vista están basados en lo que dicen que dijo fulano. La ley que causo discordia esta semana y que casi nadie leyó, fue la Ley sobre obtenciones Vegetales, vulgarmente llamada, Ley Monsanto.

 Para emitir una opinión informada, con los pelos de la burra en la mano, leí las 15 páginas de la ley mencionada (la pueden encontrar aquí ). En resumen, la ley pretende proteger el derecho a la propiedad intelectual, el derecho sobre la creación, de NUEVAS variedades de semillas vegetales. Estas variedades desarrolladas deben ser NUEVAS y DISTINTAS a cualquier variedad ya existente y deben ser registradas como tal. No está refiriéndose a todo el maíz, ni está hablando solamente del maíz. Se refiere a toda aquella semilla  que ha sido modificada genéticamente en un laboratorio. Aclaro, ningún agricultor será forzado a comprar estas semillas. Incluso, es mas sensato para estos agricultores conservar las semillas de sus cosechas para volverlas a sembrar.

Respeto el derecho de cada quien a oponerse al consumo de alimentos genéticamente modificados, pero, de eso a exigir cual si bebe berrinchudo que no se permita la siembra de este tipo de alimentos, hay una brecha muy grande. Exigir la prohibición de la siembra de los GMOs, por sus siglas en ingles, es igual de malo que pedirle al Estado que prohíba las drogas, el alcohol, las sodas carbonatadas, entre muchas otras cosas más. Es pedir que el Estado se vuelva más grande. Está bien si quiere proponer que se le exija a estas empresas que etiqueten sus alimentos transgénicos. Pero en caso esto no se lleve a cabo y usted no quiera dañar su cuerpo con transgénicos, entonces no los compre y no los cultive y siembre usted su propio huerto. La solución debe estar en usted y no en el Estado.

Por otro lado, el hombre tiene y debe tener derecho al producto de su mente una vez que este adquiere una forma material. Es decir, una invención tiene que ser plasmada en un modelo físico antes de poder ser patentada; un cuento tiene que ser escrito o impreso antes de ser patentado. Pero al final, lo que las patentes o derechos de autor protegen no es el objeto físico en sí, sino la idea que él encarna. Y este es el único objetivo de esta ley o por lo menos así debería ser.

Digo que debería ser porque nadie puede dejar de preguntarse por qué diantres dentro de esta ley, que por principio no tiene nada de malo, decidieron los diputados asignarle una ampliación presupuestaria de 550 millones de Quetzales a un ministerio que ni cerca esta de tener relación con esta ley. Y ¡oh  sorpresa!, resulta que los millones van para el ministerio que dirige el precandidato presidencial del partido oficial. Si, aquel  que dicen que “esta fisiquín”.

A lo que voy con todo esto es al hecho de que antes de alegar informémonos y luego de hacerlo critiquemos lo que realmente se debe criticar, en este caso la ampliación del presupuesto para el Ministerio de Comunicaciones y no la defensa de la propiedad intelectual.

 

 

La imágen fue tomada de Google con fines ilustrativos.