¿Simples externalidades?

El presente artículo fue publicado originalmente el sábado 12 de diciembre de 2015 a manera de inauguración de mi espacio de opinión en República.Gt.

Screen Shot 2015-12-14 at 21.47.04Uno de los pilares fundamentales de un sistema republicano es el Organismo Judicial. Un ente que se faculta en las bases legales establecidas por el Legislativo para la protección de los derechos individuales.

El objetivo de la existencia de los tribunales de justicia es castigar a los agresores con el enfoque crucial de que restituyan a sus víctimas. Los jueces están legítimamente acreditados para emitir una sanción contra los criminales ya que son ellos quienes se condenan a si mismos a ese servilismo involuntario desde el momento en que voluntariamente deciden violentar los derechos de un tercero.

Debido a la importante función que le es delegada, este organismo debe caracterizarse por una institucionalidad inquebrantable que se preserva únicamente en la medida en que defiende y hace respetar los derechos a la vida, libertad y propiedad de todos.

Es por ello que considero necesario que evaluemos el actual proceso judicial y cambiemos lo que se deba cambiar, ya que en el transcurso de impartición de justicia se cometen injusticias, legitimadas en la legislación, que se toman como simples externalidades que casi nadie cuestiona.

Una de las principales garantías constitucionales –aquellas que funcionan como salvaguardas de la libertad ante potenciales desmanes de poder por parte de los funcionarios públicos– es la presunción de inocencia. Tal como lo afirma el Artículo 14 de la Constitución, “toda persona es inocente, mientras no se le haya declarado responsable judicialmente, en sentencia debidamente ejecutoriada”. Asimismo, el Artículo 4 del Código Procesal Penal afirma que “nadie podrá ser condenado, penado o sometido a medida de seguridad y corrección, sino en sentencia firme”.

El anterior, es un principio cardinal en una República que nos da a cada uno la certeza de que no seremos sometidos a servilismo involuntario por el simple capricho o deseo de un individuo particular.

Sin embargo, a pesar de la garantía en mención, la misma ley contradice el principio y ha legitimado un sistema en el que se avala el encarcelamiento no solamente antes del fallo condenatorio del juez sino antes del mismo juicio.

En Guatemala, más del 40% de la población de las cárceles se encuentra recluida por la potencialidad de haber cometido un delito, esperando hasta por tres meses para ser recibidos por un juez en una primera audiencia.

Dentro de ese porcentaje hay tanto criminales como inocentes. La reconsideración de este proceso la hago precisamente por aquellos individuos sin culpa alguna que se encuentran en la cárcel ilegítimamente por períodos prolongados de tiempo y son considerados como “una simple externalidad” y “un mal necesario” en el actual proceso de justicia.

El economista austriaco Murray Rothbard escribe, en su libro Hacia una nueva Libertad, que “a menos que el criminal sea capturado in fragantti, es imposible justificar el encarcelamiento antes del juicio”.

Para que un sistema de justicia republicano cumpla con su función, es imperativo que no exista poder discrecional en manos de los policías, jueces y fiscales. Con ese propósito, Rothbard continua y afirma que “si supuestamente a todos nos rige una misma legislación, al exceptuar a las autoridades se les da una licencia legal para cometer permanentes agresiones (…) es por ello que todos deben ser sometidos a la ley universal”.

Someter a los funcionarios públicos a la ley universal significa invertir el actual proceso de tal forma que los fiscales del Ministerio Público deban tener absolutamente todas las pruebas contra el acusado antes de presentar la solicitud ante el juez de mandar a aprehenderlo. De esta forma se disminuye significativamente la posibilidad de capturar a un inocente.

En caso el juez emita una orden de aprehensión contra el acusado, este deberá tener una audiencia en un muy corto período de tiempo y el juicio se llevará a cabo rápidamente, evitando encarcelar a personas sin condena alguna en el período de tiempo que le toma actualmente al Ministerio Público investigar y recabar la evidencia.

Si el sistema funcionara de la manera propuesta y alguno de los acusados fuese privado de su libertad y resultara ser inocente, las autoridades judiciales y los funcionarios públicos encargados de la investigación serían sancionados por haber aprehendido injustamente a un inocente, lo que funcionaría como un incentivo para que los fiscales realizaran investigaciones de calidad y los jueces emitieran las ordenes de captura con cautela, basándose en la correcta evaluación de la evidencia.

Debemos apostar por un sistema judicial con una institucionalidad fuerte e inquebrantable pero digno de una República en el que las “externalidades” no tengan cabida.

En una galaxia muy, muy lejana…

El presente artículo fue publicado el 5 de noviembre de 2015 en diario elPeriódico.

Star-Wars-Propaganda-Poster-RebellionSolo once días faltan para que se estrene el séptimo episodio de la saga de Star Wars. Una serie de películas que ha roto (y seguirá rompiendo) records financieros, que ha unido (y seguirá uniendo) a generaciones desde el estreno de la primera producción hace 38 años y que nos ha dejado (y espero que nos siga dejando) una gran lección en lo que se refiere a la defensa de una sociedad de personas libres.

Star Wars es la historia de una República en la que los caballeros Jedi son los defensores del orden y la paz. Son paladines de la defensa de los derechos individuales que velan por la “no agresión” y hacen uso de la fuerza únicamente en defensa propia y para proteger a los individuos cuando sus derechos están siendo irrespetados.

Sin embargo, en la República, también hay quienes ocupan cargos de poder público que desean utilizarlo para sus mezquinos intereses. Son miembros de la Orden Sith, una agrupación cuyo objetivo es la destrucción de la República para crear el Imperio Intergaláctico: un Estado con poderes ilimitados en donde la propiedad, vida y libertad de los habitantes de la galaxia quedarían a discreción de burócratas y militares.

Orquestada por los Sith, la Federación del Comercio -un ente de burócratas y mercantilistas- impone aranceles y bloquea las rutas de transporte entre planetas. Como el comercio representa la espina dorsal de toda república, debilitarlo es primordial para que los Sith alcancen su objetivo, pues sin intercambio libre o cooperación voluntaria no puede haber generación de riqueza y se imposibilita la prosperidad.

Con la institucionalidad al borde del colapso, los Sith inician el movimiento separatista para establecer el Imperio. Con la supuesta y aparentemente inocente intención de defender la República, el Senado vota a favor de la propuesta del Canciller de la República -un miembro infiltrado de la Orden Sith- de crear un gigantesco ejército armado y de conferirse a si mismo el poder ilimitado sobre este. Así, es como el Imperio establece sus bases sobre el poder discrecional en el que prevalece no la ley sino el capricho del hombre.

Tras una serie de guerras, la República cae y los caballeros Jedi empiezan a ser aniquilados ya que no es conveniente para el Imperio que existan defensores de la paz.

Los caballeros Jedi que aún siguen con vida promueven la creación de la Alianza para Restaurar la República, una alianza rebelde conformada por defensores de la libertad, representates de la moralidad de la desobediencia civil en la que los ciudadanos motivados por su propio interés, arriesgan todo por derrotar al Imperio desde adentro y reinstaurar la República.

Alegóricamente, podemos estar en uno de los dos lados para dar la batalla de las ideas: el de las Fuerzas Armadas Imperiales o el de la Alianza Rebelde.  Yo estoy del lado de la Alianza Rebelde y tu ¿de que lado estás?

 

Votemos por la república

El presente artículo fue publicado el 13 de agosto de 2015 en elPeriódico de Guatemala.

r1ms53Veintitrés días faltan para que los guatemaltecos acudan a las urnas a votar por aquellos que ocuparán los cargos de poder del actual sistema democrático. Un sistema que ha llevado a todos los países que lo han implementado en una línea directa al fracaso.

Es un error suponer que la democracia es solo un sistema para la elección de funcionarios públicos. La democracia es una forma de gobierno despótico cuyo principio rector se basa en los deseos de la mayoría como único estándar para la toma de decisiones. “La democracia es una manifestación totalitaria; no es una forma de libertad” afirma el filósofo Leonard Peikoff.

La democracia promueve la tiranía de la mayoría, la dictadura legitimada en el voto popular. Tal fue la conclusión de pensadores como Aristóteles, Cicerón, Tocqueville y los padres fundadores de los Estados Unidos pues es un sistema en el que el trabajo, la propiedad, la mente, la libertad y la vida del individuo están a merced de cualquier grupo que alcance una mayoría de votos. La democracia pues, es el dominio del hombre sobre el hombre.

Por el contrario, la república es el imperio de la ley y no del hombre, y en ello radica la justificación moral de este sistema político. En una república, el propósito de la ley es proteger los derechos individuales de los ciudadanos y el límite de la ley son los mismos derechos. El fin de la república es el bienestar general de sus ciudadanos y este se logra a través de la aplicación de leyes universales que permiten a cada individuo lograr sus asuntos privados sin ser molestados. Es por ello que se debe al “interés público” (res publica) que este orden se rija por la ley y no por los hombres.

No debemos confundir la democracia con el sufragio universal. Tanto en una democracia como en una república existen procesos de elección. Sin embargo, en una democracia el voto popular justifica la aplicación de cualquier deseo o capricho de la mayoría mientras que en una república se reconoce el principio aristotélico que establece que la mayoría de votos no es la validación epistemológica de una idea. Es decir, en una república la vida, la propiedad y libertad, se encuentran fuera del alcance interventor del Estado y el voto es simplemente un mecanismo para elegir a quienes velarán por el respeto de tales derechos.

Es momento de  tener el valor y la voluntad para cambiar la situación actual. Debemos promover un cambio de sistema en pro de uno en el que las funciones de los ciudadanos en el poder tengan límites claros, establecidos en un marco legal objetivo. Hay solamente una alternativa para terminar con la tradición de ser gobernados por agrupaciones de ladrones y demagogos que viven de la rapiña. Atrevámonos a acabar con la democracia y establezcamos un sistema republicano en el que la prosperidad florecerá.

“Criminales inocentes”

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“¿Cuáles son los pueblos más felices, más morales y más apacibles? Son aquellos en que menos interviene la ley en la actividad privada, donde menos se hace sentir el gobierno”.

Frèdèric Bastiat

 Toda ley auténtica debe basarse en los derechos individuales a la vida, libertad y propiedad; derechos “negativos” que sancionan la libertad de acción de un hombre en el contexto social; y principios que legitiman el derecho de todo individuo a vivir libre de la iniciación de la fuerza física en su contra.

Bajo esta concepción de la ley, el crimen existe solamente donde hay actor y víctima. Si un actor no ha iniciado la fuerza contra la vida o propiedad de otro, no hay fundamento para considerar lo que ha hecho como una violación de la ley.

En ese caso, un “crimen sin víctimas” es una contradicción de términos. Cuando las personas actúan haciéndose daño a sí mismas, sin duda es una inmoralidad, mas no una ilegalidad. Para vivir y prosperar, el individuo necesita la libertad para tomar decisiones y aceptar las consecuencias de ellas. Muchos individuos rara vez se encuentran en posición de saber mejor que el actor si una acción sería beneficiosa o no en el contexto completo de su vida, pues el actor es, después de todo, el que único que tendrá que vivir con las consecuencias de sus acciones. Desde la drogadicción y alcoholismo hasta la prostitución son ejemplos del día a día, de las actividades que se sancionan sin que existan terceros afectados.

Habrá quienes aleguen que las acciones dentro de los derechos de uno mismo tienen efectos sociales. Vivimos en una sociedad compleja basada en la división del trabajo y la cooperación voluntaria, por lo que prácticamente todo lo que hacemos implica a otros de una manera u otra. Siempre y cuando se respeten los derechos, cada persona está conectada en una cadena que reconoce que otros poseen un derecho moral a existir por su propio bien y que son seres humanos independientes al igual que uno mismo.

Los gobiernos paternalistas violan los derechos de las personas al institucionalizar la prohibición de actos sin víctimas. De esta forma, obstaculizan el proceso del pensamiento humano y la elección que permite a los individuos y las civilizaciones prosperar. En otras palabras, colocar la coerción entre la mente de una persona y sus acciones es prohibir el pensamiento racional, lo que a largo plazo representa socavar y destruir la vida humana en sí misma.

La base moral de un sistema político justo son los derechos individuales. Esto significa que uno tiene el legítimo derecho a obrar mal e inmoralmente dentro de la esfera individual. Pero, más importante aun, que uno tiene el derecho de hacer lo que es correcto, en la medida de la propia capacidad, según el juicio de uno mismo, para beneficio propio y para el bien de las personas y todo aquello que uno ama.

 

Why republic?

La siguiente reflexión la escribí con motivo de la eliminatoria para la Olimpiada Nacional de Filosofía. La escribí en inglés por el mismo motivo.

Throughout history, man has gone through periods in which he has experimented with different ways of governing societies. In contemporary times, the two forms of government that have been used are republic and democracy, the latter leading all states that have used it, to failure. Assuming that democracy is only a system for choosing leaders is a mistake. Democracy is a form of despotic rule that believes that the wishes of the majority are the only pattern to measure good and evil, that everything that the majority decides is right.

 

Democracy fosters the debauchery of society’s moral code, the tyranny of the majority, the dictatorships legitimized with the popular vote. That was the conclusion of authors such as Aristotle, Cicero, Tocqueville and the founding fathers of the United States because it is a system in which your work, your property, your mind, your freedom, and your life are at the mercy of any faction or gang that meets the majority vote for the purpose that they want. The Russian author Ayn Rand tells us that

“Democracy is a system of unlimited sovereignty of the majority; the classic example is ancient Athens. Its symbol is the fate of Socrates, who was condemned to death because most did not like what he was saying, even though he had not initiated force against anyone or violated anyone’s rights.”

So we can say that democracy, in essence, is a form of collectivism, which denies individual rights: the majority can do whatever it wants with no restrictions.

 

Paraphrasing John Adams, a republic is the empire of laws and not of men, and that’s the moral justification of this political system. In a republic the purpose of the law is to protect the rights of citizens and the limit of the law are the same rights.  The achievement “common good” or “general welfare” in a republic falls within the preservation of civil order which is accomplished by the compliance of universal standards of right conduct that allow each citizen to achieve their private affairs without being disturbed. Thus, it is in the “public interest” (res publica) that this order is  ruled by law and not men, excluding any bias or private interest, eliminating  any  faction’s struggle to gain any privileges that a republican government can’t grant because the laws support the  public interest and they benefit “all the people”. This is why Jean Jacques Rousseau said that “the legislature (laws) belongs to the people and can’t belong to anyone but to them;” thus, the sovereignty is of all the people and therefore no minority or majority can legislate on the rights of other individuals.

 

 On the other hand, one should not confuse democracy with the right to universal suffrage. Both in a democracy and a republic there exists voting. However the right to vote in a republic is a consequence, not a primary cause of the free social system, and its value depends on the constitutional structure that strictly limits the power of the voters. Aristotle stated unequivocally that a majority vote is not the epistemological validation of an idea. Voting is simply a politically correct mechanism – within a sphere of strict and constitutionally limited action – to choose the practical means of implementing the basic principles of a society. But these principles are not determined by voting. Thus, by voting, individual rights in a republic are outside the scope of the public authorities, and the sphere of political power is severely restricted. More specifically, in a republic, the popular vote will never justify a crime universally desired by a majority. As it is in the case in Venezuela, where Maduro’s government claims legitimacy of violating the rights of Venezuelans because his gang was democratically elected. Do you think that’s right? It’s like the husband who justifies mistreating and beating his wife because she married him willingly. In short terms, a democracy allows a tyranny by a mob.

 

Murray Rothbard rightly established that freedom is incompatible with democracy. Since freedom is necessary for man to live, the right government is the one that protects the freedom of individuals. The one that recognize and protect the rights of its own people to life, liberty, property, and the pursuit of happiness. The one that identifies and punish those who violate the rights of its citizens. But above all, the one who’s power is precisely defined, so that neither the government nor any mass that wants to achieve state power can be able to take out the freedom of its citizens. The one that grants that individual freedom is untouchable. The one in which the life of every man is still his and he is free to live (while reciprocally respecting the freedom of others to do the same). This kind of government isn’t a democracy, it’s a republic limited by a constitution.

 

So, why a republic and not a democracy? Because a republic establishes the legal conditions for the citizens to be virtuous, while a democratic state necessarily leads to vicious behavior and moral perversion of individuals. Because a republic is founded on moral principles of right conduct, while democracy is based on the arbitrary and despotic will of the majority. Because a republic is based on mutual respect between citizens, while democracy  isn’t. Because a republic uses the government as a weapon to protect the rights of citizens, while democracy allows factions to use the government as a weapon to violate the rights of a minority. Because democracy perverts the law instead of protecting the life, liberty, and property of citizens, while using it to attack them. Because a republic is an association of free men who want to live a virtuous life in harmony, while a democracy perverts citizens to become an association of thieves who want to live off the plunder of others, legitimizing looting  by  calling it “social justice”.

 

For all of that.

 

 

La imágen ilustra el envenenamiento de Sócrates. Fue tomada de Wikimedia Commons con fines ilustrativos.